feb 18 2010

El primer mueble

Cada tarde, a la misma hora, se sientan en el sofá. Hoy suman seis mil doscientos cinco días.
La sala es grande. Ni un solo mueble más. Sólo el sofá en medio de los doscientos metros cuadrados.
Él pega la espalda con fuerza al respaldo hasta que encuentra la postura perfecta. Estira las piernas y espera a que llegue su esposa. Sabe que se tumbará encogiendo un poco las piernas, con la cabeza sobre él, mirando a la misma pared ambos. Primero silencio. Un par de minutos mirando cada detalle de las paredes, de los marcos de las ventanas.
– ¿Por qué no hemos cambiado el sofá? Es demasiado pequeño para una habitación tan grande. Deberíamos haber amueblado esta sala.
– Si quieres lo podemos hacer mañana mismo, dice él echando la cabeza hacia atrás.
– Eso lo decimos todos los días. Pero nos termina dando pena. Es nuestro primer mueble. Hablemos de otra cosa.
Hacen planes. Nunca han dejado de hacerlos. Mañana por la tarde, la próxima Nochevieja, las vacaciones de verano, cuando llegue la jubilación, incluso cuando uno de los dos falte.
Ella se levanta para ir al lavabo. Él pasa la mano por encima de la piel del mueble. El tacto es suave. Acerca la cabeza para poder oler donde ella estaba tumbada. Se levanta y cambia los cojines. Uno por otro. Ella regresa. Se para un instante en la puerta. Recuerda la primera vez que le vio allí sentado. Exacto.
– ¿Qué piensas?, pregunta el hombre.
– Que no hacen falta más muebles. Por cierto, me han comentado que las obras de rehabilitación del Gran Teatro acabarán en tres años y medio. ¿Me acompañarás a la inauguración? Estrenan una cosa de Beckett.
– Por supuesto.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


Celtas Cortos – La senda del tiempo

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