mar 15 2010

Almas

Si alguien se acerca susurrando algo, si toca un hombro con delicadeza o mira con tranquilidad esperando (sin esa violencia con la que queremos hacer cualquier cosa, incluso soñar), si alguien es capaz de hacer eso, el mundo se detiene en el sentido. En el propio, en el que recibe un gesto único, un sonido que protege de cualquier otro, el olor tenue de una vida entera, infinita. El universo encerrado en la pupila, en la punta de la lengua, sobre la piel que se agrietará sin olvidar nunca más.
Si alguien se acerca envolviendo ahora, devolviendo cuando toca, rescatando, protegiendo, cubriendo el mundo con su gesto enorme y poderoso; es el momento en el que se descubre que las palabras están llenas de significado. Un alma en la que no crees toma la forma del incrédulo que puede amar, llorar, odiar o reír sabiendo que la mentira era la soledad.
Sea lo que sea, tenemos alma. Efímera o eterna. Eso es igual. Dormida, esperando a descubrirse. Con un susurro. O una caricia.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


Bill Evans – Elsa

http://www.listengo.com/playernuevo.swf


mar 14 2010

Vida enlatada, muerte encajonada

Trece de marzo de dos mil diez. Vuelo I Be cero nueve cinco dos. Salida desde la terminal te cuatro del aeropuerto de Madrid – Barajas. Destino: aeropuerto Tenerife norte…
No me gusta volar. Nunca me ha gustado y, por más que lo hago con frecuencia, no me termina de convencer eso de meterme dentro de un motón de piezas ensambladas y pilotadas por alguien que no conozco de nada, para ir de un sitio a otro. Pero hoy me gusta mucho menos.
Al llegar alquilaré un automóvil. Sin ganas, conduciré hasta El Palmar (es un barrio de Buenavista del Norte, localidad del norte de la isla). Allí he escrito buena parte de mis novelas. Y si tuviera que elegir un lugar para vivir (aparte de Madrid) sería ese. Buena gente, buen clima, la mezcla perfecta entre playa y montaña, tranquilidad. Sin embargo, hoy no quiero llegar, hoy no. Lo que me espera es un amigo muerto. Mi buen amigo Coromoto (qué nombre tan extraño para un tipo tan sencillo) ha cuidado siempre de mi familia y de mí mismo mientras hemos estado por esas islas pasando temporadas de verano. Está muerto. Ni siquiera sé qué ha pasado, cómo ha sido posible algo así, qué hago encerrado en este maldito avión.
El viernes, muy pronto por la mañana, comencé a recibir llamadas telefónicas. Me quisieron avisar todos los amigos comunes. Araceli (desde el otro lado de la isla) me avisó la primera. Cuando colgué no supe qué hacer. Tristeza, conmoción, ganas de llorar. Y, ahora, estoy metido en un avión, pasando un mal rato por volar, sabiendo que pasaré un día entre gente apenada por la falta, con la mirada perdida entre los recuerdos, entre las cosas que han dejado de hacer o decir y que nunca podrán resolver con quien correspondía. No quiero llegar porque temo ver a Cati (su esposa) y me aterra no saber qué decir ni qué hacer. La muerte desde lejos parece poca cosa. Sin embargo, sé que estaré sentado –otra vez- a su lado. La veré enorme, poderosa.
Empiezo a estar harto de que se me mueran alrededor. La fatiga ya empieza a ser insoportable. De verdad.
En casa se han quedado tristes. Mucho. Me han cargado de besos para repartir entre los vivos. Pero con una sonrisa dibujada al pensar en él. Espero que a los niños les quede ese recuerdo entrañable de Coromoto cantando mientras comíamos arepas, de Coromoto gastando bromas, imitando el timbre de voz de “los godos”, contando historias sobre espíritus que tanto inquietaban a todos. Qué buen tío era, joder. Y ahora está muerto, metido en una caja sin moverse, sin poder decirme nada cuando llegue. Ni yo a él.
Allá en El Palmar estarán tristes. Y me llenarán de besos para repartir entre los vivos al regresar a casa. Besos tristes.
Hoy todo es triste.
Trece de marzo de dos mil diez. Vuelo I Be cero nueve cinco tres. Salida desde el aeropuerto Tenerife norte. Llegada a la terminal te cuatro del aeropuerto de Madrid – Barajas…
Él ocupa la butaca veinte de. Yo ocupo la veintiuno ce. Debe tener tres o cuatro meses por lo que comparte espacio con su madre. Yo tengo cuarenta y seis años. Por no tener no tengo ni compañero de viaje. La butaca de mi izquierda se ha quedado vacía. El bebé se acaba de poner hasta las trancas de leche materna. Los carrillos rojos como tomates, cara de satisfacción y expulsando aire por cualquier orificio que sirva para ello. Hasta arriba, vaya. Yo apenas he comido. Ya lo haré cuando esté en casa. Cuando la tripulación se lanza por los pasillos a vender comida barata a precio de oro pienso en buscar la cazadora en el portaequipajes, la cartera en la cazadora, el dinero en la cartera. Y siento pereza. Estoy muy cansado. Derrotado. El enano de la veinte de me mira y ríe moviendo las manitas. Le pongo caras, le guiño los ojos, le saco la lengua. Nos reímos. Le dejo mi pluma. La muerde, la chupa. Mientras, escribo con un bolígrafo que siempre llevo de reserva. Supongo que por si encuentro bebés por el camino.
Escucho música, escribo, trato de olvidar un día cansado, lleno de abrazos. Un día en el que he visto con claridad lo que representa un padre en la vida de los jovencitos, un marido para una esposa enamorada. Y he comprobado –una vez más- qué es lo que supone perder a alguien al que quieres.
Sé que un escritor no debe escribir cuando no tiene una perspectiva clara sobre lo que quiere contar. Así que evito una sola línea sobre las ideas que me vienen a la cabeza y que ya tendré tiempo de ordenar. Es el momento de pedir al enano (de la veinte de) que me devuelva mi pluma, guardar mis cosas, cerrar los ojos tratando de descansar y pensar en Coromoto. Eso lo puede hacer cualquiera, incluso un escritor. Antes de acomodarme miro al enano. Duerme. ¿Con qué soñará un niño tan pequeño? Cuanta vida y cuanta muerte encerrada en cajas, en latas que vuelan.

© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano
(Ni siquiera sé por qué elijo esta canción. Pero escucho vida en ella y aquí la dejo)
prefab sprout – cars and girls

http://www.listengo.com/playernuevo.swf


mar 11 2010

Ya está aquí

Mil novecientos setenta y cuatro. Yo tenía algo más de diez años. Fue la primera vez que lo sentí. Estaba sentado en una silla de la terraza. Supe que iba a pasar. Muy poco después ocurrió tal y como lo había imaginado. Desde aquel día presiento todo lo que sucede cerca de mí y que es algo extraordinario. Se trata de una sensación muy extraña, como si me arropasen con algo tejido con hilos de lo futuro, con sus ruidos, con el nombre de los que estarán, con sus olores. Ya sé que suena a locura, a disparate, lo sé, pero es así.
A veces me ocurre también con las cosas pequeñas. Hubo un tiempo que mis compañeros de trabajo me preguntaban cada mañana si íbamos a tener algún follón ese día o la cosa estaría tranquila. Pero, casi siempre, me sucede cuando se aproxima un acontecimiento importante e imprevisto.
Hace un par de semanas lo noté. Sabía que estaba de camino. Y no me gustó ni pizca. Sin saber de qué se trataba supe que no podría ser nada bueno. Siempre aparecen pequeñas señales unos días antes. Llegan como lo harían las estrellas fugaces antes que un gran meteorito para destruir la tierra.
Y ya está aquí. Pasajero como todo en esta vida, doloroso como todo en esta vida. Irrelevante al fin y al cabo. Pronto será un recuerdo, algo que modificó el rumbo de mi existencia levemente. O por completo. Ya lo veremos.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


Bill Evans – Autumn Leaves

http://www.listengo.com/playernuevo.swf


mar 7 2010

Imbéciles

He tenido la fortuna de conocer gente realmente imbécil a lo largo de mi vida. Fortuna, sí. Saber exactamente lo que no debe hacerse bajo ningún concepto es una ventaja muy importante. Los imbéciles (al menos con los que he topado) suelen ser gentuza. Su mediocridad, su inseguridad, todas sus miserias, las vuelcan sobre los demás intentando que no se vean con claridad todos sus defectos. Hacen infeliz a mucha gente sin lograr sentirse bien con ellos mismos. Son imbéciles y estúpidos. Me los he encontrado en muchos lugares y con diferentes apariencias (de escritor, de cura, de padre e hijo, de empresario, de currante amargado o de adolescente con dinero). Los hay por todas partes. Y son muy peligrosos porque, además de arrasar lo bueno que encuentran en su camino, creen tener razón arropándose con su propia imbecilidad. No negaré que alguno desarrolla cierta astucia al rodearse de algunos mucho peores que él mismo como forma de supervivencia. Ahora bien, antes o después terminan donde corresponde. Suelen ser cobardes y eso se paga caro.
Esta gentuza intenta hacer picadillo a todo aquel que destaca por su brillantez. Lanzan contra ellos a un ejército de pusilánimes que jamás soñaron con ostentar cierto poder e incapaces de ver que lo que realmente ocurre es que son utilizados como perros de presa de otros menos idiotas que ellos mismos. Por ejemplo, ese compañero que no sabe hacer la o con un canuto y al que nombraron jefe de no sé qué, ese hijo de un jefe que nunca se irá a casa jubilado sin el temor de ver a su hijo hundiendo la empresa o siendo el hazmereír. Gentuza envueltos por gentuza. Todos quieren parecer menos imbéciles de lo que son. Son imbéciles, estúpidos y peligrosos.
Crecen en número, ocupan lugares de cierta importancia en empresas y partidos políticos, aparecen en la televisión, parecen importantes. Nombran a otros imbéciles. Y el resto a currar. Porque son imbéciles, estúpidos, peligrosos y muy, muy vagos.
Pero ¿Cómo es posible esto? ¿Qué está pasando para que el mundo esté en manos de estos personajes? Es mucho más sencillo de lo que puede parecer. La gente dedica su tiempo a disfrutar de la vida, a cuidar de su familia, a pensar, a trabajar sabiendo que en eso no le va la vida. Mientras los imbéciles se dedican a intrigar, siembran cizaña, no ven a sus hijos a costa de amasar algo de poder y procuran ganar un dinero que no gastarían ni siendo normales. Más tarde se juntan y violà.
Pero tengo malas noticias para todos ellos. Se mueren igual que los demás, su dinero termina malgastado por sus hijos (esos a los que maleducaron) en puticlubs y casinos, todo lo que destruyeron se vuelve contra ellos. ¡Criaturitas! Hay que ver lo imbéciles que pueden llegar a ser.
Tenía ganas de dedicar un texto a todos aquellos que me han ayudado a prosperar en la vida, siendo tan generosos conmigo, al mostrarme cuál era el camino equivocado (me refiero a los idiotas y lo aclaro porque no terminarán de entender todo esto). Y qué mejor forma que describirles con todo mi cariño. Si alguna de las personas que ha leído esto se ha visto retratado que no lo dude, es uno de ellos. Sé que me leen. Son tontos hasta para eso y necesitan motivos para odiar (me). Para todos vosotros, majetes.


mar 6 2010

Golpes de timón

Los caminos que hay que recorrer tratando de llegar a ser honesto son, muchas veces, extraños. Y, lo peor, es que uno (el que camina hacia ese encuentro consigo mismo) sabe lo que hace, pero el resto no, llevándoles a pensar de forma errónea, a interpretar cada movimiento como una mezquindad, una traición o una falta de educación colosal.
Me considero campeón del mundo en hacer quiebros al destino intentando no traicionar mis principios. Me considero campeón del mundo en confundir a otros mientras doy golpes de timón sin explicación alguna. Al fin y al cabo estoy convencido de que todo en la vida debe plantearse a largo plazo, que su verdadero significado (el de la vida, el de las cosas que acompañan) aparece en su justo sitio llegado el momento. En el exacto. Ni antes ni después.. Pero, por fortuna, también me considero campeón del mundo en tener claro (muy, muy clarito) lo que es bueno, lo que es una cabronada, lo que debo hacer o lo que tengo que evitar sea como sea. Tengo claros mis principios, mi ideología, dónde está el final del camino que tracé tiempo atrás y del que no puedo, ni debo prescindir. Pase lo que pase, el camino está dibujado. Es verdad que durante el viaje tendré que modificar esa curva tan peligrosa o acortar una recta eterna y aburrida. Eso es verdad, pero lo fundamental no variará. Principio y fin. Yo y lo que creo que es la honestidad.
Sé que para algunos los movimientos que hice, que hago y que tendré que realizar en el futuro son completamente absurdos, insultantes, cobardes o crueles. Sé, también, que los que me acompañan ya entienden que el que los hace es el mismo individuo antes, durante y después. El que conocieron. Me difumino, me diluyo, desaparezco y vuelvo al lugar que toca siendo yo. Aprendí hace mucho tiempo que, casi siempre, para evitar males enormes es necesario un daño circunstancial, de los que tienen solución con una charla o un beso. Los que me acompañan han aprendido a no llevarse las manos a la cabeza sino a esperar preguntándose qué coño me pasará esta vez.
A cambio, procuro hacer lo mismo con ellos. Dejo que se alejen tanto como quieran. Ya volverán. La vida es larga y si se acaba de forma inesperada no pasa nada. Para eso tenemos la eternidad.
Digo todo esto porque andaba pensando que eso de la honestidad pertenece al individuo. Es él quien la ejerce y nada ni nadie se la puede robar. Si no existe voluntad de perderla no hay posible extravío.
La vida es un recorrido que se realiza en solitario, que adornamos con amores, paternidades o grandes amistades, pero cosa de cada cual.
La vida soy yo, mis objetos, mi insignificancia en el cosmos, mis principios, mi forma de entender las cosas, mis personajes, mis convicciones, mis creencias religiosas. La vida soy yo. Y la compañía de todos.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

feb 27 2010

Cumpleaños (2)

Algunos de mis lectores me han comentado en alguna ocasión que mientras leen escuchan la música que elijo para cada texto, otros que primero leen y luego escuchan. Los hay que sólo visitan esta página para escuchar algo. En cualquier caso, la música ha sido tan importante en este blog como la propia literatura o las reflexiones personales de su autor. Esto es algo que me agrada especialmente. Era la idea principal cuando grabe los textos que estuvieron tanto tiempo en el blog de la Escuela de Letras y el primero aquí en La vida del Revés.
Cada canción fue escuchada en el momento de escribir. De forma obsesiva (como cada cosa que hago, ya conocen mi bipolaridad y mi frágil estado emocional). Muchas de las ideas que aquí he dejado escritas no hubieran madurado lo suficiente sin esa música.
Tiendo a exagerar casi todo lo que hago. Hoy comienzo a celebrar el cumpleaños de mi blog y el mío propio. Antes de tiempo. Y no pienso dejar sin su parte a los que me han ayudado tanto desde que La Vida del Revés comenzó a ser lo que es.
Tenía pensado publicar una serie de canciones que me gustan de forma especial. Sólo. Pero me parecería injusto que no las acompañasen los nombres de las personas a las que dedico cada día mi escritura. Sé que olvidaré algún nombre. Pero también sé que me sabrán perdonar los ignorados.

Silvia, Gonzalo, Guillermo, Guzmán, Gimena

Diane Schuur & B. B. King – You Don´t Know Me

http://www.listengo.com/playernuevo.swf

Michela, Teresa, Isabel, María e Irma

The Peter Malick Group Feat, Norah Jones – New York City

http://www.listengo.com/playernuevo.swf


Carmen Neke, Edda, Ginebra, Núria

tom waits – all the world is green

http://www.listengo.com/playernuevo.swf

Pepito Grillo, Rosalía García, Alix Rosales, Ana María Aguayo, Ana María Lozano,

Marian León, Merche Polo, Alejandra Moglia, Enza Bellorín

Bird york – In the deep

http://www.listengo.com/playernuevo.swf

Núria Alba



Matt Bianco – Say The Words

http://www.listengo.com/playernuevo.swf


Araceli, Pilar Ysasi-Ysasmendi, Svor

Al Cohn and Zoot Sims – Emily

http://www.listengo.com/playernuevo.swf

Marta (Poma)

Bill Evans – Spartacus Love Theme

http://www.listengo.com/playernuevo.swf

Carmen García Vega, Inés Chaochun, Fanny Gallardo, Paula María Vila, San y Marta Bouza Paadín, Susana Muñoz, Marga Orri, Carlota Montemayor

Richard Galliano – Waltz for Debbie

http://www.listengo.com/playernuevo.swf

Loreto

Charlie Haden – Everytime we say goodby

http://www.listengo.com/playernuevo.swf


feb 21 2010

Ni un gramo menos

Mi hermano cumpliría hoy cincuenta y dos años.
Me he levantado como cualquier otro día. No lo recordaba. Hace unos años no me lo hubiera perdonado, igual que no me perdonaría sentir el más mínimo remordimiento por olvidar que hoy era su cumpleaños. Ya sufrí todo lo que fui capaz de soportar.
Me parece que es muy sano afirmar que él está muerto, que yo no lo estoy, que por más que me revele contra eso nada va a cambiar. Y no por ello le hurto un gramo del amor que le tengo.
Sí que me hubiera parecido feo no felicitarle. Por eso lo estoy haciendo ahora mismo, dedicándole estas líneas. No se me ocurre una forma diferente, ni mejor, de hacerlo. Escribiendo y escuchando la música que tanto le gustaba.
Pues eso, Antonio, que muchas felicidades.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


feb 14 2010

Domingo y 14 de febrero

Hoy, los propietarios de los grandes almacenes se frotan las manos pensando en la recaudación que conseguirán gracias a los jóvenes enamorados, enamorados que lo fueron e intentarán regresar por un camino olvidado aunque sólo sea por unas horas, falsos enamorados que querrán dar un espaldarazo a su mentira, enamorados solitarios que seguirán enviando su regalo a alguien que entregará el suyo a otra persona sin entender que alguien pueda amar desde el anonimato.
De parte de los verdaderos enamorados recibirán poca ayuda (los propietarios de los negocios). Esos no tienen nada que regalar. Igual que los que no están enamorados. Ya lo dieron todo cuando tocaba. Y lo siguen haciendo, pero no en forma de corazón o margarita, sino siguiendo en su sitio. Si alguien necesita un día al año para demostrar algo así es que tiene un problema.
Sería más justo entregar un premio a los que aguantan, día a día, un problema tras otro sin mover un músculo, a los que son capaces de perdonar cosas que, en realidad, son imperdonables, a los que sabiendo que hay una vida mejor deciden que eso sería una aventura que dejaría muchos heridos por el camino y se quedan al lado de otro que mira al frente junto a él. A esos que no presumen de estar enamorados porque no lo están, pero saben hacer felices a otros a costa de parte de su propio bienestar.
Estos premios no existen. Sólo se otorgan en la intimidad. Y nadie los entrega. Se piensan, se guardan en algún sitio donde no molesten más de lo necesario y ni siquiera se disfrutan.
Pero vaya, que disfruten del domingo.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


Nat King Cole – L-O-V-E

http://www.listengo.com/playernuevo.swf


feb 10 2010

Escapismo no tan absurdo

(Nota escrita en el autobús. Me daba pena deshacerme de ella y aprovecho para endilgársela a los dos o tres lectores que tengo).
¿Por qué me cuesta tanto esfuerzo saludar a un conocido cuando me lo encuentro por la calle? Un movimiento de la mano, enarcar las cejas sonriendo o decir hola sería suficiente. Sin embargo, soy capaz de cruzar de acera para no hacer ese mínimo esfuerzo.
Tal vez sea a causa del miedo, del temor a tener que comunicarme con otro ser humano. Quizás tenga que ver con no tener nada que contar, ni siquiera que estoy bien o mal. Es posible que la razón se acerque a sentirme feucho o hecho unos zorros o a estar escuchando mi canción preferida o a pensar en algo que me interesa y que trato de ordenar.
Sea cual sea la razón, evito un ademán y, según lo hago, me siento estúpido. Algo tan pequeño me convierte en un enano detestable. Por supuesto, si percibo que alguien hace algo parecido a esto que cuento, inmediatamente, pienso que el que cruza la calle es un idiota.
¿Qué es lo que quiero ocultar cuando evito a alguien del que no me separan grandes problemas o una discusión? ¿Tengo algo que quiera mantener oculto tan importante como para hacer el ridículo de esa forma?
Seguramente nada. El problema está en otro lugar. Ahora que leo lo que voy escribiendo (escribir es una forma de ordenar lo pensado, de explicarse lo que sucede) entiendo algo de lo que procuro decir. Lo que no quiero es dejar de mirarme, de pensar eso que me preocupa y que suele coincidir conmigo mismo. Siempre que reflexiono tengo la sensación de hacerlo sobre mí, incluso cuando el vehículo son otros u otras cosas no pierdo de vista que allí estoy yo (como cualquiera). Son tan pocas las ocasiones que tengo para hacerlo que cruzo las calles que es un primor. A veces, sería capaz de cruzar el océano Atlántico para poder seguir dedicándome algo de tiempo. Cualquier estímulo que viene de fuera me perturba cuando pienso.
Los que me conocen estarán pensando que miento porque saben que escribo rodeado de niños, en la cocina o en una cafetería. Pero no, no estoy construyendo un embuste. Cuando me siento a escribir tengo muy claro lo que quiero decir y cómo quiero hacerlo, qué necesito explicarme si no he sido capaz de comprender dando vueltas a la idea o a la imagen. Ya está todo pensado antes de coger la estilográfica. Creo que es esa la forma de hacer las cosas.
En fin, que pienso seguir huyendo de saludos innecesarios. Aunque seguiré mirando con cara de pocos amigos a los que lo hagan siendo yo la víctima. Y ya saben, si algún día me pescan escribiendo en una cafetería pueden interrumpir tantas veces como quieran.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


feb 7 2010

Gente Corriente

La gente corriente quiere ir de compras, no pagar mucho por su hipoteca, ver un buen vídeo la tarde del domingo o poder salir a cenar fuera de casa de vez en cuando. Cosas de ese estilo. Alcanzar la verdad absoluta (si es que eso es posible), reflexionar sobre la trascendencia de su ser o intentar saber si Dios creo el mundo y deja que se haga añicos como si no pasara nada (esto se lo creen unos y lo niegan otros sin más), importa bastante menos. Estos asuntos se los dejan a los cuatro o cinco que toman por locos o por inmensamente listos o por inmensamente tontos.
La gente corriente dedica su tiempo a trabajar, a estudiar, a sufrir, a preocuparse por sus hijos, a cabrearse con ellos, a reír y a llorar. Dejan que sean otros los que se ocupen de sí mismos. Otra cosa les parecería un auténtico aburrimiento.
A mí me gusta la gente corriente. Y, encima, es el grupo más numeroso de todos, donde mejor se puede elegir. Si te equivocas tienes recambios a diestro y siniestro. Me gusta esta gente porque hacen del mundo un lugar agradable, simpático. ¿Puede alguien imaginar un mundo en el que todos nos preguntásemos sobre si Dios es uno y Trino? Menudo tostón.
La pena es que el mundo no lo domina esta gente tan corriente y tan simpática. No. El mundo está en manos de gente mediocre. Esos me caen peor. Imponen su ley desde los medios de comunicación (generalmente mediocres), desde el dinero, la abundancia y la idiotez. Los corrientes, los locos, los increíblemente listos, casi todos, se encuentran envueltos en ese mundo pintado a base de brochazos carentes de talento aunque muy caros y muy de marca.
Digo todo esto porque hoy me han dado una alegría. Me han dicho (alguien tan normal y corriente que parecía humano) que lee este blog porque le resulta agradable acercarse a mis cosas sin necesidad de jurar haber leído a Faulkner o tener que atarse una escoba a la espalda para parecer muy digno antes de leer uno de mis textos.
Me han llamado de todo en mi vida. Cosas horribles, cosas rodeadas de almíbar que daban asquito. Pero normalucho, corriente o algo parecido, jamás. Y esto me alegra mucho. Pero mucho, mucho.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano