sep 8 2010

Retrato de pareja (3)

Merece la pena. Claro que merece la pena. Un sentimiento así no puede ser inventado, ni me puede engañar. Eso dijo ante el espejo. Sonriendo.
Le llamó para decir que sí, que era lo mejor que le había pasado nunca, que no vivía un minuto sin pensar en él; que la vida ya se quedaba corta.
Y fue, a partir de ese instante, cuando él comenzó a decir que no (primero con prudencia, midiendo; más tarde con descaro, sin importarle). Y fue, a partir de ese instante, cuando ella pensó (primero sin dar mucha importancia, más tarde sin quitar una pizca) que los minutos llegaban agotados, que los tenía que llevar a rastras.
Pero siguen diciendo ser uno y quererse. No hay espejo que devuelva una sonrisa a cambio. Todavía. Creen haber escuchado alguna vez que existe algo que llaman esperanza aunque no saben bien como utilizarlo ni en qué consiste.