ene 25 2011

Las Trece Rosas

Trece mujeres jóvenes son apresadas, juzgadas y ejecutadas. Trece mujeres que piensan de forma distinta a sus carceleros, a sus jueces y a sus verdugos. Ese es su crimen. Y esa es la historia que cuenta Jesús Ferrero en su novela Las Trece Rosas.

Buena novela que persigue la literatura desde su primera página ayudándose de la estructura clásica de la tragedia. Esto mismo (que es maravilloso) se convierte en un pequeño problema a lo largo de la obra. Las voces que escuchamos en los diálogos y que pertenecen a esas trece mujeres se deslizan peligrosamente hacia lugares poco creíbles. Dicho de otro modo, no parece que el discurso acompañe al personaje. Es verdad que Ferrero intenta dibujar personajes con cierto perfil que incluye un nivel cultural determinado, pero es insuficiente. Demasiado exquisito el lenguaje, demasiado armonioso el discurso. Es el precio que se paga, a veces, en literatura cuando el afán por conseguir un efecto sobresale sobre el resto y a su costa. En cualquier caso, es un detalle que no desmerece la novela. Ferrero, autor con altibajos en su producción, parece haber tomado el pulso a su literatura definitivamente.

Calificación: Buena.

Tipo de Lector:  Buscadores de literatura. No apto para lectores de novelas que tratan de convertirse en tesis políticas con cualquier excusa.

Tipo de lectura: Muy agradable.

Engancha muy pronto.

No sobra ni una sola página.

Argumento: Bien trazado. El hecho histórico desaparece para ver la historia desde un lugar poco común.

Personajes: Algo exagerados al hablar. Se hubiera agradecido mayor profundidad en alguno de ellos. Pero bien.

¿Dónde puede leerse?: En cualquier lugar, pero con calma alrededor.


bebel gilbertocade voce


dic 5 2009

Tres años

Gimena cumple tres años. Felicitaciones y alboroto. Aquí todo el mundo quiere jugar con sus nuevos bebés. También con los enanitos de la ausente Blancanieves. Ausente porque para eso está ella. Ya se encarga de los enanos, de las piedras preciosas y de lo que haga falta.
Los niños celebran la suma sin saber que, ese mismo día, los padres cumplen un año más sin que les corresponda. Llega inevitable esa idea sobre el tiempo que se acaba más rápido de lo que debería.
Tengo la sensación de haberme sentado hace un momento para anunciar su llegada. Y, sin embargo, han pasado tres años, han pasado miles de cosas intrascendentes, un buen puñado de las que dejan huella, se me ha caído la mitad del pelo, ya no me gusta mirarme en el espejo ni creo en algunas cosas que fueron intocables.
Tres años apenas son nada para la joven Gimena. Por eso es feliz. Lo que espero es que nunca sean gran cosa. Ni tres ni ochenta para que pueda seguir siéndolo.
Felicidades, jovencita.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano