may 21 2011

Esto cómo se come

– ¿Soy importante en tu vida?
– Lo único que deseo es morir antes que tú. ¿Contesta eso a la pregunta?
– No lo sé.



may 18 2011

Cristales de distinto colores

– Estoy feliz. Creo que he encontrado al hombre de mi vida.
– ¿Qué te hace pensar algo así? Eres una insensata. ¿La tontería esa de las mariposas en el estómago? ¿No puedes dejar de pensar en él? ¿Has dejado de comer?
– No, no. Nada de eso. Lo único que pasa es que, al irse, me dice hasta mañana. Nunca dice adiós.
– Qué tontería. Anda, vamos que tenemos prisa.
– ¿Tú que tal vas con Alberto? ¿No te ha vuelto a llamar?
© De la imagen: Elisa Caro


may 16 2011

Envoltorios

– No, no lo tires. Me vienen muy bien.
– Pero, vamos a ver, ¿para qué puede servir el envoltorio de un caramelo? No he visto una cosa igual en mi vida. Lo guardas todo. Eres insufrible.
– Guardo en ellos mis ideas. Las que quiero olvidar.
– Claro, claro. En este ¿cuál vas a meter? Tendrá sabor a limón ¿no? El envoltorio es amarillo.
– Tal vez sea una buena forma de almacenar la idea equivocada que tuve de ti. Llegué a pensar que eras sensible y capaz de entender las cosas. Pero no. Pondré dentro cualquier otra cosa.
– ¿No quieres olvidar mi lado bueno?
– Para envolver eso necesitaría comerme un caramelo del tamaño de un baúl. En este meteré el resto de ti. Eso cabe en cualquier sitio.



may 12 2011

Adivina, adivinanza, ¿quién es más capullo?

Día 1
– Te empeñas en quererme. Y eso no funciona así. Amar no es cosa de esfuerzos.
– No sabes lo que dices. Hasta para amar es necesario entrenar y saber hacerlo.
– Pues yo lo he intentado un millón de veces contigo y no he sido capaz.
– ¿Sabes la diferencia entre odiar y amar? Espera, espera, no contestes. Odiar se puede hacer sin más como vas a comprobar ahora mismo, gilipollas.

Día 2
– ¿Me perdonas? Lo del jarrón en la cabeza fue un pronto.
– ¿Y lo de tirarme la ropa por la ventana?
– Eso fue por rabia. Venga, encima que me arrastro.
– Sigo entrenando.
– Te odio.

Día 3
– Fue un pronto.
– Eso se lo cuenta usted al juez.
– ¿Dónde le llevan?
– ¿A usted que le parece? Venga le doy un par de pistas. Va a tener un montón de amiguitos alrededor. Y va a estar más que tranquilo.


feb 23 2011

Tal para cual

– ¿Me piensas matar?
– Claro. Los asesinos en serie somos así. Raptamos a las personas, las torturamos y luego las matamos. Pero, puedes estar tranquila. Seré bueno y te seccionaré la yugular como es debido. Unos minutillos de sufrimiento. Notarás cómo te ahogas al tragar sangre, sentirás que las venas se secan con rapidez. Una suerte. Yo sólo podré imaginarlo mientras te miro y veo las muecas de dolor y desesperación.
– Ah, qué guay. Siempre me gustó sentir dolor. Me va la marcha. Y que me miren mientras me retuerzo entre alaridos mucho más.
– Joder. Entre cinco millones de sujetos he tenido que dar con una pervertida. Si no fuera porque te gusta, te mataba a hostias ahora mismo.


feb 22 2011

¿Dónde estás?

– ¿Qué estás haciendo? Llevas todo el día clavando palitos en el suelo.
– Intento levantar una barrera. Ya queda poco.
– Pues me temo que esa barrera la puede traspasar cualquiera. No levanta un palmo del suelo y entre tabla y tabla has dejado medio metro de distancia.
– Claro. Así también puedo salir yo cuando quiera.
– Nunca te entenderé, querido.
– Porque nunca has sabido si estabas dentro o fuera. Tal vez deberías prestar algo más de atención.


oct 14 2010

Odio (2)

– No, no tienes razón. Soy mucho más normal de lo que dices. Nada del otro mundo. Que Dios te bendiga. Y tú pon de tu parte y no hagas locuras.
El muchacho se levanta. Sale de la habitación y, al llegar a la puerta principal, no puede aguantar. Aprieta los dientes y golpea con el puño cerrado la pared. Piensa en tirar fuerte de las mangas de la camisa hasta arrancarlas, en hacer un destrozo con las figuras que adornan el mueble del recibidor. Levanta los brazos a la altura del pecho, con las palmas de las manos hacia delante. Expira con fuerza. Una, dos veces. Toma aire. Abre y cierra con suavidad. Baja las escaleras con lentitud. Es la primera vez que comprende lo que significa la modestia, la trampa que representa. Terrible y certera. Sobre todo cuando se finge para humillar.
En la habitación, el padre abre su libro. En el margen la página que va a leer anota. Los jóvenes ven grandeza donde sólo hay cansancio incapaces de acariciarla sobre sus hombros.


sep 30 2010

Sobre las pesadillas de un escritor

– Vamos a ver. Si no guardamos silencio, aquí no se va a enterar nadie de lo que digo. ¿Ya? Muy bien. Tenemos esto a reventar. Sólo se quedarán los condenados al fuego eterno. El resto se van a reencarnar. Silencio, silencio, coño. No haber sido tan cabrones. Son las nuevas directrices. Podéis elegir de la lista que veis a mi espalda una forma de vida nueva. Como volveréis por aquí, ya veremos si se ha solucionado el asunto del espacio. Venga, voluntarios para orugas. Vaya, nadie quiere ser oruga. Voluntarios para merluza. Tampoco. Pues nada, de aquí para allá, orugas. De aquí para allá, merluzas. Y ese grupo de allí; sí, sí, los escritores; os quedáis ahí hasta que os diga.
– Joder, fijo que nos meten en una caldera especial o nos convierten en sabandijas.
– Calla, no vayamos a ponerle de mala leche.
– Venga, los escritores. Venid conmigo. Satán quiere hablar con vosotros.
– Así que estos son los escritores. Muy bien. Que levante la mano quien se haya dedicado a la novela rosa, a los best sellers y los que han ido de escritores para vivir por la cara. Tú, levanta la mano. No seas tan listo porque aquí lo sabemos todo. A estos los quiero en una mina. Y que no se mueran en menos de ochenta años. Los que quedan me los ponéis a funcionar en el polo. La tinta que no la caten. Sí, de esquimales o de focas o de lo que te salga de los huevos. No, no, a ese le dejas a solas conmigo. Adiós, queridos amigos. Espero que tengáis una vida de mierda.
– Oiga, Satán, que yo no necesito nada especial. El polo me va bien.
– No, tú te vas a dedicar a escribir otro poquito. Sesenta o setenta años. Sin ningún éxito, sin que nadie sepa quién eres. Tendrás ideas que no lograrás explicar. Aquí se castiga a los malos. Y no se me ocurre cosa peor.
– ¿No hay un hueco en el fuego eterno? No me importaría y no quiero causar molestias.
– Arrivederci, Ramírez.


sep 22 2010

La mañana del revés

– Acaba de anochecer, dice ella mientras se frota los ojos con los dedos.
– Pero si son las nueve de la mañana, contesta él mientras se rasca la entrepierna mirando el reloj digital que está sobre la mesilla.
– Vivimos en nuestro mundo particular, tú y yo, eso que tanto deseabas ayer, eso que me decías antes de invitarme a follar. Lo querías y ya lo tienes. Tú y yo solos, amándonos toda la eternidad.
– Joder, era un decir. ¿Cómo se puede arreglar esto?
– Fácil, levanta la persiana, pon el reloj en hora. Luego dejas las llaves sobre la mesa del salón. Y, para acabar, te vas con tu mamá. Para siempre. Y no, mejor, te vas con tu puta madre.


sep 15 2010

Lucha de titanes (2)

– Vaya, parece que has decidido pagarme la cuenta. Buen chico.
– No, he venido a pedirte que echemos un polvo.
– Ni por todo el oro del mundo.
– Ten cuidado con lo que dices. Todos tenemos un precio.
– Lo que tú puedes pagar no da ni para que me toques el culo, capullo. Bueno ¿qué hay de ese amor a primera vista del que hablabas?
– Quise decir que llevo tiempo sin darme un revolcón. Al verte maquillada como una puerta pensé que esconderías complejos y eso. Pura comodidad.
– Gilipollas.
– Bah.