jun 12 2012

Como una película de vaqueros

Ahora resulta que en Europa hay dinero para dar y tomar. Eso sí, si se trata de rescatar a los bancos. Para otras cosas lo que hay es miseria y un no rotundo.
Nos dicen que si el sistema financiero se va al garete vamos todos detrás. Y yo pienso que es justo al contrario. Si el ser humano se hace trizas aquí no funciona nada. Y que el el hombre se convierta en una cosa sin importancia es muy fácil, van a terminar consiguiéndolo. Deja de pensar en sí mismo y se acabó. Pero, claro, esto lo dice un españolito de a pie que empieza a estar hasta las narices de que le llamen ignorante cuando trata de encontrar respuestas a preguntas imposibles. ¿Cómo es posible tener cien mil millones de euros para la banca mientras que para crear empleo no hay un céntimo? Si nos dan esta cantidad de dinero ahora ¿por qué no lo han utilizado para formar a millones de parados, para crear esperanzas y generar consumo? ¿No será que están derribando el estado del bienestar sin avisar y sin querer reconocerlo? ¿Es posible que existan pobres cuando esa cantidad de euros pueden aparecer como por arte de magia de un día para otro? Podría estar formulando preguntas de este tipo toda la tarde. Y ni una respuesta.
Resulta que somos afortunados porque tenemos una ayuda económica disparatada. Pero resulta, también, que debemos apretarnos los cinturones porque la cosa está fatal. Esto no hay quien lo entienda. Es injusto, delirante e infame.
Y aquí no pisa la cárcel ni uno solo de los que nos han metido en este lío. Vamos, que ni se dignan en pedir perdón o dar explicaciones. Un señor que mata un elefante lo hace y los que nos van a matar a todos de hambre, de aburrimiento y de miedo, no hacen ni el intento. Cojonudo.
Hace muchos años que nos piden trabajo duro para sacar adelante este mundo de mierda. Como un rebaño lo hemos estado haciendo. Seguiremos. Y esto que parece inofensivo y saludable es la gran trampa. Porque eso lo que proporciona es seguridad en las personas (falsa, por supuesto) y eso es lo último que queremos perder. Nos tienen sin pensar en nada que no seamos nosotros mismos y nuestros ahorrillos. Mientras tanto, se lo llevan en bolsas delante de nuestras narices y cuando hacen un movimiento (por ejemplo, eso de arreglar la banca por el bien de todos; hay que joderse) nos ponemos a hacer la ola. Ya lo he dicho muchas veces; un poco más tontos y nacemos botijos.
En fin, el que escribe mira atónito el mundo sin entender nada. Se hace preguntas sin respuesta. No le queda ni pizca de esperanza. Pero tengo una buena noticia. Cuando ya no queda esperanza en un mundo mejor se pierde el miedo; cuando las personas no sienten miedo se convierten en peligrosas porque comienzan a pensar; están midiendo mal las fuerzas. La historia siempre da la razón al que la recuerda.
Miren, miren. Comprobarán que al final ganan los buenos. Un buen duelo al sol lo arregla todo. Eso sí, hay que echarle un par de cojones. Y, de momento, es lo que está faltando.


sep 29 2010

El papel lleno de garabatos o de palabras

Son muchos los que saben qué significa sentarse en una mesa con un papel en blanco sobre la madera. Mirar y no saber qué decir, no tener nada en la mente que merezca la pena. Muchos. Por ejemplo, los malos estudiantes. Por ejemplo, los que intentan ser escritor sin haber leído más de dos malas novelas en su vida y ninguna buena, pero que deciden pintar la mona llenando de adjetivos y palabras enormes textos vacíos.
Lo que no sabe casi nadie es lo que significa sentarse frente a un papel en blanco y llorar sabiendo que adquieres un compromiso eterno contigo mismo, con la necesidad vital de decir lo que ya vives como inmenso y necesario, con el resto de la humanidad. No se trata de escribir (eso lo hace cualquiera y, casi siempre mal). Lo importante es querer ser escritor, algo que roza la mística y que poco tiene que ver con la publicación de la obra o la lectura masiva de lo escrito. Lo fundamental es necesitar construir, desde el lenguaje, un mundo único en el que se puedan encontrar cosas que otros hagan suyas, en el que se muestren perspectivas originales que aclaren el universo. Eso es hacer literatura. Lo otro es llenar páginas con historias que pueden ser, más o menos, divertidas aunque no aporten un solo matiz al mundo de cada lector.
Escribir es sufrir, descubrir lo más sucio que tenemos en los sótanos, traicionar a los que te rodean, saber que te terminarán odiando unos y adorando otros siempre sin razón, dejar atrás lo que fuiste.
Quizás sea por todo esto (creo en ello sin fisuras) por lo que siento una enorme conmoción al comprobar que cualquiera se cuelga la etiqueta de escritor, que cualquiera cree que eso de escribir es cosa universal. Me resulta indecente. Completamente asqueroso.