abr 19 2014

La tarde del revés

– Se acabó. Repartimos las cosas y cada uno por su lado, dice ella mientras llena su taza de café por tercera vez.
– Pero si vivimos en un piso alquilado y amueblado, no tenemos hijos, no hemos ahorrado ni un euro. ¿Qué quieres repartir si no tenemos nada?, dice moviendo la cabeza negando.
– El tiempo que hemos pasado juntos. Tú te quedas con los malos momentos y yo con los buenos.
– Eso no puede hacerse, deja ya de decir tonterías.
– Claro que se puede. Tú ya lo has hecho sin darte cuenta. Queda que yo recoja mi parte y me vaya, contesta mientras una lágrima escapa delatora de su ojo derecho.


dic 8 2010

Obsesión


Podrías estar a un millón de kilómetros. Eso daría igual. Podría extender el brazo con el puño cerrado, dejarlo a la altura de tu rostro, extender el dedo y acusarte. Sólo tú eres la culpable de que, cada mañana, pueda colocarte el mechón del flequillo mientras duermes aunque nunca estás allí. Sólo tú has sido capaz de hacerme pensar que el mundo merece la pena mientras te postras ante un trono extraño. Eres culpable. De conseguir que un gesto acorte la distancia, que pueda llegar a imaginar mi felicidad.

Diez años después…

Podrías estar a un millón de kilómetros. Eso daría igual. Podría extender el brazo con el puño cerrado, dejarlo a la altura de tu rostro, extender el dedo y acusarte. Sólo tú eres la culpable de que, cada mañana, pueda colocarte el mechón del flequillo mientras duermes aunque nunca estás allí. Sólo tú has sido capaz de hacerme pensar que el mundo merece la pena mientras te postras ante un trono extraño. Eres culpable. De conseguir que un gesto acorte la distancia, que pueda llegar a imaginar mi felicidad.


sep 5 2010

Sobre la función del lector de este blog

Eso que estás siempre a punto de contestar, pero que, aún no sabes bien por qué dejas para la próxima ocasión; eso, es lo que tú quisieras escuchar después de decir algo parecido a lo que lees.
¿Has pensado que lees por eso, porque buscas lo que tantas veces se te pasó por la cabeza y a lo que no diste una forma definitiva?
Lo encuentras. Miras con atención. Lo encajas allá donde toca. Y dibujas a ese al que le hubieras dicho esto mismo. Esperando una respuesta. La misma que darías tú, ahora, pero que retrasas porque no sabes si alguien leerá algo que sientes como importante. Prefieres guardarlo dejando que te pertenezca por siempre jamás. Exponer tanto produce cierto vértigo.
Y es curioso que, resumiendo mucho unas cosas y otras, eso que hubieras dicho, eso que no contestas, el dibujo del otro, este texto, todo; finalmente, todo se reduce a una pregunta. En la vida todo se limita por la misma razón. ¿Me quieres? Y a un par de respuestas. Si. No. La mitad de posibilidades. La razón del silencio. El miedo a una mitad.
A eso vienes. Y eso haces porque es lo único que puedes hacer.



may 9 2010

Adivinadoras (1)

– Buenas noches. ¿En qué te puede ayudar Amaranta?
– Hola, Amaranta. Estaba deseando hablar contigo. Qué ilusión me hace. De verdad.
– ¿Cómo quieres que te llame, querida amiga?
– Piscis. Piscis de Murcia.
– Muy bien, Piscis de Murcia. ¿En que puede ayudarte Amaranta?
– ¿Me puedes mirar el trabajo? Andamos con un problemilla en casa y quería saber si se arreglará.
– Dime un número cualquiera, Piscis de Huelva.
– De Murcia, Amaranta, de Murcia. ¿Un número? Seis millones cuatrocientos treinta mil.
– Muy bien, querida amiga. Oh, qué terrible. Veo una gran tragedia económica en tu casa. Sin solución. Pero vamos, horrible del todo.
– Bueno, pues mírame el amor. Mi marido hace cosas extrañas y quería saber si todo es cosa de mi imaginación. Con el mismo número.
– Por el amor de Dios, querida Piscis de Almería, tú marido te la da cada dos por tres. Qué horror.
– Soy de Murcia, Amaranta. Piscis de Murcia. Puedo pedir una cosa más ¿verdad? Tu madre, puedes mirar qué tal le va a ir a tu puta madre, Amaranta de los cojones.

© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano