Sueños

Tal vez seamos capaces de guardar en un solo sueño todos nuestros deseos, nuestras penas o el número exacto de secretos que guardamos desde antes de nacer. Al fin y al cabo, un sueño es esa historia contada por alguien que, ni siquiera, es consciente de ser, de estar vivo; esa historia que se cuenta alguien a sí mismo creyendo que con él no va la cosa. Un sueño es el estado que más se acerca al yo en su pureza. Lo más lejano al yo que mostramos a los demás.
En ellos se depositan los deseos por cumplir, el pasado que no podemos borrar, fantasías inconfesables, traiciones, violencia reprimida. Las joyas en nuestro sótano. También las ratas rabiosas correteando por allí. En ellos puede pasar cualquier cosa. Reconforta saberlo. Tanto como el miedo que genera.
Tal vez cuando sueñan contigo te hacen real. Quizás es un estado colectivo en el que compartimos nuestras cosas sin saberlo. Es posible que sea la forma de pasar a limpio nuestra existencia. Sean lo que sean, representan un mundo microscópico en el que nos refugiamos para hacer cuentas y saber, sin saber, que el saldo es positivo o negativo.
Una conversación soñada en la que decimos o escuchamos lo improbable, un beso robado o la vida entera amando a un desconocido. La cara oculta de la existencia, el pedestal en el que nos convertimos en nuestro recuerdo, urnas para amores imposibles o un taller de reparación para los vividos. En cualquier caso, el escenario en el que se unen las ratas y joyas, en el que somos lo que, inevitablemente, amamos o detestamos.


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