nov 8 2010

¿Hasta cuándo?

Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones. Artículo 16.3 de la Constitución Española de 1978.
Parece que esto no lo tiene del todo claro Su Santidad Benedicto XVI. O no se lo han contado o se hace el nuevo. Pero eso no es lo peor. Parece ser que dedica parte de su discurso a comparar la situación actual en España con la que se vivió durante la Segunda República. Desconozco los términos exactos en los que se ha referido al asunto. Los diferentes medios de comunicación, como ya viene siendo habitual, enfocan el tema desde prismas muy distintos, callan alguna parte de lo dicho y, por ello, es mejor ser prudente con esa información, se tiña del color que se tiña. Pero todos coinciden en esa comparación entre los dos momentos históricos, en la referencia clara a un laicismo (al menos hostil con respecto a la iglesia católica) que parece preocupar al Santo Padre.
Decir semejante cosa resulta inapropiado y peligroso. Eso, por lo menos. ¿Cuándo van a dejar de hablar los clérigos de política? Que disfracen el discurso con encuentros entre fe y razón o que lo arropen con lo que dice el evangelio, no alivia una carga que tiene más que ver con el poder en la sociedad y el hueco que quiere ocupar la jerarquía eclesial entre los poderes públicos. Francamente, si uno lee con atención lo que va diciendo Benedicto XVI, lo que van diciendo los obispos, arzobispos y cardenales españoles cada día, la conclusión es terrible. Tal vez se aprendieron durante cuarenta años que lo mejor era pasear bajo palio al jefe de la banda y lo que buscan es eso. Como lo mejor que tienen a mano es a un señor que pide al santo honestidad en los políticos (ya hay que ser cínico y caradura para hacer algo así estando el patio como está en España) pues a él se arriman. Los sacerdotes deberían saber que desde e púlpito se deben hacer públicas las Sagradas Escrituras. Sólo (con acento porque me da la gana). Ya está bien de buscar el pasado tan cómodo que tuvieron unos a cambio del sufrimiento de otros. Totalmente inapropiado en un sacerdote estar metido en estos jardines y no en los que debería vivir para hacer del mundo un sitio mejor. Hablando de convivencia, ¿se habrán planteado desde la Iglesia la relación tan escasa, tan poco fluida, que tienen los gobiernos con otras religiones? ¿Piden algo para estas? Son otro negocio. Claro.
Cuando alguien compara la situación actual de un país que ha sufrido una guerra civil y cuarenta años posteriores de dictadura asesina (con la que la Iglesia tuvo maravillosas relaciones), es inevitable que el que escucha imagine a grupos violentos quemando iglesias (los hubo para vergüenza de todo español), que imagine un clero ausente y alejado de las realidades (también pasó y sigue pasando para vergüenza de cualquier cristiano. ¿No lo había dicho? Pues lo soy. Además, convencido hasta la médula). Es inevitable pensar en un conflicto que seguimos teniendo presente en España. Entre otras cosas, gracias a este tipo de declaraciones. Unos se pasan horas criticando la llamada memoria histórica y acusando a los familiares de los muertos porque los quieren enterrar como es debido. Pero aplauden si el Santo Padre se viene a dar una vueltecita por España para decirnos lo que tenemos que hacer (olvidando que aquí tenemos nuestro Gobierno elegido democráticamente, mejor o peor, pero el que salió de las urnas y que cambiaremos cuando nos salga del voto), a dar un garbeo para recordarnos que nos dimos de leches hace unos añitos y que si no somos buenos y nos plegamos a lo que él defiende cabe la posibilidad de que aquello se repita). Ya sé que no ha dicho eso, pero debería saber que debajo de lo que sí dejó caer está lo que está. Por cierto, que nadie se crea que estas cosas son casualidades. Un tipo con la inteligencia y preparación de este hombre no mete la pata porque sí.
Su Santidad ha dicho cosas durante su visita a España francamente interesantes. Profundas, con una carga teológica indudable y magnífica. El mensaje cristiano es de peso y muy a tener en cuenta para cualquiera, sea creyente o no. Sin embargo, nadie habla de eso. Una pena. Lo único que ha conseguido entre una gran parte de la población (lo que hay en España es lo que hay se pongan como se pongan. Y nadie quema iglesias) es despertar fantasmas. Otra vez. ¿Cuánto más tendremos que aguantar esto? En fin, una pena. Aunque nada nuevo. Todo aquel que cree ver en peligro su chiringuito trata de salvarlo sea como sea.


sep 20 2006

Aquí y allí

Benedicto XVI ha metido la pata. Eso no puede discutirse. Tal y como están las cosas debería cuidar mucho más lo que dice cuando se trata de hacer referencia a otra religión que no sea la suya. Es decir, hay que ser prudente y valorar lo que puede llegar a un receptor u otro.
Creo que no se ha comprendido bien lo que dijo, porqué lo dijo y nadie valora el lugar dónde lo dijo. La cosa vista desde fuera puede parecer algo bien distinto a lo que es. Y ese, precisamente ese, es el problema. El Papa tiene que sopesar el efecto que sus palabras pueden provocar, sabiendo que nadie se hará preguntas. Si algo puede crear conflicto aunque quiera decirse lo contrario ha de ser eliminado del discurso. Esto mismo, desde luego, sirve para cualquier presidente de gobierno. No es exclusivo de los sacerdotes.
En cualquier caso, Benedicto XVI puede hacer referencia a un texto antiguo para defender que la imposición de una fe no es lícita y que el uso de la fuerza en asuntos que tienen que ver con la espiritualidad personal no se puede consentir. Entre otras cosas, eso es lo que trataba de defender. Del mismo modo, los líderes religiosos de otras confesiones pueden criticar unas palabras que, insisto, por prudencia no debieron decirse nunca. Después, uno presenta sus excusas y los otros las reciben. Se acabó el problema.
Y hasta aquí sería bueno que alcanzase la cosa. Ni un milímetro más allá.
Sin embargo, se queman imágenes del Papa, matan a una monja de cuatro balazos y la gente se arremolina queriendo ajustar las cuentas a otros. A veces pienso que alguien está esperando cualquier frase, cualquier gesto, para justificar situaciones políticas desastrosas a base de ir llenando la cabeza de la gente con ideas que poco tienen que ver con la religión. Con cualquiera de las que existen.
Llevo años, muchos años, soportando caras de asombro cuando confieso que soy cristiano, risas, frases ofensivas (no hace mucho en este blog alguien hacía un comentario absurdo y estúpido refiriéndose a mi condición de cristiano) y chistes de pésimo gusto. Es raro que me manifieste en público sobre todo esto y casi imposible que discuta con alguien sobre temas religiosos. Nadie parece comprender que un escritor sea cristiano y que, encima, lo diga. Y no ha pasado nunca nada. Ni he montado en cólera, ni me he liado a guantazos con el gracioso de turno.
Creo conocer bien el Corán. La violencia que podría justificarse con lo que dice ese libro sagrado no es mayor que la del Antiguo Testamento. Y no me extraña que los practicantes musulmanes se enfaden cuando escuchan la cantidad de tonterías que se dicen sobre su religión. No me extraña. Aunque deberían saber que sobre la religión católica se dicen el mismo número de estupideces. Creo que fue ayer cuando leí un artículo de opinión en un diario que venía a decir que el Papa es infalible en cuestiones de fe y doctrina para los cristianos y que menudo papelón había hecho el bueno de Benedicto XVI al decir lo que dijo, que se había equivocado a la primera. Esto demuestra que el articulista no sabe ni lo que dice, ni lo que representa la infalibilidad del Papa (no tiene que ver con la divinidad sino con el hombre imperfecto). Por supuesto, el sujeto no ha leído el discurso dichoso. Eso es impresentable y lo único que se consigue es un grado de confusión alarmante. Trasladen esto a un entorno con niveles de alfabetización mínimos, sin recursos que puedan mejorar la situación económica de una población golpeada con guerras y más guerras, con un futuro más que incierto, trasladen, digo, esos comentarios tan desafortunados allí y podrán imaginar el efecto que se consigue.
La gente se lleva las manos a la cabeza pensando que el mundo musulmán es capaz de levantarse en armas llevando a su Dios al frente. La guerra santa impone mucho en occidente (debe ser porque ya hicimos la nuestra y sabemos lo cruel que puede llegar a ser) y se confunde con el terrorismo que se maquilla jugando a ser cosa de Dios. Tanto como me impuso a mí que el presidente de los Estados Unidos de América (este si que se las trae) hiciera lo mismo con el mío. Lo agarró y le pidió públicamente que le echara un cable para sacudir a los iraquíes. Más terrorismo de carnaval. El día que nos demos cuenta de que el fanatismo tiene hueco en ambos lados otro gallo cantará.
Ser cristiano, ateo o monje budista no es un problema en sí. Desconocer qué es cada cosa si puede convertirse en cuestión gruesa. Creer en un Dios o en otro tampoco tendría que causar la mínima molestia a nadie. Criticar o ridiculizar a alguien por hacerlo es de patanes. Utilizar la religión para agitar a las masas es una bajeza imperdonable. Tanto o más que impedir el acceso a ella. Y todo esto es lo que está pasando. Aquí y allí, que nadie se engañe.
El bueno de Benedicto XVI, sin quererlo, va metiendo la pata. Qué torpe. Los demás también aunque a veces creamos ser tan listos. Pero, por fortuna, no podemos ser noticia. Sería el cuento de nunca acabar.


