mar 23 2012

Crisispoly

Voy a lanzar una idea para que alguien se haga con una pasta. Un nuevo juego de mesa. El Crisispoly. Una secuela inevitable del famoso Monopoly dadas las circunstancias.
Se trata de lo siguiente: un tablero con sesenta casillas. Cincuenta de ellas tendrán nombres de descampados y podrán ser compradas por cualquiera de los jugadores si la suerte les lleva hasta ellas. Comprando tres descampados se podrán construir hasta cuatro chabolas en cada uno de ellos. Posteriormente, podrán construirse, bien poblados en los que se venden drogas, bien sucursales bancarias (para el caso es lo mismo). Cuatro casillas tendrán la consideración de oficinas de empleo. Su compra es muy beneficiosa para el jugador puesto que si otro lleva a esa casilla podrá hacer trampas con contratos ficticios, comisiones a empresarios o cualquier otra cosa ilegal. En el Monopoly había una casilla llamada cárcel. En este Crisispoly habrá cuatro. Sobran las explicaciones. La casilla restante se denominará Palacio de la Moncloa. Es la meta del juego y la consigue el jugador que más negocios fraudulentos consiga realizar. Otra modalidad del juego es la denominada doble o nada. En este caso gana el jugador que más tiempo pasa en el paro y más dinero pierde. Más realista para el 98% de la población. El juego se podrá lanzar con el nombre Crisispoly o Crisispoly Vip (primera de las opciones).
Otra novedad es que no se jugará con billetes sino con pagarés (se pueden devolver y no pasa nada). Y, por último, se incluye la figuras rotativas de indigente, de patriarca del poblado y de alcalde corrupto.
No me digan que no huele a éxito.


oct 9 2010

La vida vale dos cincuenta

Cuando iba a saltar desde el quinto piso recordó que se había quedado sin mantequilla. Se agarró a la persiana para no caer. Volvió a entrar, se atusó el pelo y fue a por el monedero.
Esperaba en la cola para pagar (compró un poco de jamón para aprovechar el viaje) pensando que le había salvado la vida una puta tarrina de mantequilla. Y no le hizo ninguna gracia. Hubiera preferido la mano fuerte y segura de un bombero. O la de un taxista borracho. Eso era lo de menos. Pero lo de la mantequilla le parecía deprimente. La próxima vez llamo primero al teléfono de emergencia y así evito esta situación tan ridícula, murmuró entre dientes. Me tendré que pintar un poco. Y la falda estampada es una buena opción.
– ¿Cómo dice señora? Ah, creía que me decía algo. Son dos cincuenta. Gracias.


jul 2 2010

Vanidad de vanidades, todo es vanidad

El ser humano se mueve impulsado por cuatro o cinco cosas. Y el resto se ordena alrededor de estas. Nos encantaría poder decir que esas cuatro o cinco cosas son el amor, el altruismo, la bondad, la humildad, la humanidad (la de cada uno) o la búsqueda de la belleza. Algo así. Y no. Nos pongamos como nos pongamos esto es pura cosmética que las personas utilizamos a diario para evitar sentirnos mezquinos o cicateros con los demás o estúpidos o mala gente (esto es sólo un pequeño ejemplo).
Suelo afirmar que el perdón no existe. Cuando alguien dice “nada, no pasa nada, borrón y cuenta nueva” comienza la venganza. Tarde o temprano se mostrará dura e inflexible. Nada se perdona si el daño ha sido grande. Nada. Y cuando afirmo esto la gente se echa las manos a la cabeza. Cómo puedes pensar así, Gabriel, es mentira, yo sé perdonar, el mundo es bello. Me dicen cosas así. Pero está por llegar el día que alguien me demuestre lo contrario.
Hoy me decían que en lo que escribo se percibe una buena carga de “soberbia cultural”. He de reconocer que no termino de entender bien qué significa eso aunque sin pensarlo contesto que sí. Sea lo que sea la respuesta es afirmativa descartando, por supuesto, cualquier connotación positiva que pueda adquirir el término. Doy por hecho que se referían a la “soberbia mala”. No me entusiasma reconocer algo como eso, pero es lo que hay. Porque todos nos movemos impulsados por cuatro o cinco cosas y cuanto antes lo asumamos mejor será. Y cuanto antes reconozcamos que los motores no tienen porque ser maravillosos mejor será.
Y dicho esto, confieso que una de las cosas que me hacen escribir es la vanidad. Ya se sabe: vanitas vanitatum omnia vanitas. Escribo entre otras cosas por eso. Y me visto con ropa así o asá por eso. Y compro un coche con unas características y no otras por la misma razón. Casi todo lo hago con la vanidad a cuestas. Bien tapadita para que no la vean. Eso sí. El mundo se rodea de vanidad. Y no pasa nada porque todos somos más iguales de lo que quisiéramos. No me canso de repetirlo.
El mundo es vanidad. Todos nos hemos convertido en reyes viejos y fatuos que no se dejan aconsejar y hemos decidido que el muchacho pobre y sabio no es rentable. Descanse en paz el pobre chico.