sep 3 2010

Declaración solemne


En realidad, no existo como el resto de las personas.

Aparezco si tú miras la pantalla y lees durante un par de minutos. Dejas de hacerlo sin pensar en que vuelvo a la nada. Tal vez, alguien te sustituya en poco tiempo. O no.

Sin embargo, tú sigues siendo. Con algo de mí agarrado para siempre en algún lugar de tu pensamiento.

Esa es la condena y la grandeza de un escritor al que leen. Nunca ser. Ser para siempre.