feb 1 2012

Dirección equivocada

Sé que la dirección era otra. Y, sin embargo, continúo. Antes caminaba apretando los dientes, creyendo que no había nada en este mundo que pudiera conmigo. Es por allí, no me puedo equivocar, me decía cada mañana. No contaba con algo tan simple como que, habiendo perdido un par de pilares fundamentales, la estructura se acaba derrumbando. Cuando alguien termina arrastrando ruinas en lugar de recuerdos su futuro se encuentra en una escombrera. Es así de sencillo. Y por más esfuerzos que haga, por más vueltas inverosímiles que dé por el camino, el destino es uno solo.
Sé que la dirección era otra. Lo sé. Pero pensé que camino del infierno encontraría lugares en los que alguien podría tener una palabra de consuelo, un gesto amable. Pronto descubrí que el trayecto tendría que hacerlo a solas, que nadie quiere al lado algo que huela a sufrimiento. Y menos a puro azufre. Las gentes están en otros caminos más cómodos. Este se encuentra vacío desde el principio.
Así que esto era la soledad. Nadie se acuerda de lo que fuiste. Tan sólo lo hace para justificar que ya no está a tu lado. Una paradoja repugnante.
Sé que la dirección era otra. Ahora lo sé. Tarde.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano