ago 14 2011

La edad es una coraza de cristal

Siempre estamos refugiados tras un parapeto frágil. Tras el resumen que hacemos de nosotros mismos. Nuestra edad.
La vida es siempre otra cosa si hablamos de años vividos. Y lo decimos esgrimiendo un dígito como si fuera nuestra salvación. Un dígito que indica el tiempo que nos queda para morir. Porque lo que ya hemos vivido no existe. Eso ya pasó.
Nos protegemos con nuestra experiencia siendo viejos (¿de qué sirve la experiencia si el mundo es siempre otro?), con la falta de ella siendo jóvenes (¿es razonable manejar una excusa así? ¿No es declararnos inútiles o medio lelos?).
El armazón con el que queremos esconder nuestros miedos se llama edad. Y no sirve de casi nada porque poco depende de nuestra experiencia y sí del mundo. Evoluciona y nosotros corremos detrás.


ago 12 2011

Temer el futuro es perder la libertad

A Clara, por recordarme algunas cosas.

Vivimos aterrorizados por lo que pueda pasar. Y esa es la gran ventaja que tienen sobre nosotros los que generan el miedo, los que nos dicen que el mundo puede explotar si no hacemos lo que ellos han planeado.
Antes amenazaban con un infierno eterno los que manejaban el asunto, ahora con un mundo espantoso en el que no podremos vivir con dignidad; imponen el terror del hambre futura, de la falta de recursos para nuestros hijos. Ha cambiado el castigo, pero no la estrategia. Antes te quemaban vivo, ahora te hacen caminar con la cabeza baja porque no tienes un millón de euros en el banco y dependes de ellos, te obligan a no pensar con mecanismos de comunicación extraordinarios. Antes prometían la salvación eterna (en el más allá), ahora prometen dejarte caminar a su ritmo en el más acá. Antes te prometían un futuro celestial a cambio de vivir hecho un asco rindiendo pleitesía a unos pocos, ahora te prometen un futuro terrenal apañadito a cambio de rendir honores a una banda de capullos (estos abundan y parecen una plaga). Siempre jugaron con el miedo del presente. Siempre hablaron de un futuro incierto. Si algo teme el ser humano es no poder saber, estar sujeto al azar o al capricho de alguien dispuesto a destrozarte la vida. Pero es curioso que ellos tampoco saben nada de ese futuro. Creen que pueden modelarlo a su gusto y eso les hace fuertes. Sin embargo, es la gran mentira de la que viven y con la que no nos dejan mover un dedo. El futuro es tan ilusorio para ellos como para nosotros. Si moviéramos un dedo (sólo uno, el de las ideas) estaban listos. Ese es el secreto. Dejar al personal sin ideas a base de televisión, de eventos deportivos que nos embelesan, a base de democracia (este es el sinónimo de libertad, el que ellos imponen cuando la libertad es una cosa bien distinta; es mucho más que poder votar porque votar debería ser el resultado de una libertad que no existe). Pero el futuro nadie sabe cómo será. Esa es su gran ventaja y debería ser nuestra gran apuesta. Sin miedo sí hay futuro. Sin miedo sí habrá democracia verdadera para que podamos votar con libertad absoluta. No miremos al futuro porque allí no hay nada. Ni en el más allá ni el en más acá. Aunque unos tipos perversos lo dibujen cada día con trazo tosco y lleno de pánico. Mientras sigamos agachando la cabeza estamos perdidos. Miremos alrededor, reflexionemos y hagamos lo que creamos que es justo. Que sean ellos los que tengan que pensar en su propio futuro y palidezcan viendo sus fortunas reducidas a la mínima expresión. Los que no tenemos un yate no tememos perderlo. Los que no tenemos el futuro dibujado no lo podemos temer. Si creemos lo que nos dicen estamos perdidos. Digamos nosotros. Nada de miedo. Indiquemos el camino a los jóvenes. Ya que no hemos sido capaces de transitarlo nosotros mostremos a otros cómo pueden hacerlo. Nada de futuro y nada de miedos. Es la única solución. Que el mundo sea de los que usen la cabeza para crecer como seres humanos.


dic 2 2008

Aniversario

Cuando la vi por primera vez lucía un jersey rojo, pantalones negros, el pelo recogido con una coleta. La mirada atrevida. Una fracción de segundo. Y lo supe.
Hoy la vuelvo a ver así. Cambian los colores. Sólo los colores. Los dedos largos agarran la goma mientras estira la espalda y vuelve a agarrar el pelo, fabrica una cola de caballo. Me sonríe. Intento saber qué es lo que piensa. Es fácil porque siempre parece estar observando el horizonte, algo intenso, misterioso. Está recordando. Sí.
El mundo no se puede descubrir estando sólo. Toca ver una cosa u otra dependiendo de quien hace compañía. Ella se planta delante apoyando una pierna más que la otra, ladea ligeramente la cabeza mirándome con elegancia. Me ofrece la mano. Es para siempre y no me puedes fallar. Tras ella una vida entera. Gira la cadera y abre la puerta para mostrarme lo que espera. Todo es nuevo, inquietante. Le sujeto con miedo, tira ligeramente de mí y doy un primer paso torpe, inseguro. Éramos unos niños y me hizo vivir el riesgo, lo intenso de querer vivir.
Ahora me toca la espalda. Mueve levemente la mano, acaricia con ternura. Nadie te quiso tanto como yo. El mundo que pintamos sigue ahí, en el mismo lugar, sigamos explorando.
De los padres te queda el poso de lo mejor. Nada cabe que no sea eso. Vamos Gonzalo, echa mala leche. Nunca maldad. La vida se gasta a base de sonrisas, de vivir con intensidad, Guillermo, no lo olvides. Esfuerzo, algo de arrogancia, perseverar es el camino. Guzmán no dejes de convertirte en un ser delicioso. Gimena, imita a mamá, es eso lo que hay que hacer y no otra cosa. Ella sólo dice amor, ternura. Es lo único que le he oído decir en este tiempo.
Me abraza como sólo podría hacerlo la mujer de tu vida. Me susurra bromeando que me quiere bastante y hace que me tumbe para poder apoyar la cabeza en mi hombro. Somos novios. Somos novios, mi amor. Hasta el final.
Yo aprendí del mío que el triunfo está donde dejas lo mejor de ti. Ella fue su única hija (siempre quiso tener una criatura al lado como ella) y logró triunfar para siempre. Ahora se extrañan. Yo lo sé porque alguna vez me lo ha dicho. Antes y después de morir. Ella sólo le dijo una cosa: amor, ternura.
Alza la cabeza y me besa. La vida existe porque seguimos uno al lado del otro. El resto da igual. Nos queda buena parte del camino por recorrer. Y si no es contigo no será con nadie. Asiento porque sé que es la única verdad a la que siempre he podido estar sujeto.
Han pasado veintiún años desde que la invité a cenar cinco minutos después de conocerla. El mejor rato de mi vida.