Soledad

Postrado ante sí mismo, el hombre trata de reservar fuerzas. La respiración agitada hace que su imagen se extienda desde los contornos formando dibujos multicolores. Las yemas de los dedos apretadas contra el firme. Los ojos que se cierran con la cadencia de toda una vida. Apenas puede pensar.
Pero el destino es el que corresponde a su calaña y tira de él. No hay discusión posible sea lo que sea que espera un poco más allá.
De pronto, el cetro al que se debe tiene otro nombre, otro color. Y le golpea.
Ya tendrá un descanso mejor.


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