oct 20 2011

Cada mañana, cada tarde, cada instante

Mi padre fue militar. Mi hermano mayor también. He vivido toda mi vida en casas militares. Recuerdo, perfectamente, cuando salía camino del colegio y me encontraba en el portal con dos policías militares haciendo guardia. Recuerdo, perfectamente, salir a la calle con un primo de Sevilla muy temprano por la mañana y que me preguntara sorprendido por la cantidad de gente que dormía en la acera de mi calle. En realidad, eran padres de familia mirando debajo de sus coches para evitar que una bomba les quitase la vida. También recuerdo, perfectamente, a mis amiguitos llorando porque habían matado a su papá de un tiro en la nuca. Y recuerdo, perfectamente, esos días que llegaba mi padre y nos decía que había tener mucho cuidado con las cosas que encontráramos en la calle por si eran trampas, que habían recibido el aviso de que algo iba a suceder. Horas después alguien lloraba la muerte de un familiar. Desde niño eso lo vivía cada mañana, cada tarde.
Mi padre era un hombre sensato y procuraba no meter miedo a sus hijos. Jamás vi una de sus armas en la casa aunque siempre estaban allí. Apenas se hablaba de política, todo lo que le rodeaba estaba disfrazado de tranquilidad. Pero, cada mañana, escuchaba a mi madre cuando le pedía que tuviera mucho cuidado por el amor de Dios. Pero tuve que ver a mi padre pensando en algo que nunca dijo después de cada atentado (muchos de ellos se llevaron la vida por delante de compañeros y amigos).
Hoy, con el recuerdo agarrando las sienes, escucho el comunicado de tres etarras encapuchados. Dicen que dejan las armas. Y se refieren a sus compañeros caídos. Y a los presos. Qué buenos chicos. Qué favor nos están haciendo. Y me dan ganas de gritar muy fuerte. Sí, me parece una tomadura de pelo. Una vergüenza. Sobre todo una injusticia muy grande porque casi todos se quedan con la sensación de alegría ya que nadie más va a morir. Pero no. Son muchos los que se mueren de pena pensando en su padre, en su marido o su hermano. En esos que murieron porque unos salvajes decidieron un día luchar por algo completamente demencial.
El fin de tantos años salpicados de atentados no es mala noticia. Que se nos olvide lo que ha pasado un segundo después de la última mofa por parte de unos sinvergüenzas es lo peor que nos podría pasar.
Desde luego, yo recuerdo, perfectamente, cada minuto de mi vida. Y no pienso olvidarme de nada. De nada. No hay perdón para ustedes. Se pudrirán en el infierno en el que han convertido sus vidas y las muertes de otros.


mar 26 2011

El día del gilipollas

No se me ocurre nada peor que encontrarte con una persona en la vida que presume de vivir y dejar vivir. El que lo hace no suele decirlo.
Esa máscara suele esconder a personas que, realmente, intentan arrimar el ascua a su sardina llevándose por delante lo que les incomoda. ¿Qué les puede causar problemas? Todo aquello que, por una u otra razón, les hace sombra, que les impide ser protagonistas en cualquier ámbito; todo aquello a lo que no tienen acceso y a lo que aspiran.
El cotilleo, los falsos rumores, el poner en contra a todos, la conspiración. Eso es sobre lo que se apoya una vida triste y llena de lagunas afectivas. En realidad, no vive y deja vivir. En realidad, la cosa es conmigo o contra mí. Si alguien es más inteligente se busca aliados para que parezca un gilipollas, si alguien es más bello ya se le buscarán defectos (claro, todo el mundo tenemos y se pueden explotar), si alguien te da la espalda cuando descubre la gentuza que eres se pelea hasta que parezca lo contrario. Es completamente repugnante. Aunque, a decir verdad, no sé si eso se queda en nada cuando alguien echa un vistazo y descubre que los cuatro idiotas en los que se apoyan este tipo de personajes le siguen hasta el fin del mundo a cambio de formar parte del grupo que les promete parecer especiales cuando son unos mierdas.
Las buena noticia es que son tan tontos que no pueden valorar lo que dejan atrás. Se acompañan de sus acólitos y creen que están ganando la batalla, pero pasa un tiempo y la rabia les devora porque nada cambia salvo su pobreza existencial (va a más, no tiene límites). Siguen siendo igual de tontos aunque despotriquen, aunque logren que alguien sea odiado, aunque les acaricien el lomo cuatro pobrecitos que llenan de fracasos sus días.
Alguien debería inventar un Día del Gilipollas. Sin duda lograría un gran éxito aunque nadie se apuntara. Porque el gran problema de esta banda de anormales es que, cuando están solitos y piensan un poco, entienden que la guerra la perdieron antes de comenzar; entienden que la fiesta de ese gilipollas es propia, pero miran a otra parte. Dejemos que se doren la píldora entre ellos. Se ahogarán en su propia mierda.


sep 12 2010

Diarios ajenos (1)

(Extracto del diario de F. H. M.)

Creer en Dios es algo parecido a llenar de quitamiedos una carretera. Te indican el camino y tú vas. Sin preguntas, sin respuestas.

Creer en las personas es algo parecido a quitar los quitamiedos de la carretera y llenarla de baches. Curvas y más curvas hacen difícil el trayecto.

Creer en uno mismo es algo parecido a construir una carretera. Con sus quitamiedos. Recta y sólida. Los baches ya los van haciendo otros por ti.

En caso de accidente, sea cual sea el camino, no intentes pedir ayuda. Ni lo sueñes. Como todo el mundo sabe Dios no es muy hablador, los otros te dirán cosas sobre ellos mismos llenas de cosmética para que parezcan consejos de camarada y tú tendrás bastante con lamerte las heridas.



may 14 2010

Sabor de madre

– ¡Es delicioso! Me recuerda al guiso que hacía mi madre los domingos. Un poco de carne, patatas, pimiento, cebolla y una pizca de sal. Y el punto secreto. Una cucharada de tomate. Si estaba frito mejor. De verdad que está buenísimo.
– Pero ¿se puede saber qué dices? Estás comiendo lentejas. Me tienes harta con tanto recuerdo y con tanta madre para aquí y para allá. Harta del todo.
– Pues yo creo que deberías ponerte contenta. Mi madre era una cocinera excelente.
– ¿Quieres más, amor?
– ¿Qué haces? Joder, a qué viene eso, me has puesto perdido. Madre mía.
– No pasa nada, los recuerdos no dejan mancha. Gilipollas.

© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


mar 15 2010

Almas

Si alguien se acerca susurrando algo, si toca un hombro con delicadeza o mira con tranquilidad esperando (sin esa violencia con la que queremos hacer cualquier cosa, incluso soñar), si alguien es capaz de hacer eso, el mundo se detiene en el sentido. En el propio, en el que recibe un gesto único, un sonido que protege de cualquier otro, el olor tenue de una vida entera, infinita. El universo encerrado en la pupila, en la punta de la lengua, sobre la piel que se agrietará sin olvidar nunca más.
Si alguien se acerca envolviendo ahora, devolviendo cuando toca, rescatando, protegiendo, cubriendo el mundo con su gesto enorme y poderoso; es el momento en el que se descubre que las palabras están llenas de significado. Un alma en la que no crees toma la forma del incrédulo que puede amar, llorar, odiar o reír sabiendo que la mentira era la soledad.
Sea lo que sea, tenemos alma. Efímera o eterna. Eso es igual. Dormida, esperando a descubrirse. Con un susurro. O una caricia.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


Bill Evans – Elsa

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feb 27 2010

Cumpleaños (2)

Algunos de mis lectores me han comentado en alguna ocasión que mientras leen escuchan la música que elijo para cada texto, otros que primero leen y luego escuchan. Los hay que sólo visitan esta página para escuchar algo. En cualquier caso, la música ha sido tan importante en este blog como la propia literatura o las reflexiones personales de su autor. Esto es algo que me agrada especialmente. Era la idea principal cuando grabe los textos que estuvieron tanto tiempo en el blog de la Escuela de Letras y el primero aquí en La vida del Revés.
Cada canción fue escuchada en el momento de escribir. De forma obsesiva (como cada cosa que hago, ya conocen mi bipolaridad y mi frágil estado emocional). Muchas de las ideas que aquí he dejado escritas no hubieran madurado lo suficiente sin esa música.
Tiendo a exagerar casi todo lo que hago. Hoy comienzo a celebrar el cumpleaños de mi blog y el mío propio. Antes de tiempo. Y no pienso dejar sin su parte a los que me han ayudado tanto desde que La Vida del Revés comenzó a ser lo que es.
Tenía pensado publicar una serie de canciones que me gustan de forma especial. Sólo. Pero me parecería injusto que no las acompañasen los nombres de las personas a las que dedico cada día mi escritura. Sé que olvidaré algún nombre. Pero también sé que me sabrán perdonar los ignorados.

Silvia, Gonzalo, Guillermo, Guzmán, Gimena

Diane Schuur & B. B. King – You Don´t Know Me

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Michela, Teresa, Isabel, María e Irma

The Peter Malick Group Feat, Norah Jones – New York City

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Carmen Neke, Edda, Ginebra, Núria

tom waits – all the world is green

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Pepito Grillo, Rosalía García, Alix Rosales, Ana María Aguayo, Ana María Lozano,

Marian León, Merche Polo, Alejandra Moglia, Enza Bellorín

Bird york – In the deep

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Núria Alba



Matt Bianco – Say The Words

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Araceli, Pilar Ysasi-Ysasmendi, Svor

Al Cohn and Zoot Sims – Emily

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Marta (Poma)

Bill Evans – Spartacus Love Theme

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Carmen García Vega, Inés Chaochun, Fanny Gallardo, Paula María Vila, San y Marta Bouza Paadín, Susana Muñoz, Marga Orri, Carlota Montemayor

Richard Galliano – Waltz for Debbie

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Loreto

Charlie Haden – Everytime we say goodby

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feb 24 2010

Amor verdadero

Espera junto al árbol de siempre. Piensa en cómo se lo dirá. Ha llegado el momento. Son muchas tardes hablando con ella, paseando la noche de la ciudad, sin un roce, sin un movimiento que pudiera intranquilizar. Se lleva la mano al bolsillo de la americana. Una pequeña caja. Una sortija dentro. Nadie amará a esa mujer tal y como lo hace él. Es una certeza. Su gran secreto. Comienza a llover. Alza la cara para probar el agua de lluvia que sabe a ella. Todo tiene el mismo sabor. La ve llegar.
– Tengo algo que decirte.
– Ay, espera, espera, a mí me pasa lo mismo, dice la mujer retirándose un mechón del flequillo empapado. Primero yo, primero yo. Da pequeños saltos sobre la punta de los pies.
– De acuerdo, de acuerdo. Lo mío puede esperar.
– ¿Te acuerdas del chico del que te hablé, del que iba por mi casa, de vez en cuando, para acompañar a su madre? El rubito y tímido. ¿Te acuerdas?
– Sí, me has hablado mucho de él. Claro que lo recuerdo.
– Me ha invitado a cenar, me ha invitado a cenar, dice casi gritando, alargando mucho la última sílaba, moviendo los pies sobre el terreno rápidamente, con los puños cerrados arriba y abajo, riendo.
– Eso es estupendo, contesta, abre los brazos y la recibe con un abrazo.
Le pide que vayan juntos hasta su casa, que le ayude a elegir la ropa. Insinuante, pero sin exageraciones.
Dos horas después se despiden. Va a llegar. No quiero que piense cosas raras, dice la mujer. Suerte, dice el hombre.
Cuando llega a su casa, se sienta en el sofá. Palpa el bolsillo de la americana. Le encantaría pensar que la forma más bonita de decir lo que quería ha sido tal y como ha hecho. Amar es eso. Generosidad. Le encantaría pensar eso.
Se levanta. Saca la pequeña caja. La tira al suelo y la pisotea. Patea la mesa que tiene a la derecha. Grita. Jura que eso no quedará así, que esa tía se puede ir a jugar con su puta madre, pero que con él no, que es una persona como otra cualquiera, con sentimientos. Le gustaría arrancarse la ropa tirando, haciendo jirones lo que lleva puesto. Va hasta la cocina. Una cerveza fría. Menuda hija de puta, piensa un instante antes de dormir.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


feb 6 2010

Y tú ¿cómo estás?

Depresión: Estado de ánimo que caracteriza al que lo sufre por ser un gran consumidor de medicamentos que le atontan con el fin de no enterarse de nada. Durante el período de depresión el individuo descubre cómo es, realmente, el mismo, él y los otros.

Enamoramiento: Estado de idiotez transitoria que provoca un gran revuelo entre las hormonas propias y ajenas (de otro u otro si existen exparejas en las proximidades). Se termina pasados entre seis meses y seis años. Comienza con cualquier cosa por pequeña que sea. Así que cuidado, amigos.

Felicidad: Aún nadie ha sido capaz de definir con exactitud qué es eso de sentirse feliz. Estado de ánimo que se confunde fácilmente con otras cosas que son lo contrario a este (amor, riqueza, etc.). Creo yo que se aproxima a no tener que negarse uno mismo y conformarse con lo que hay. Es decir, que no existe.

Muerte: Última estación del trayecto. El individuo que muere es reconocible con facilidad, no sólo por su quietud y palidez afrancesada, sino porque deja de decir idioteces. Así, de pronto. Después de un largo proceso de aprendizaje, el esfuerzo no sirve de nada. Hay que ver.

© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


ene 29 2010

Deseos cumplidos



ene 6 2010

Una ventana abierta

Beben una copa de vino en la cama. Fuman. Él intenta exponer una idea. Ella se la explica asintiendo o negando. Él rectifica a medida que ella mueve la cabeza, sonríe o llena las copas. Con un movimiento inesperado, él agarra las solapas de la chaqueta del pijama de ella, tira con fuerza y delicadeza. El beso parece eterno. Él gira la cabeza sin soltar la tela. Mira hacia la derecha. Una ventana abierta. Ella aguarda sin dejar de mirar su perfil.
– Si lo sabías ¿por qué no me lo has dicho?
– Prefería que llegases tú solo hasta aquí.
Un beso más. Salta de la cama y camina hasta la mesa. Busca un papel. Ella sonríe tumbada, apoyando la cabeza en la mano derecha. Espera a escuchar. Él anota con rapidez. Regresa leyendo en voz alta lo escrito. Cuando acaba mira a la mujer que enarca las cejas ligeramente y alza el hombro izquierdo.
– Es perfecto, dice ella.
– No, es imperfecto. Y tú ya sabías que era esto lo que buscaba. Tramposa.
Ella estira el brazo, le ofrece la mano. Las copas sobre la mesilla. Un cigarro encendido haciendo equilibrios en el cenicero.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano