Acabo de descubrir que no es necesario leer la prensa para saber algunas cosas.
Por ejemplo, cuál es el precio más elevado entre los frutos secos. Es fácil. Comprando una bolsa en la que el fabricante envasó almendras, habas secas, garbanzos secos, avellanas, cacahuetes y pistachos, podemos calcular con un margen de error muy pequeño las diferencias entre los valores de compra. Se abre la bolsa y se introduce la mano con delicadeza para no destrozarla y evitar que el suelo se ponga perdido de pequeños trozos de producto que te endilgan como si tal cosa. Al azar se coge un puñadito. Se deja sobre un plato y se procede a la clasificación por formas para su posterior recuento. Una almendra, un pistacho, una avellana (todo esto con algo de fortuna), tres cacahuetes, quince garbanzos y una cantidad enorme de habas hechas añicos. Para verificar el resultado se puede repetir la prueba. Otro puñadito. Una avellana, dos cacahuetes, seis millones de garbanzos y gran cantidad de polvo con aspecto de haba machacada. Como ven es algo muy sencillo.
Si quisiéramos saber qué clase de producto ha sido menos vendido durante la última quincena lo tendríamos chupado. Haciendo la compra con normalidad, paseando entre los lineales, agarrando cualquier cosa que tenga encima un cartelito anunciando el chollo de la semana, podremos llevar a casa (sin saber porqué) una serie de productos para consumir sin ton ni son. Un ejemplo. Nos damos de bruces contra una pila improbable en cualquier otro lugar del mundo de, digamos, postres lácteos. Enloquecemos momentáneamente y llenamos un carro de natillas, flanes y copas de chocolate. Al llegar a casa comprobamos con cierta consternación que caducan a los veinte minutos y nos comemos lo que podemos ese mismo día. Arriesgamos durante un par de días más (oliendo antes de comer, por si las moscas) con el resto de envases ya caducados. Efectivamente, al comprar ahorramos cerca de dos euros. Y, efectivamente, al tirar los productos que ya tienen un color/olor sospechosos, encarecemos la compra mensual en quince euros con cuarenta céntimos. Menudo chollo. Pues bien. Esas son las referencias que menos tirón tuvieron durante el mes en curso.
Es muy fácil saber qué sucede en el mercado, cómo fluctúa. Y leer la prensa un aburrimiento cuando podemos experimentar de esta forma tan divertida.
Una cosa más. Si quiere saber cómo va el mercado bursátil no lea cientos de páginas para estar al día. Fíjese en el pesado que le ha recomendado comprar acciones de no sé qué empresa. Si deja de hacerlo, si no quiere hablar de sus negocios, es que la bolsa se desmorona. Una bendición eso de las caídas en picado de las acciones. Se ahorra uno un montón de minutos de tostón.
Creo que hoy es el Día del Trabajo. Creo que se celebra en todo el mundo algo así como que el ser humano tiene derecho a trabajar en condiciones dignas, que tiene derecho a recibir una cantidad justa por lo que hace, que, simplemente, tiene derecho a vivir. Y lo celebramos quedándonos en casita, de fiesta. Como si todo el mundo tuviera trabajo, viviera dignamente o no hubiera niños fabricando prendas deportivas por las que somos capaces de pagar un dineral habiendo cobrado ellos cada día lo que dejamos de propina en el bar después de tomar un café. Muy pocos son los que salen a la calle con una pancarta creyendo lo que gritan (por fortuna aún quedan algunos) y menos los que lo hacen (manifestarse con pancarta y todo) sin pensar en seguir liberados de su trabajo en la empresa gracias a su labor sindical. Me gusta poco la gentuza que tras la mesa de un despacho se dedica a explotar a otros aunque me gusta menos la gentuza que con una banderita en la mano dice defender no sé que derechos y que, en realidad, dedica el tiempo a sí mismo, a no trabajar para poder manifestarse el primero de mayo de cada año. Tal y como están las cosas preferiría estar en casa celebrando el día de la marmota o algo así.
El trabajo dignifica al hombre. Eso dicen. Y estoy bastante de acuerdo. Pero ¿qué es el trabajo? ¿Levantarse cada mañana pensando en tener mucho más dinero para comprar otro pisito en el centro y alquilarlo a un pobrecito que se levanta cada mañana pensando en tener mucho más dinero y poder comprar un pisito en la periferia? ¿Vestir a nuestros hijos con ropita llena de etiquetas que les señale como privilegiados? ¿Producir para que los políticos hablen del producto interior bruto (algo que sólo saben ellos qué significa)y ganen las siguientes elecciones cuando una barra de pan cuesta veinte veces más que hace seis o siete años? Entonces ¿trabajar es poder gastar mucho más? Somos tan esclavos como los niños asiáticos que se dejan la vista y buena parte de su vida cosiendo balones de fútbol. La diferencia es que aquí, en Occidente, hemos aprendido que tener mucho más es nuestra salvación y allí, donde se mueren del asco, han aprendido que tener algo por poco que sea es la suya, su salvación. Menuda mierda esto del Día del Trabajo.
Y digo todo esto con un recibo de mi hipoteca sobre el escritorio, un coche cojonudo en la puerta de casa, a mis hijos muy limpitos agarrando el mando de una consola que cuesta lo mismo que una pequeña casa en el sur de India y la cazuela echando humo que huele a progreso y bienestar. Hoy es el Día de la falta de vergüenza. Menuda mierda de fiesta.
El mundo se desmorona, las empresas están llenas de tontos de baba que presumen de hacer algo por impedir un desastre cuando lo que hacen es pensar en su cuenta bancaria, en que les doren la píldora, en lo mucho que se aburren en su casa con su mujer. Mejor trabajar, que eso dignifica al ser humano. Si pensamos que los que llegan en pateras es mejor que mueran por el camino, si no queremos ver un sujeto con la piel más oscura que la nuestra a menos de diez o doce mil metros, si negamos parte de lo nuestro a otros, eso da igual. Lo que hay que hacer es trabajar para dignificarnos como personas. O no trabajar para que el primero de mayo nos podamos manifestar mientras tomamos una cerveza con nuestros camaradas. Menuda mierda. El trabajo nos hace importantes y algo más libres. Pero nunca si lo convertimos en una basura.
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