Súper

– A lo mejor se cree usted que alguien es capaz de subir un puerto como este comiendo un plato de macarrones y bebiendo un vaso de leche.
Eso es lo que dijo en su momento un ciclista muy famoso. Y tenía razón. Nadie puede hacer un esfuerzo como el que hacen estos hombres si no se meten esteroides, la sangre de otros, sustancias de todos los colores que sirven para soportar lo inimaginable o un café solo de los que se pueden untar en el desayuno. Sencillamente, sin esas sustancias, no podrían recorrer esa cantidad de metros en tan poco tiempo.
El problema no son ni las drogas ni las transfusiones. Que no, que no. El problema es el grado de exigencia al que se ven sometidos los deportistas. No queremos comprender que la velocidad del ser humano al correr tiene un límite. Y sobre una bicicleta lo mismo. ¿No podrían ser las etapas de las vueltas ciclistas más cortas? En vez de subir siete puertos en los que la junta de culata de un coche apañadito revienta ¿no podrían subir uno? Queremos espectáculo, batir marcas cada día, tener como referencia a superhombres y mujeres. Y lo que tenemos es un espejismo. Hay que elegir: o un plato de macarrones y ver a cien tíos que no pueden con su alma cuando llevan subidos en la bicicleta cien kilómetros, o tipos haciendo cosas imposibles (hasta las cejas de sustancias prohibidas que les harán reventar cualquier día de estos).
Escucho a mi alrededor que se están cargando el deporte con tanta mierda. Y no creo que sea muy diferente una etapa ciclista a una noche de juerga de cualquier jovencito. Unos suben puertos de montaña y otros aguantan tres días sin dormir. Lo único que les separa es que unos cobran por ponerse ciegos de pastillas de colores y otros pagan un dineral por lo mismo. Eso sí, todos súper, súper, súper.


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