jun 13 2010

San Martín para todos

Hoy celebramos con la familia el cumpleaños de Gonzalo Ramírez. Dieciséis años. Los cumplió el pasado día nueve, pero es hoy cuando le visitarán y le regalarán. Él suma dieciséis, yo un millón más o menos. Creo que le pasa a todos los padres del mundo. Cada año de un hijo pesa mucho más que trescientos sesenta y cinco días, mucho más. Te hacen un poco más viejo de lo que toca y bastante más incrédulo al pensar en cómo pasa el tiempo. Pero eso, fiesta, tarta y regalos. Es lo suyo.
El verano quiere llegar aunque las tormentas lo empapan todo. Eso y una temperatura mucho más agradable que otras veces a estas alturas del año. Esta crisis que amenaza con arrasar el sistema capitalista (una pena que no acabe con él para que pudiéramos empezar de nuevo, desde cero, acabando con una clase política patética, un sistema empresarial que se pisotea a sí mismo, reconvirtiendo a las clases medias en personas con una vida razonablemente feliz y dando a los bancos el puesto que les toca y no el de dioses intocables), la crisis, decía, debe ser que afecta a la mismísima naturaleza. Aunque, quizás, lo que está en crisis es el propio mundo e intenta explotar de una vez por todas.
Pero nosotros seguimos a lo nuestro. Nuestro dinerito, nuestro bienestar, nuestro corralito. Este es el mundo que les dejaremos a nuestros hijos. Menuda mierda.
Somos un rebaño que causa estupor. Nos están vendiendo que el mundo corre peligro porque el sistema financiero también lo corre y nadie mueve un dedo. Nos han estafado, muchos se han convertido en millonarios gracias a lo que nos han robado, millones de niños mueren al año de hambre, la desigualdad social en el mundo entero es terrible, y nos dicen que hemos hecho las cosas mal. Pues no. Aquí lo único que pasa es que los que más tienen quieren seguir teniendo y nos cargan con el mochuelo a los demás. Unos jetas. Unos mierdas.
Si hubieran repartido el dinero que han entregado a las entidades financieras y a las empresas mal gestionadas entre los ciudadanos de todo el planeta (sí, sí, africanos, europeos, americanos, oceánicos y asiáticos) seríamos millonarios (hagan cuentas con la información que encuentren en la red sobre esas cantidades). Esto es un asco. Hemos tenido que ayudar a los que nos roban bajo amenaza de ruina total. Hay que joderse. Lo dicho, esto es una mierda.
El nivel cultural de la población es preocupante. Es verdad que nunca hubo más universitarios que ahora, es verdad que la escolarización en algunos países es casi total, pero ¿de qué sirve tener gente en la universidad tragando como un pavo lo que escucha y sin pensar? Y eso es lo que nos convierte en una manada inofensiva. No hay pensamiento y la persona desaparece. No hay pensamiento y los cuatro mediocres que han sido hábiles o han tenido un golpe de suerte o han robado (esto, esto) manejan el mundo a su antojo. Pero nosotros no decimos ni hacemos nada porque no pensamos más que en nuestro bienestar. Un bienestar que significa levantarse todos los días para trabajar, poder tener ropa cara y comer caliente. Una mierda. Que es una mierda, coño.
Ahora bien, a todos los cerdos les llega su San Martín. Todos nos veremos en el puto infierno. Me gusta mucho la idea de cocerme por los siglos de los siglos en una caldera junto a Bush, Aznar, Zapatero y Obama. Y no descarto encontrarme con el Papa, el Dalai Lama y los predicadores televisivos del mundo entero. ¿Para qué querrá tanto dinero la gente, para qué querrán tanto poder? ¿Se les ha olvidado a todos estos que la van a a palmar dentro de un rato?
Pues ya he soltado lo que quería. Ahora voy a cantar el cumpleaños feliz a mi hijo Gonzalo. Y me lo pienso pasar de rechupete. A pesar de todo. Al fin y al cabo, yo duermo muy tranquilo y no tengo ningún miedo al infierno. Son estos mierdas los que creen que antes de llegar podrán negociar con su dinero si les cuecen más o menos. Y, que va, estos van a la cazuela común como está mandado. Ellos por ladrones y desalmados. El resto por pringados.


may 21 2010

Soledad deseada o no

No creo que exista algo más placentero que la soledad deseada. Eso que te protege del mundo cuando todo se hace hostil, incómodo o ajeno. Eso que te permite sentir que yo soy yo, que lo importante tiene que ver conmigo porque si falto el resto desaparece por siempre jamás.

Querer estar solo, ser solo Llega en el momento de asumir algunas cosas como lo que son, estafas que se convirtieron hace mucho tiempo en forma de vivir.
¿Qué es eso de amar sin límites, amar sin esperar nada a cambio? ¿Qué es eso de entrega total cuando se ama? Si no se ama de esa forma ¿no es amor lo que se maneja? ¿No será que el amor tiene más de nuestra propia vocación (el deseo de ser infinitos cuando somos todo lo contrario) que ese ser por otro o por cualquier otra cosa? El ser humano quiere ser por siempre, por eso se reproduce, por eso quiere a uno y no a otro, por eso desea ser más. Podemos disfrazarlo con amores enormes, con trabajos titánicos, pero lo que queremos es perdurar de forma constante.
Si alguien se plantea algo así necesita de la soledad. Cuando asaltan las dudas, cuando nos planteamos los porqués. ¿Qué pinto yo intentando tener importancia en este mundo? ¿Dónde me lleva semejante idiotez? La soledad es reflexión, es mirar al espejo en el que se puede ver el mismo cadáver de siempre, el mismo que adoramos con frenesí, ese que es (este sí que lo es) nuestro amor verdadero. La soledad es querer ver siempre un rostro en ese espejo. Cuando no sea el mío que sea el de mis genes ordenados de forma parecida, en un volumen leído por muchos, en un epitafio que resuma un esfuerzo.
La única forma de ser es estar solo. Preguntarse contestando con la siguiente cuestión que aparece obligada. Si llegamos al punto en que una contestación sirve y zanja, el camino fue el equivocado. Soledad es sentir que vives, que mueres, que nada quedará salvo un recuerdo en otro. Soledad es verdad. Es yo.

© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano