jul 4 2010

Diario de un escritor acalorado (1)

No sé qué pensr. No sé si es el efecto de los tintos de verno, si es un rección propi del clentmiento globl o, simlemente, que lo mío de l cbez se h disprdo.

Intento un último empujón en mi novel unque sin mteri prim es imposible culquier tipo de progreso.

Ls ides est´n donde siempre. Mis estilogr´ficas crgds con su tint (textur y color). Todo en su sitio slvo lo imprescindible. Un vocl h desprecido. No hy form de encontrrl. No dejó not de despedid ni ndie sbe nd de ell. ¿Estr muert? ¿Ser´el principio de un revolución? No me extrñarí nd.

Empezmos muy ml, pero que muy ml. Les mantendré informdos.


dic 12 2009

Nombres (5)

G.
El volcán se encuentra en plena erupción. Han pasado muchos meses desde que la montaña comenzó a escupir piedras fundidas. Cerca de él apenas se puede respirar. Ceniza, vapores venenosos, un calor insoportable. Se ha convertido en un lugar inaccesible.
El hombre se apoya contra unas rocas recalentadas. Se acostumbró, poco a poco, a resistir en ese infierno. Fue el único que quedó atrapado. Y de allí ni se sale ni se entra.
Le lloran los ojos, respira con dificultad, pero respira. Se protege como puede con lo que tiene a mano. Pensó que alguien podría intentarlo por el aire. O por tierra con el material adecuado. Aunque ya no gasta energías en pensar. Ni en eso ni en nada. Ir hasta allí es imposible para cualquiera. Además no hay voluntarios. Se conforma al pensar que, al menos, allí gobierna él. Entre azufre, lava y cenizas, pero él y nadie más.
Una nueva explosión. Un río incandescente que se aproxima con rapidez. Corre. Logra encontrar un refugio seguro.
Mira hacia el lugar en el que antes se veían las sirenas. Oscuridad absoluta.
Se acurruca agarrándose las piernas. Sabe que ya es corto el recorrido. Cierra los ojos murmurando la imposición de no soñar. Esperando que comience un nuevo día.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano