nov 4 2010

Nada más

La soga que el mundo lanza, por fin, se afloja. Antes rodeaba un cuerpo. El pensamiento escapado a su suerte.
Sin saberlo, sin quererlo, uno estira hasta hacer daño. Todo queda más allá. En libertad, ajeno a la suerte que adquieres en cada gesto. Se desdibuja la realidad por la que tanto has trabajado, todo es hostil y la cadencia del tiempo toma el valor de un parpadeo. Pero sigues tirando muy fuerte no sabes por qué.
Muchos ayudan a tirar. Algunos tratan de parar ese microdesastre que no cambiará el mundo. Ni mucho, ni poco. Millones contemplan el espectáculo sin saber que algo pasa.
Y una mañana te levantas sin la soga alrededor. Ni siquiera preguntas por ella. Tan sólo te limitas a recoger para apilar en un rincón que quisieras no volver a transitar jamás. Abres los ojos y son tus ojos los que miran, abres la boca para hablar pronunciando el lenguaje de siempre (tan traicionero, tan divertido y tan tuyo), levantas la mano y nadie acude con otro saco sucio para limpiar.
Llega el final. Lo eterno se torna efímero, inútil. El mundo vuelve a ser lo que era. Tú mismo y nada más. Con la cosmética del amor, de la amistad o de la rutina. Pero tú mismo y nada más.


oct 20 2010

La alegría de mi vida

Hoy es uno de los días más felices de mi vida. Han nombrado ministra de Sanidad, Igualdad y Política Social a doña Leire Pajín. Ahora sé que conseguir (yo) el premio Nobel es sólo cuestión de tiempo. Oh, qué alegría, qué descanso del alma.


feb 6 2010

Telón

He dedicado buena parte de la noche a recordar y anotar las frases (no sé si todas ellas exactas) que he tenido que escuchar, disfrutar o padecer durante los últimos años y que más me han marcado. Por alguna razón las he limitado a diez. Y por alguna otra extraña razón he borrado inmediatamente las que sufrí, las que no quisiera tener que escuchar nunca más. Y cuando digo nunca más me refiero a nunca más. Ni en las películas, vamos. Así quedaron en el papel (aún legibles) dos frases. Una de ellas hablaba de amores, de elecciones perpetuas y cosas así. Sin saber porqué he trazado una línea sobre lo escrito. Eliminada.
Y quedaba una sola. Recordada con exactitud, sin posible error en la interpretación, construida con calma en su momento, posiblemente eterna. “Vamos, Gabriel, eres capaz de salir adelante, tranquilo. Piensa despacio y sólo en ti. Sólo en ti”. Aprender que algo negado tantas veces es la única salida, asumir que las cosas se concentran en algo así, descubrir que sólo lo que se hace por uno mismo y sin tener en cuenta a los demás es lo que sirve, todo esto es un mazazo que te derriba sin compasión.
Desde ese instante en el que hablaba frente a un espejo aprendí que, o bien seguía interpretando el papel que asumí en su momento sin saber lo que hacía, o bien me dedicaba a ser eso que algunos llamamos yo. Y decidí ser poca cosa, un ser normaducho como todos los que han pasado por este mundo sin excepción, con mis limitaciones, con mis zonas oscuras, con las más claras, con mi inteligencia que llega hasta donde llega y ni un milímetro más allá, con mi condición mortal, finita. Y la gracia es que sigo aquí. Con un espejo perpetuo en la palma de la mano, pero aquí.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano