oct 14 2012

Menos que un átomo

Aprendí de mis mayores a relativizar las cosas que me producen una conmoción especial. Todo tiene una cara amable. Hasta lo que puede parecer más trágico o un verdadero desastre se puede observar desde un ángulo que alivia el efecto. Saber buscarlo es complicado, inventarlo una última solución. Y si no hay cara amable que valga, ni se puede inventar, lo mejor es plantearse las cosas mirando un poco más allá de lo que acostumbras.
Estos días los medios de comunicación hablan y hablan de la independencia de Cataluña, de la del País Vasco. Los políticos dicen cosas incomprensibles unos, lesivas otros. Parece que esto es lo más importante que hubiera pasado en nuestras vidas.
Sin embargo, hoy pensaba en lo que representa todo esto. Del total del cosmos la tierra debe representar algo así como lo que representa un átomo en la tierra. El País Vasco o Cataluña se pueden asemejar por su extensión a un átomo en medio del universo. Y cualquiera de nosotros debemos tener una pinta de lo más ridícula frente a cualquier cosa que ande suelta por el espacio exterior. Lo que quiero decir es que el problema vasco, el catalán, los de Toledo, la energía atómica, el calentamiento global o el agua de Marte no tienen más importancia de la que queramos darle. ¿Le importa a usted más la muerte de un político independentista que la suya propia? ¿Aún piensa alguien en este planeta que estas pequeñeces van a salvarnos de una destrucción segura o va a servir para que la raza humana mejore? ¿Tiene este asunto tanta importancia como para que malgastemos nuestro tiempo en maldecirnos unos a otros cuando nuestro hábitat se está quedando en los huesos?
Haga una prueba. Apunte en un papel lo que más le importa y lo que piensa que puede cambiar el rumbo de una civilización que se autodestruye de la forma que lo hace la nuestra. La independencia de un terreno enano de tierra será difícil que apreca.
Encabezará esa lista usted mismo. Los más cercanos serán apuntados para poder dormir sin remordimientos de conciencia. Y lo demás será una declaración de intenciones que no le importará a nadie salvo a uno mismo. El ser humano es así.
El hombre desaparecerá del planeta pensando que sus problemas son los más importantes. Desaparecerá sin entender que no somos nada. Como decía Pepe Hierro el todo resultó ser la nada. Una nada que se fija en lo pequeño para que lo grande no se vea. Qué tontitos somos. Seguimos jugando a buenos y malos. A nuestra edad.


mar 11 2012

Invenciones del escritor (2)

Las buenas novelas soportan todo tipo de lectura; cualquier interpretación puede servir; incluso, algunas de ellas, mejoran de forma notable esos textos (es verdad que esto ocurre en novelas «menos buenas». Podríamos decir que es proporcional la mejora si esa lectura se adapta bien al original y nunca estuvo, ni por asomo, en la mente del autor). De hecho, escritores de prestigio indiscutible se han apropiado de esas lecturas sabiendo que encontraban un filón que haría vaciar el almacén del editor y engrosar su cuenta bancaria. Cuentan que mi admirado Julio Cortázar dijo que su cuento «Casa tomada» representaba un sueño. Sólo eso. Tuvo un sueño y lo plasmó en el papel. La crítica dijo algo sobre la gran metáfora que era ese relato, que el peronismo era eso, que bla, bla, bla. Dicen que, finalmente, Cortázar llegó a afirmar que su cuento era un sueño que metaforizaba el peronismo. Creo que a Cortázar debemos perdonarle esta debilidad, pero sirve como ejemplo.
Todo esto es, también (aunque no siempre, como ha quedado claro) cosa de malos escritores. Lo buenos, los verdaderamente buenos, escuchan o leen atentamente lo que les dicen y sonríen o se carcajean como le pasaba a Pepe Hierro (claro, se pueden permitir ese lujo porque saben que no hay nada de eso, pero, por contra, lo que sí está es más que suficiente). Aceptaré que, en alguna ocasión, efectivamente, ese «descubrimiento» estaba en el texto y que el autor no había reparado de forma especial en ello, pero que, sin embargo, era lo que hacía grande su novela o su poema. Lo inaceptable es que el escritor vaya asumiendo como parte de sus trabajos todo aquello que los mejora. Sin pudor. Aunque nunca estuviera de forma explícita o implícita en lo dicho.
Y lo peor de todo es que esto no es una invención mía. No. Esto ocurre más veces de lo que uno puede llegar a pensar. Es algo que pasa desapercibido si aún no se ha perdido la inocencia como lector, pero cuando a uno le han salido espolones en esto de la lectura, mejor ni pensarlo.