may 6 2010

Ilusionarse

Miras el objeto, a él, a ella; buscas detalles necesarios, urgentes; eliminas las aristas con una mirada que rastrilla para no ver esos minúsculos picos; todo el contorno aparece con la perfección de lo recién nacido.
Miras el objeto, a él, a ella, para construir una ilusión. Inventas una historia larga, toda una vida que se pega al objeto, a él, a ella. Fabulas.
Ilusionarse es inventar. Pero no inventar cualquier cosa, no, inventar el mundo que se soporta en un eje nuevo, en el que te transformas. Por arte de magia, de tu propia magia. Eres el eje que lo hace girar todo. Un todo teñido de un objeto, de él, de ella.
Pero un día eres tú el que da vueltas alrededor. La ilusión ha desaparecido del otro lado. Las aristas apuntan asesinas en todas las direcciones posibles, la mirada busca sin poder atrapar lo deseado, donde había picos minúsculos hay lanzas envenenadas. Porque sólo con la ilusión de dos es posible continuar. Dos ejes que hacen girar la misma ilusión compartida, miradas engañadas por el vértigo que producen las vueltas sobre otras vueltas. Un giro constante alimentado por la fabulación de ambos o la persistencia en el tiempo de las cosas. Uno deja de fabular, de existir, de ser único, y los círculos, hasta ese momento perfectos trazando las intersecciones exactas se convierten en elipsis, espirales o, si la fantasía cesa, en líneas rectas.
Ilusionarse es inventar, inventarse un objeto, a él, a ella. El mundo.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano