Sobre un lado. Siempre.

Se incorpora para sentarse en el borde del colchón. Gira el hombro izquierdo una y otra vez. ¿Por qué dormiré siempre sobre este lado? se pregunta. Él sigue respirando con fuerza, haciendo mucho ruido al expulsar el aire. Siente el músculo entumecido.
Otra noche más. Una cualquiera. Él lee, ella mira el televisor. Pronto se le cierran los ojos. No hay nada que le apetezca más que dormir. El tiempo se fue agotando arrastrando lo que fue la pasión. Prefiere no pensar si algo más se quedó en algún margen del camino. Apaga la luz, desea felices sueños y reposa la cabeza en la almohada. Sobre el lado izquierdo.
Ahora intenta que corra la sangre moviendo los músculos de ese lado. Si duermo así le doy la espalda y me molesta menos veces. Qué tontería. Lo que está acabado lo está y se ve en todo lo que haces. Nunca lo había pensado de este modo, susurra intentando una sonrisa imposible. Buenos días, escucha. Contesta. Cuando gira la cabeza le ve moviendo el cuello de un lado a otro. ¿Qué haces? le pregunta. Nada, es que me molesta el hombro derecho. Él contesta bostezando. Ausente.

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