ene 8 2012

Pantallas

Nos estamos acostumbrando a charlar con una pantalla. Escribimos lo que queremos decir sabiendo que alguien lo leerá y nos contestará. O no. Pero decimos sin descanso y sin pararnos a pensar sobre lo que tenemos enfrente.
Las pantallas no gesticulan, no lloran, no ponen cara de sorpresa (entre otras cosas porque no tienen cara ni nada de nada), son objetos sin vida. Y nosotros, que somos muy listos y que todo lo sabemos porque para eso somos nosotros, lo que hacemos es dibujar gestos, lágrimas, expresiones de todo tipo a esos objetos muertos. Además lo hacemos dependiendo de lo que nos va mejor. Por ejemplo, alguien escribe “vale” con carita de abuela Paz, asumiendo lo que ha leído como bueno, sin ganas de meterse con nadie. El que lee quiere entender que eso es una chulería llena de prepotencia, algo que ha dicho un tipo cuando echaba espuma por la boca y le dice “tú eres un gilipollas”. Y se acaba la conversación. Una charla irreal, absurda y estéril. Eso sí, nos sentimos poderosos, por encima del bien y del mal, llenos de razón, inteligentes y profetas al que todo el mundo debería escuchar y seguir hasta el infinito.
Frente a una pantalla nos atrevemos a cualquier cosa. Al fin y al cabo lo único que nos puede pasar es que aparezcan una palabras replicando lo que dijimos. Poca cosa. Frente a las personas la cosa cambia. Si le dices a cualquiera “eres anormal” puede pasar que te rompa la crisma y eso ya es más peligroso. Si alguien dice “te quiero” se puede encontrarse con que el otro se desmaya del asco cuando, poco antes, decía a través de la pantalla “yo también te quiero como nunca he querido a nadie en este mundo”.
Aunque todo esto tiene grandes ventajas. Si no quieres continuar con una conversación dejas de teclear y no hacen falta explicaciones de ninguna clase. Pasar desapercibido y no tomar partido es fácil. Nadie te puede mirar a la cara intentando que asientas o hagas un gesto de desaprobación. En medio de una trifulca lo que haces es escribir lo que te parece más adecuado para excusarte más tarde y asunto zanjado.
Y, por supuesto, la gran ventaja, lo más grande que ha traído la pantalla al mundo es la posibilidad para millones de personas de, siendo idiotas de pies a cabeza, poder decir lo que les place, sentirse escritores, ingenieros técnicos o sacerdotes de la séptima iglesia evangelista. Es una sensación efímera porque cuando alguien que finge ser lo que no es se levanta y sale a la calle se acaba esa ilusión. Pero mientras dura esa especie de éxtasis el individuo es feliz. Un poco más tonto que ayer, pero feliz.


dic 4 2011

¿Miedo? ¿Qué miedo ni qué cojones?

Nos llevan preparando, varios meses, para asumir una catástrofe sin precedentes. Los medios de comunicación anuncian la gran hecatombe; los políticos, los posibles sufrimientos en un futuro inmediato; los religiosos nos dicen que con tanto sexo, tanto condón y tanto gay, el mundo se degrada por momentos y de forma irremediable. Todo parece estar en peligro de extinción. Todo excepto ellos mismos. Todos se apuntan a un fin del mundo que no les toque. A dibujar una especie de inmenso campo de trabajo insoportable que controlarán por y para nuestro bien. Si no obedecemos esto no tiene arreglo. La suerte está echada. Lo que no dicen es que las cartas están en su poder, que hacen trampas y que no son capaces de predecir nada que no sea el pasado. Manejan el sistema económico del mundo entero, eso sí.
Nos dicen que, si no escuchamos, estamos más muertos que vivos. Y, para eso, para que nos quede claro, nos matan a base de volcar miedos de todos los colores que nos paralizan. Están bloqueando a la humanidad entera. Nada nuevo. Ya lo hizo la inquisición en su momento y funcionó. Ya se ha hecho muchas veces y siempre se obtuvo un resultado estupendo. Porque el ser humano que siente miedo es incapaz de sentir cualquier otra cosa.
Pero, como todo el mundo sabe, este miedo que nos van inoculando a diario, es la coraza que unos pocos han colocado a los sistemas financieros que les permiten controlan el mundo. No quieren que nada quede sin control (el suyo, claro) y, por eso, inhabilitan las inteligencias de millones de personas. Bien saben ellos que, cualquiera con una pizca de valor, les puede organizar un cisco importante. El mundo lo puede poner patas arriba cualquiera. Y lo saben.
La cantidad de información diaria que nos llega a través de los medios de comunicación -imposible de procesar- se reduce a un mensaje muy concreto: Siga usted creyendo en nosotros; de otro modo, ni usted ni sus hijos, tendrán futuro; voten para legitimar todo lo que hagamos aunque sean desmanes; sean mansos; ser civilizado es ser un animal doméstico.
Nos quieren acobardados. Saben que con un trozo de pan en la boca y algún capricho comprado a un precio disparatado nos sentimos satisfechos. Así nos lo han enseñado. ¿Alguien me puede decir para qué necesitamos el ochenta por ciento de lo que tenemos?
Hace muy poco tiempo utilizaron el miedo a la muerte. ¿Recuerdan las gripes que llegaban con la guadaña en la mano? Aquello iba a ser un desastre. Y no. Aquello fue un negocio redondo para alguna empresa dedicada a la fabricación de pastillas y vacunas. Medicamentos que terminaron en la basura.
Llevan mucho tiempo usando el miedo al terrorismo. Este no es a la muerte. No, este es el miedo a lo desconocido, a lo que no sabemos cómo es ni cómo llegará. Algo viejo en el hombre y que le causa grandes problemas de estabilidad. Nos convirtieron en objetivos de todo lo que está más allá de las fronteras. Ahora el miedo que nos cae sobre los hombros es el miedo a no tener futuro. En realidad, el ser humano nunca tuvo futuro. Pero eso no lo cuentan. Disfrazan eso que llamamos futuro de productos inútiles y de billetes. No tener futuro es no tener dinero ni la calidad de vida actual. Les funciona de maravilla. Todo el mundo acojonado. Unos pocos toman el control y prometen fabricarnos una vida. El resto tragamos. Un negocio redondo. Otra cosa no sabrán, pero de negocios entienden.
¿Tan tontos hemos llegado a ser? ¿Nos conformamos con tan poca cosa ofrecida por los poderosos? Esto es más que preocupante.
Yo, desde luego, he dejado ver telediarios, de leer prensa y no pienso acostarme angustiado por lo que me cuentan sino por lo que vivo día a día. Para eso están los micromundos. De peores, de mucho peores, ha salido la humanidad. Si fuimos capaces de abandonar las cavernas esto parece un juego de niños. No vamos a pasar, ni más frío, ni más hambre que nuestros antepasados.
Ya está bien de tanto miedo y tanta falta de esperanza.


sep 8 2011

Batallas perdidas

Mientras lees, acaricias las teclas. Buscándote. Imaginas que detrás de una palabra estás. Tal vez la fotografía se eligió pensando en ti. Ese final que queda abierto es un mensaje para que quepa cualquiera aunque sólo ves hueco para tu nombre. Y, sin embargo, no estás. Nunca apareces porque no cuentas. Eso es lo que te lleva, una y otra vez, hasta allí. El desprecio es una carga pesada que sólo desaparece con la venganza. Eso es lo que buscas.
Dejas de leer y piensas en la forma grosera que no convence. La más sutil es inútil. Debe haber algún camino aunque nunca das con él. Si no te dicen lo mejor es hacerse presente. Pero te arrepientes porque sabes que es una batalla perdida. Silencio.
Nunca pensaste importar tan poco. Te sientes enano, lejano. Juras no volver por nada del mundo. Y, un instante después, acaricias las teclas. Leyendo.


jul 4 2010

Diario de un escritor acalorado (1)

No sé qué pensr. No sé si es el efecto de los tintos de verno, si es un rección propi del clentmiento globl o, simlemente, que lo mío de l cbez se h disprdo.

Intento un último empujón en mi novel unque sin mteri prim es imposible culquier tipo de progreso.

Ls ides est´n donde siempre. Mis estilogr´ficas crgds con su tint (textur y color). Todo en su sitio slvo lo imprescindible. Un vocl h desprecido. No hy form de encontrrl. No dejó not de despedid ni ndie sbe nd de ell. ¿Estr muert? ¿Ser´el principio de un revolución? No me extrñarí nd.

Empezmos muy ml, pero que muy ml. Les mantendré informdos.


jul 2 2010

¿Cuándo se paró el reloj?

- Veo que no has cambiado nada. Sigues siendo una copia exacta de tu caricatura.
- Es gracioso que después de tantos años mires todo desde el mismo sitio. Sigues siendo patético.
(Ella pensó que se enamoraba de un tipo interesante, culto y educado. Él estuvo convencido de tener enfrente a la única mujer que le podría ayudar a triunfar. Renunciaron a ser ellos mismos para cuidar del otro. Y cuando se encontraron perdidos no supieron volver)