abr 2 2011

Razones para escribir

La vida de un escritor es una vida cualquiera. La única diferencia, entre esta y las otras, es que la del escritor se puede leer. Y es que cada uno pasa la vida a limpio como puede con más o menos pudor.


sep 10 2010

Hiperrealismo

Tengo la sensación de que en la calle hay menos gente que de costumbre. Seguramente es falso.
Vivo una tranquilidad estúpida que me tengo que inventar después de hacer el más mínimo movimiento. Todo descansa en silencio, esa quietud que llega obligada porque un gesto más te lanza de bruces contra la realidad. Terror.
Estoy fumando demasiado. Comienzo a escuchar música sin que me agrade. Quizás otra cosa. Pero la mente se dispersa incluso para eso. Un café se ha quedado frío sobre la mesa. Frío. Parece un cuadro hiperrealista que hubieran dejado para recordarme mi lugar en el mundo. Si observo, nada se mueve un solo milímetro. Si me muevo todo sigue en su lugar. No hay perspectiva suficiente. Ni para pensar, ni para eludir lo que tengo enfrente.
La habitación se agranda. Mucho, casi de forma insoportable. Sentado en una silla. Justo en el centro. Las pareces blancas. Suelo y techo negros. Busco la puerta, pero no está. Cierro los ojos y me imagino en el mismo lugar. Con nitidez. No hay escape posible. Y lo sé. Ratonera blanca con tapas negras.
Me froto los ojos y me obligo a seguir. No quiero bajar a la calle de nuevo. Sospecho que estarán desiertas.
Escucho como llega un tablón que golpea el cráneo. Lo hace pedazos. Es el propio silencio que se hace hostil. Y yo lo convierto en algo tangible. Todo lo que te hace sufrir ha de tener un nombre para creer que ejerces cierto control sobre la cosa. Inventas una forma para poder medir de alguna manera algo tan gigantesco.
Una puerta se abre. Detrás no hay nada. Lo sé. Igual que sé que se trata del único camino.
Me agarro las rodillas y apoyo sobre ellas la cabeza. Una gota de sangre cae al suelo. No puede verse. El rojo sobre negro no existe. Aunque yo sé que allí está.
Seguramente es falso. Todo. Pero yo sé que está.


jul 8 2010

Recompensa

- ¿Qué te han dicho?
- Que confían en mí, que siempre han creído que soy un gran profesional, que puedo contar con su apoyo en todo, que en momentos así soy un pilar básico de la organización. Cosas así.
- ¿Y?
- Bueno, la indemnización y el paro me permitirá vivir durante un año. Más o menos. Luego, ya veremos.
- Veo que lo has entendido todo.


abr 21 2010

Amor verdadero (3)

- Pero sor Ernestina ¿Cómo vienes con el hábito puesto? ¡Esto es una casa de citas!

- Don Inocencio, el amor lo puede todo, da fuerzas y valor, nada lo puede parar. Se lo he escuchado decir un millón de veces desde el púlpito, don Inocencio.

- Ernestina ¿tú eres tonta o qué te pasa? Ernestina, Ernestina, Ernestina. Bueno, qué le vamos a hacer. Ve tomando un baño y, mientras, reza alguna cosita. A ver si te pasa el atolondramiento.

- Pero don Inocencio, ¿qué hay de malo en mostrar mi amor? ¿Acaso no siente usted lo mismo por mí?

- Ernestina, al baño.

© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


sep 27 2006

Un momento de soledad

No recuerdo la última vez que llegué a casa estando vacía. Un juguete de Guzmán junto al ordenador, los cromos de Guille en el mueble de la entrada (los ha olvidado una vez más), los cojines del sofá revueltos, la habitación de Gonzalo perfectamente ordenada (primera vez en la historia de esta familia aunque no tiene mérito, está amenazado. Trabajos forzados o más), mis papeles perfectamente desordenados (algo habitual a pesar de las amenazas), la ropa que eligió Silvia esta mañana y desechó un par de minutos después sobre la silla. Y yo. Como un objeto más. La soledad es eso, sentirse una cosa que acompaña en movimiento al resto que se empeña en amortiguar presencias absurdas.El ruido no está en su sitio. Golpeo con el pie en el suelo para poder escuchar. Pero nada. Sigo solo.Me siento para fumar un cigarro, para observar la quietud que tanto deseo y que, cuando alcanzo a sentir, detesto tanto.Cierro los ojos. Prefiero dormir porque, cuando te conviertes en parte de un escenario que sólo ves tú, lo mejor es pasar desapercibido. Sobre todo para ti mismo.