may 8 2005

Parece que todo sigue igual

Benedicto XVI es el nuevo Papa y la Iglesia sigue siendo la misma cosa que era antes de morir el Papa polaco. El problema del SIDA en los paises del tercer mundo avanza sin remedio y Benedicto XVI sigue negando la posibilidad (a los católicos de esas zonas y, de paso, al mundo entero) del uso del preservativo; las parejas homosexuales existen y Benedicto XVI condenando su unión y rebajando su condición de personas a algo menos que no se atreve a decir; millones de personas mueren de hambre a diario y Benedicto XVI sigue haciendo gala de grandes lujos desde su nombramiento….
Tienen razones suficientes los que le critican para hacerlo. Seguro que no pueden contener sus ganas de escribir un artículo o de mandar una carta al director del periódico que leen cada mañana, después de ver esas imágenes, a las que nos tienen acostumbrados en las cadenas de televisión, llenas de niños muertos, de hombres y mujeres consumidos por cualquier enfermedad. Tienen razón. A mí me pasa lo mismo. Miro la televisión y me revuelvo en la butaca pensando lo injusto que es todo esto. Pero hoy no escribiré. Hoy celebra su primera comunión el hijo de un amigo y no me queda tiempo.Todo está preparado. El traje del chaval es precioso (el niño quería lucir zapatos de charol, pero su padre ya le dijo que “mariconadas”, en un día así, las justas), podremos comer en el jardín del restaurante porque el día parece agradable y no lloverá. El menú es apetitoso: un aperitivo, crema de cangrejo, salmón en salsa de no sé qué cosa carísima, solomillo con salsa al gusto, postre, copa… Lo mejor de todo es que en el jardín no hay televisores. Durante la comida nadie quiere ver como los africanos mueren pesando 30 kilos de menos, como Benedicto XVI no hace nada por salvar a esas pobres criaturas. Y es que en días tan especiales lo mejor es no pensar en que Benedicto XVI hace que todo siga igual. Es mejor disfrutar de la fiesta y luego volver a la carga.