dic 27 2010

Da lo mismo

Casi todo se termina modificando con el paso del tiempo. Las piezas dejan de encajar. Debemos buscar (sin demora) un recambio. Al fin y al cabo, vivimos agarrados a todo aquello que nos conviene creer como si fuera cierto; a todo aquello que nos hace la vida más cómoda; convertimos en certezas las dudas si creemos que servirá de algo; las cosas seguras se desmoronan o las destruimos para que dejen de ser una molestia. Y es que el ser humano está obligado a creer en algo y, si es necesario, modifica la mentira hasta que parece una verdad universal. En realidad, vivimos envueltos en una invención a la medida. Pero creemos que todo encaja a la perfección y nos sentimos seguros.
Pocas son las cosas que perduran en el tiempo. Poco es lo que sobrevive de nosotros cada minuto que pasa. Pero es ese poco en lo que reposa todo el tránsito de una vida. Cada cual lo debe saber localizar y aislar para protegerlo. Sin eso no eres nada. Y ese poco se limita a un par de certezas. No más.
Estoy vivo.
Soy capaz de amar.
Sin vida no hay amor posible. Pero sin una mínima capacidad para amar no hay forma de vivir. El resto es accesorio, el resto se puede sustituir. Eso es lo único rígido de la existencia. Por eso no está mal inventarse las verdades. Por eso no está mal destruir lo que antes fue seguro. Es cuestión de ser o no. Aunque, al final, lo que se convierte en huella es que estuviste vivo y amaste. El resto seguirá siendo verdad o mentira. Da igual.