ago 1 2010

Evolución

Los recuerdos, poco antes de ser olvidados, nos persiguen con insistencia. Los llevamos próximos hasta que los consumimos. Nos comienzan a molestar estando tan cerca y los devoramos sin pausa. Los tenemos presentes tanto tiempo que, hartos, dejamos que se diluyan en la nada. Ahora, sin importarnos porque nos hicieron infelices hasta el dolor o lograron que disfrutáramos de algo que ya nos sobra por ser usado en exceso. Incluso la felicidad nos aburre.
Por eso los ancianos pierden la memoria con frecuencia. La sabiduría es siempre extraña. Y la ignorancia una carga tan difícil de soportar.