Sueños comunes

Pasa entre las mesas. Según avanza, los hombres dejan de mirar sus periódicos, apagan los cigarrillos nerviosos. Sus parejas se quejan o, simplemente, tuercen el gesto de la boca como si quisieran decir que no tienen remedio o que siempre están pensando en la misma cosa.
Pasa entre las mesas. El ruido de los tacones confundido con un metrónomo. Las miradas van de ella al suelo, del suelo a ella.
Se sienta en la mesa del fondo y alza la mano para llamar la atención del único hombre que parece tener algo que hacer además de mirarla con cara de bobo desnudándola por completo. Es un hombre mayor. Llega arrastrando los pies. Escucha y anota lo que quiere tomar. El hombre de la mesa de enfrente pregunta si puede pagar él la cuenta. Pruebe con la de su mamá, querido.
Abre el bolso. Cuaderno (papel blanco rayado), bolígrafo de plástico (propaganda de una compañía dedicada a la venta de telas), el paquete de tabaco (rubio). Siente ganas de llorar. La vida deseada era otra, anota. Y repite la misma frase hasta llenar la página entera. La vida deseada era otra. Y piensa en ese hombre desconocido que tanto desea, que no tiene cara, ni timbre de voz, ni labios para besar. Existe, pero no está. Están los demás; su marido en casa bebiendo cerveza, esperando a que llegue para arrastrarla a la cama; están los demás. Sólo los demás. Pide otro café. Y comienza a pensar si el hombre en el que piensa es el mismo que desean el resto de mujeres del mundo, un sueño imposible que remueve toda su amargura y nunca se podrá cumplir. No, no es el mismo, murmura. El mío me querrá a mí. A nadie más. El hombre de la mesa de enfrente (ya no es el mismo) levanta la cabeza y pregunta. ¿Me está diciendo algo, señorita? Quizás, amigo, nunca se sabe, contesta.
Se levanta. Camina entre las mesas. Las mismas miradas y los mismos gestos. Definitivamente, no está allí.


2 Respuestas en “Sueños comunes”

  • Edda ha escrito:

    Nunca dejaremos de ser niños. Siempre deseamos lo que no tenemos. Los seres humanos no estamos predestinados a encontrarnos. Por eso casi nunca acertamos.

  • Poma ha escrito:

    No recuedo ahora que mujer fué la que dijo : “Núnca encontraté al amor de mi vida, porque nadie puede amar de la forma en que yo deseo ser amada.”

    Pues eso ¡¡