jul 5 2011

Malos recuerdos

Arrasas la retina. Una y otra vez.
Insistes en ser la misma cosa. Aunque sabes que el fantasma se apoderó de ti. Cuando todo cambio.
Y sigues un camino lleno de espirales que te hacen llegar al centro de tu universo. Terco en su considerada desazón.
Dejaste de ser tú durante un instante encontrando los despojos de un yo escondido. En el manantial de un cetro perdido. Del mío.


jun 10 2010

Falta de reflejos

Acaricia una hoja de la planta sin saber qué decir. Ella se lamenta sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared. Ninguno de los dos puede explicarse qué ha sucedido.
– Esta planta está muy bonita. Con lo fea que estaba hace un par de meses, dice él acercando la cara para ver algún detalle que le ha llamado la atención.
– No me jodas con esos rollos, joder. Estoy asqueada y tú me cuentas que las plantas son maravillosas.
– Teniendo un mínimo de cuidado salen todas adelante. No he hecho nada especial. Un poco de agua cada dos días y limpiar las hojas cada semana. Poca cosa. Y mira cómo está de bonita.
– Pareces gilipollas. De verdad.
Él mira a través de la ventana. Serio. Mientras dice que sí, que parece gilipollas, arranca la planta, la rompe en dos y la tira al suelo. Ella se incorpora levemente. Guarda silencio. Parece haber comprendido algo.


may 26 2010

Amarren las pateras en lugar seguro

El 24 de octubre de mil novecientos veintinueve la bolsa de Nueva York se desplomó. Pero se desplomó de verdad. El desastre fue descomunal. Y los que se arruinaron se dedicaron, entre otras cosas, a tirarse por la ventana, pegarse tiros en la boca o pegar tiros en la cabeza a la familia y, luego, uno en la boca (en la propia). No me consta que nadie tirara a su mujer y a sus hijos desde un ático antes de tirarse él.

Estos suicidas, supongo, tendrían razones serías para pensar que era mejor morir que cualquier otra cosa. Estaban arruinados y sus vidas dependían de sus fortunas. Un desastre.

Hoy, si la bolsa se desploma, si el sistema financiero mundial se descoyunta, si se descubre un agujero sin solución en la economía de un país o si el mundo revienta, no se suicida nadie. No hay razón para ello. Aquí no se arruina nadie. Arruinan a los demás. Los que se deben lanzar por las ventanas son los que tenían una nómina (que ya no tienen porque un listo se ha llevado a no sé dónde la pasta en sacos o bolsas de basura), los que invirtieron en sellos que tenían el valor de un Mortadelo o un cupón hogar, los que confiaron en un tipo trajeado que decía tener la solución a sus problemas y se gastó la tela en calzoncillos de marca.

Pero antes de lanzarse por la ventana deberían lanzarse a la calle. Echando espuma por la boca, con ganas de liar la de San Quintín. Y tampoco. Ni los chorizos encorbatados se tiran por la ventana, ni los pobres arruinados del todo se pegan tiros en la boca, ni los universitarios saben de qué va esto, ni nada de nada. Esto es una mierda de mundo, una sociedad enferma, un mundo destrozado en el que no cabe tener una puta idea en la cabeza porque te destrozan el cráneo en cuanto lo asomas y alguien se siente tal y como es (un gilipollas con cierto poder).

Y todo porque el que roba lo quiere seguir haciendo cueste lo que cueste, porque el que tiene un reproductor de películas con sonido superplus se conforma con tener eso o cualquier otra cosa (y el subsidio por desempleo), porque parece que tener un título te hace mejor aunque no sepas hacer la o con canuto. Nos consentimos unos a otros para seguir igual. Y los que quedan abajo son machacados sin piedad.

Pues tengo malas noticias. Un día de estos nos estarán pisoteando a nosotros. Esto va a más. Así que, si ven alguna patera en la playa, no la destruyan. Nos hará falta tarde o temprano.

Qué asco, de verdad.

© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano