ago 10 2010

Días de lectura. Tragicomedia en dos actos y pico


Acto I: (Una mesa en el centro con dos copas de vino. Un reproductor de música en la esquina. Suena una canción aunque él se acerca y pulsa la tecla stop).

Ella: No sé por qué debería esperarte con un par de copas de vino en la mesa. No sé por qué debería bailar contigo una canción que te gusta al llegar a casa. Yo nunca he sido así.

Él: A lo mejor deberías hacerlo porque me quieres. A mí me hubiera gustado que me recibieran para bailar y tomar una copa. Desde que te conozco. Pero veo que eso no cuenta.

Ella: Si es eso lo que quieres o lo que te enseñan por ahí, es tu problema.

Él: Es verdad, no hay una sola razón por la que debas hacer eso. Me voy a leer.

Acto II: (Una mesa en el centro. Mil cuatrocientas botellas de cervezas vacías. Cuantas más botellas más tragicomedia. Él baila por todo el escenario. Suena una canción aunque ella se acerca y pulsa la tecla stop).

Ella: ¿Se puede saber qué haces?

Él: Bailo, bebo y finjo ser feliz.

Ella: Resultas patético.

Él: Es verdad. Me voy a leer.

Y pico: (Una mesa en el centro. Ni suena música, ni hay botellas, ni nada de nada. Él espera de pie en el centro de la habitación. Llega ella).

Él: Vale, vale. Me voy a leer.


mar 28 2010

Mis diálogos preferidos


Es domingo. Voy a dedicar la mañana a escribir. Y el que quiera la puede dedicar a echar un vistazo a estos textos. Me gustó mucho escribirlos. Por diferentes razones.

Por ejemplo, este lo escribí con prisa. Con la misma con la que llegó la muerte.
Este otro quiso ser una pequeña muestra de lo peligroso que siempre pareció la escritura en cualquier lugar y en cualquier momento. Le tengo un cariño especial.
Probando cosas para seguir con la novela me encontré escribiendo esto. Me gustó mucho escribirlo, pero no pega ni con cola en el conjunto de la obra. Y aquí no se tira nada, así que al blog.
Este último me divirtió mucho. Debe ser por eso que lo recuerdo siempre.
Que lo disfruten.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


mar 27 2010

Tratos (1)

– ¿Por qué quiere matarme? ¿Qué le he hecho a usted? No nos conocemos de nada.
– Soy un sicópata. No necesito razones. Y deja de hablar que me estás poniendo de mala leche.
– Sí, sí tiene razones. ¿Le pegaron en el colegio cuando era pequeño y gordo? ¿Tal vez la tiene tan enana que no se la encuentra? ¿Su madre no le quería?
– Joder, la cantidad de películas para anormales que ponen en la tele. No sigas por ese camino. Es al revés, hombre, deberías decirme cosas para tranquilizarme, o para hacerme sentir mal y que me viniera abajo. Así lo que vas a conseguir es que te meta una ensalada de hostias y te tenga vivo más de lo que desearás cuando empiece mi trabajito.
– ¿Hacemos un trato?
– Me parece bien, pero te diré yo en que va a consistir. Si abres la boca te corto un dedo, uno por palabra. Y si estás callado acabo contigo rapidito.
– Está como una puta cabra.
– Un trato es un trato. Deja de moverte, coño, no vas a romper la cadena, idiota. Así, con la cinta en la boca no volverás a meter la pata. ¿Cómo decías? Ah, sí, está como una puta cabra. Si no me fallan las cuentas son cinco palabras. Este primero. Ahora sí que piensas que estoy loco, ahora. ¿Duele? Pues verás el anular lo que supone. Eso retuércete. Estás poniendo todo perdido. Vamos a ver esos pies. Este. Y ahora este. Y, por fin, este gordote. Ya te he dicho que yo no necesito razones para hacer estas cosas. Y que me estabas cabreando. Mañana vuelvo. Ya verás como se te han quitado las ganas de decir tonterías.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano