nov 22 2011

Amor verdadero

Los niños sí que saben lo que es querer sin aristas. Laura es la niña que se sienta con Guzmán R. en clase. Tienen siete años.



jul 14 2011

Adioses

Apoyó el hombro sobre el tronco del plátano de sombra a la vez que cruzaba la parte baja de las piernas. El pie derecho reposando sobre la puntera, las manos en los bolsillos y el cuello de la gabardina subido. Sabía que tendría que esperar unos minutos. Ella era de las que pensaban que un retraso hace mucho más femenina a una mujer. Las primeras gotas empezaban a caer aunque debajo del árbol el suelo se mantenía seco.
Dos años. Ni un solo beso. Ni una caricia. Sólo su cuerpo contoneándose frente a él, con música de fondo que marcaba el ritmo de una masturbación eterna, que hacía que se estirara gimiendo y pidiendo a gritos que alguien le penetrara con rabia. Dos años. Ni un solo beso. Ni una caricia. Sintió la erección y con la mano derecha se acarició el pene.
Llegó a la hora en punto más treinta minutos. Jersey de cuello vuelto, falda por debajo de las rodillas, botas de piel marrón, el bolso haciendo juego. Perfecta. Caminaron hasta el hotel.
Antes de abrir la puerta de la habitación cuatrocientos cuatro. Bésame. Ella mira con extrañeza al hombre que mantiene el cuello de su gabardina subido. No, el trato es que nada de tocarnos. Si entramos en esta habitación lo haré, intentaré cualquier cosa. Pues, entonces, no entremos. No dejaría que me pusieras una mano encima nunca jamás. Eso sería jugar a ser marido y mujer. Es lo que somos, dijo él abriendo la puerta y haciendo un gesto con la cabeza para que entrara. He dicho que no. Si quieres follar lo puedes hacer esta noche en casa. Aquí me sentiría como una puta.
Caminaron hasta el lugar en el que se habían encontrado. Ella parecía irritada. Él paró debajo del plátano de sombra y vio como se alejaba la mujer de su vida. Eso pensó.


ene 17 2011

Esperanza

Lo verdaderamente grandioso del ser humano es la forma que tuvo de asumir en su momento (hoy sigue siendo lo mismo) que la muerte no era otra cosa que un tránsito. A una vida mejor, a un plano distinto. Me gusta pensar (ya lo hicieron los clásicos, pero me agrada dar vueltas a la idea para matizarla aunque sea mínimamente), me gusta imaginar que el momento de la muerte es ese instante en que dejamos de ser algo (un hombre, una araña, una vid) para iniciar un viaje. Ese instante en el que somos realmente libres. Me encanta pensar que el esfuerzo de vivir tiene como recompensa poder comenzar de nuevo habiendo saboreado la sensación de libertad plena. Me gusta intuir una esperanza que sirve para todos.


feb 27 2010

Cumpleaños

El próximo domingo este blog cumplirá un año desde que es La Vida del Revés. Y yo cuarenta y seis. Él vive gracias a mí y yo, en buena parte, gracias a él. Termina el primer año con el contador de hits cerca de los cuarenta y siete mil registros (cosa que no está nada mal para una página de este tipo). Acabo este año con cinco o seis canas en el poco pelo que va quedando (nunca tuve canas, pelo creo que sí), menos fuerza para levantar niños y llevarlos de aquí para allá, la vista algo más cansada y la cabeza amueblada más a mi gusto.
Me gustaría poder decir que este ha sido el mejor año de mi vida. Pero no lo ha sido. Así que me conformo con haber dicho lo que recogen los seiscientos veintiséis textos publicados desde el año dos mil cinco.
Y como estoy de enhorabuena (me siento muy satisfecho del trabajo que he logrado hacer), aquí dejo algunos de mis preferidos. Por supuesto, con buena música para acompañar. Yo me los voy a leer. Si alguien quiere acompañarme…

© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


Dexter Gordon – For All We Know

http://www.listengo.com/playernuevo.swf

Aerosmith – I Don´t Want To Miss a Thing

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Charlie Haden & Michael Brecker – Travels

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Jacques Loussier – Minuet in G major

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Oscar Peterson and Nelson Riddle – Round Midnight

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Gwyneth Herbert – The Very Thought of You

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sep 26 2009

Pensando mientras escucho música

1. La literatura me ha quitado mucho. Sobre todo la inocencia con la que llegué a la primera línea escrita. Aún pensaba yo que sería posible convertir la vida en algo grande. Y, en realidad, la primera palabra te reduce. El mundo se convierte en yo aunque nombres mil y una vez a otros. Una frase y estás convertido en tu propia jaula.

2. Cada ser humano, cada cosa, cada sentimiento, se convierte en una posibilidad de crear. Lo feo, el horror o el odio forman parte de ello. Entender algo tan sencillo pasa por destrozar a ese personaje al que admiras porque te permite mirar el papel sabiendo que era eso, y no otra cosa, lo que querías decir. Acabas con él creyendo que lo harás, a la vez, con tus fantasmas. Pero aparecen en otra primera línea. Que lo bello está en el mundo ya lo sabía. Dejó de interesarme después de escucharlo un millón de veces. Eso no aliviaba.

3. Te descubres incapaz de controlar tu vida cuando manejas sentimientos, emociones y el destino de tus personajes. Quizás eso era lo que quisiste para ti en algún momento y rescatas para seguir creyendo. Piensas en ello y ya no puedes controlar casi nada. Ni siquiera a tus personajes que aparecen en el relato pidiendo otra cosa. Y otorgas.

4. Cuando no sabes qué decir reflexionas. No gusta intuir que lo que ocurre es que no quieres contar. La fatiga a cuestas agota. Llega lo que llamas sequía como si quisieras ejercer un control irreal a través de la palabra equivocada.

5. Continuas. Es lo que toca porque así lo quisiste. El punto de no retorno era el mismo, exactamente el mismo, que ese primer instante. Todo eres tú. Por siempre jamás.