oct 20 2010

La alegría de mi vida

Hoy es uno de los días más felices de mi vida. Han nombrado ministra de Sanidad, Igualdad y Política Social a doña Leire Pajín. Ahora sé que conseguir (yo) el premio Nobel es sólo cuestión de tiempo. Oh, qué alegría, qué descanso del alma.


jun 18 2010

Invenciones del escritor (3)

Convertirse en escritor es algo muy difícil. Mucho. Nacer siéndolo es imposible. Algunos escritores tratan de guardar un terreno que creen de su propiedad diciendo que sólo algunos privilegiados pueden escribir porque poseen un don. Mentira.
Es verdad que, cada día con más frecuencia, un puñado muy numeroso de gente que ha realizado un cursillo por correspondencia dice ser tan escritor como el que más. Estos son igual de idiotas que los escritores que quieren convertir en coto privado la literatura. Y es verdad que hay muchas personas que podrían publicar sus novelas en lugar de la bazofia que publican escritores que amasan fortunas vendiendo millones de ejemplares (de la bazofia que escriben, digo).
Escribir y hacerlo bien no viene de poseer ningún don. Ni llega de la mano de una técnica aprendida en un aula. Ni por supuesto, del amor que sienta alguien por la literatura. La literatura llega cuando alguien es capaz de ver algo en el mundo que sólo él aprecia. Y, a partir de ahí, construir un mundo entero que lo explique. Es decir, la literatura llega de la necesidad del hombre por relatarse a sí mismo a través de su entorno. Es un error pensar que cualquier cosa se puede contar (a todos nos pasan cosas y más cosas, pero que no interesan a nadie nos pongamos como nos pongamos y aunque sean muy graciosas). Es un error pensar que bien contado (bien escrito) todo vale (la bazofia es bazofia aunque la cuente el mismísimo premio Nobel de literatura).
Sólo se puede ser escritor manejando la realidad, dominándola hasta donde se puede. Lo de la técnica viene después. Y lo del oficio con los años.
Como sé que algunos me preguntarán cómo se domina la realidad (ya deberían saberlo si quieren ser escritores y no pintar tanto la mona presumiendo de textos lamentables), lo digo ahora mismo: modificándola (quizás sea la décima vez que lo digo en público). Eso es la literatura. Eso y no otra cosa.


feb 6 2010

Telón

He dedicado buena parte de la noche a recordar y anotar las frases (no sé si todas ellas exactas) que he tenido que escuchar, disfrutar o padecer durante los últimos años y que más me han marcado. Por alguna razón las he limitado a diez. Y por alguna otra extraña razón he borrado inmediatamente las que sufrí, las que no quisiera tener que escuchar nunca más. Y cuando digo nunca más me refiero a nunca más. Ni en las películas, vamos. Así quedaron en el papel (aún legibles) dos frases. Una de ellas hablaba de amores, de elecciones perpetuas y cosas así. Sin saber porqué he trazado una línea sobre lo escrito. Eliminada.
Y quedaba una sola. Recordada con exactitud, sin posible error en la interpretación, construida con calma en su momento, posiblemente eterna. “Vamos, Gabriel, eres capaz de salir adelante, tranquilo. Piensa despacio y sólo en ti. Sólo en ti”. Aprender que algo negado tantas veces es la única salida, asumir que las cosas se concentran en algo así, descubrir que sólo lo que se hace por uno mismo y sin tener en cuenta a los demás es lo que sirve, todo esto es un mazazo que te derriba sin compasión.
Desde ese instante en el que hablaba frente a un espejo aprendí que, o bien seguía interpretando el papel que asumí en su momento sin saber lo que hacía, o bien me dedicaba a ser eso que algunos llamamos yo. Y decidí ser poca cosa, un ser normaducho como todos los que han pasado por este mundo sin excepción, con mis limitaciones, con mis zonas oscuras, con las más claras, con mi inteligencia que llega hasta donde llega y ni un milímetro más allá, con mi condición mortal, finita. Y la gracia es que sigo aquí. Con un espejo perpetuo en la palma de la mano, pero aquí.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano