Cuando iba a saltar desde el quinto piso recordó que se había quedado sin mantequilla. Se agarró a la persiana para no caer. Volvió a entrar, se atusó el pelo y fue a por el monedero.
Esperaba en la cola para pagar (compró un poco de jamón para aprovechar el viaje) pensando que le había salvado la vida una puta tarrina de mantequilla. Y no le hizo ninguna gracia. Hubiera preferido la mano fuerte y segura de un bombero. O la de un taxista borracho. Eso era lo de menos. Pero lo de la mantequilla le parecía deprimente. La próxima vez llamo primero al teléfono de emergencia y así evito esta situación tan ridícula, murmuró entre dientes. Me tendré que pintar un poco. Y la falda estampada es una buena opción.
- ¿Cómo dice señora? Ah, creía que me decía algo. Son dos cincuenta. Gracias.
El ser humano se mueve impulsado por cuatro o cinco cosas. Y el resto se ordena alrededor de estas. Nos encantaría poder decir que esas cuatro o cinco cosas son el amor, el altruismo, la bondad, la humildad, la humanidad (la de cada uno) o la búsqueda de la belleza. Algo así. Y no. Nos pongamos como nos pongamos esto es pura cosmética que las personas utilizamos a diario para evitar sentirnos mezquinos o cicateros con los demás o estúpidos o mala gente (esto es sólo un pequeño ejemplo).
Suelo afirmar que el perdón no existe. Cuando alguien dice “nada, no pasa nada, borrón y cuenta nueva” comienza la venganza. Tarde o temprano se mostrará dura e inflexible. Nada se perdona si el daño ha sido grande. Nada. Y cuando afirmo esto la gente se echa las manos a la cabeza. Cómo puedes pensar así, Gabriel, es mentira, yo sé perdonar, el mundo es bello. Me dicen cosas así. Pero está por llegar el día que alguien me demuestre lo contrario.
Hoy me decían que en lo que escribo se percibe una buena carga de “soberbia cultural”. He de reconocer que no termino de entender bien qué significa eso aunque sin pensarlo contesto que sí. Sea lo que sea la respuesta es afirmativa descartando, por supuesto, cualquier connotación positiva que pueda adquirir el término. Doy por hecho que se referían a la “soberbia mala”. No me entusiasma reconocer algo como eso, pero es lo que hay. Porque todos nos movemos impulsados por cuatro o cinco cosas y cuanto antes lo asumamos mejor será. Y cuanto antes reconozcamos que los motores no tienen porque ser maravillosos mejor será.
Y dicho esto, confieso que una de las cosas que me hacen escribir es la vanidad. Ya se sabe: vanitas vanitatum omnia vanitas. Escribo entre otras cosas por eso. Y me visto con ropa así o asá por eso. Y compro un coche con unas características y no otras por la misma razón. Casi todo lo hago con la vanidad a cuestas. Bien tapadita para que no la vean. Eso sí. El mundo se rodea de vanidad. Y no pasa nada porque todos somos más iguales de lo que quisiéramos. No me canso de repetirlo.
El mundo es vanidad. Todos nos hemos convertido en reyes viejos y fatuos que no se dejan aconsejar y hemos decidido que el muchacho pobre y sabio no es rentable. Descanse en paz el pobre chico.
Las imágenes y archivos de audio y vídeo que aparecen en este blog han sido incluidos en él por motivos ilustrativos o didácticos, sin ánimo de lucro, bajo el término del uso razonable.