- Te odio. Detesto lo que representas. Y te deseo lo peor que alguien puede llegar a imaginar.
- Ni eres la primera ni serás la última.
- ¿Te sientes orgulloso de algo así? No tienes buen fondo. Eres muy malo.
- No, no me siento orgulloso. Pero te recuerdo que la que odias, detestas y pides una hecatombe, eres tú.
- No, si al final seré yo la culpable. Que cara más dura.
- Cada barco debe aguantar su vela. Son las reglas del juego, querida.
- Falta un disco. El que compré el mes pasado. Y todos los recuerdos.
- Si quieres los tuyos tendrás que devolverme los míos. Y todo el amor que sentí por ti.
- ¿Amor? ¿De qué recuerdos crees que hablaba? Me refería a las fotos y cosas así.
- No me extraña que quieras dejarme. Somos de mundos diferentes.
- No, somos del mismo, pero te empeñas en decir tonterías y convertir las cosas en quimeras.
- Tu disco está en el mueble de la entrada. Donde lo dejaste. Junto a un sobre que te parecerá que está vacío, pero que está lleno de recuerdos. Adiós, querido. Adiós.
Las imágenes y archivos de audio y vídeo que aparecen en este blog han sido incluidos en él por motivos ilustrativos o didácticos, sin ánimo de lucro, bajo el término del uso razonable.