ago 9 2010

Quizás sea al contrario

Se mira en el espejo. Un castillo de naipes. Perfecto. Alarga la mano. Encoge el dedo índice y apoya la uña en la yema del pulgar. Sabe que si hace fuerza y suelta el dedo hasta que se estire todo habrá acabado. Su castillo. Y piensa. ¿Por qué no?
Soportan el peso de la baraja el as de picas, el siete de corazones, tres de tréboles, dama de picas, rey de diamantes. Observa con atención. Si una cae arrastrará al resto. Piensa. Familia, dinero, yo, tú, el eterno amor no correspondido, el eterno reproche, lo importante, lo accesorio. Yo.
Presiona con el pulgar. Ahora es cuando el índice sale con fuerza hacia delante.
Las cartas caen. Ya es capaz de ver su reflejo. Nada es como antes. La pregunta era la contraria. ¿Por qué sí?