abr 22 2011

Como si nada

Hemos paseado por el centro de Madrid. La mundial. Estaba cayendo la mundial. Muchachas extranjeras con sandalias y los pies morados; hombres y mujeres vagando sin procesión que ver; soportales llenos de personas sin refugio posible. Y nosotros paseando por allí como si no pasara nada de nada.
El botín ha consistido en un par de discos y una película que tengo muchas ganas de ver, un perrito caliente para los pequeños y pizza para los dos mayores.
Agua limpia cayendo del cielo, pequeños riachuelos improvisados que buscaban un camino obligado entre bordillos, arrastrando objetos de todos los tamaños. Cientos de grises entrelazados rugiendo y escupiendo miles de litros de agua. De agua limpia. Clara.
Desde niño, me gustan los días de lluvia. Siempre me pareció que el mundo se paraba en seco, que modificaba su aspecto y dejaba de ser lo que era un momento antes. Los colores distintos. La forma de caminar de las personas extraña, como tratando de escapar de sí mismos. El brillo de los edificios sobresaliendo, haciendo bello lo que el día antes parecía una caja de zapatos colocada allí sin ton ni son.
Con las primeras gotas, pecas en el asfalto. Más tarde, el enorme cutis de la ciudad protegiendo cada uno de sus poros, sin distinguir su altura. Otro mundo. Una ciudad regada por la tormenta. Una imagen que solemos ver detrás de un vidrio siempre por limpiar.
Gimena lucía su paraguas con cierta arrogancia. Guzmán buscaba la forma de colocarse exactamente en el centro del suyo. Guillermo hacía cabriolas imposibles con su bicicleta. Gonzalo recibía a su novia que regresaba de pasar unos días en la costa. Nosotros paseábamos por allí como si no pasara nada. Como si el mundo se parase cada cierto tiempo para ser otro distinto. Un precioso día.