ago 1 2012

Masa obrera

¿Por qué las movilizaciones no son masivas? ¿Cómo es posible que la sociedad reciba recorte tras recorte con cierta pasividad? ¿Creen algunos que la cosa no va con ellos? ¿Se trata de pasividad ante los golpes, ignorancia, de una negación constante y ridícula de la realidad? ¿El verano amansa?

Tal vez, lo que pasa es que nadie se siente parte de la masa obrera. Hemos estudiado, hemos dejado de cosechar en el campo y nos hemos creído que los obreros son los otros. Los inmigrantes, los que no tienen lugar en el que caerse muertos, esos que están entre nosotros porque no hay más remedio.

Eso no va conmigo. Esta es la idea que nos rodea a casi todos. Por eso miramos a otro sitio. Como si fuera verdad, como si esto que ocurre fuera cosa de una casta ajena y casi innombrable.

Pues no, queridos, no. Casi todos somos esa masa obrera que debería estar dando guerra y que, sin embargo, anda en las playas disfrutando de una ruina monumental. Eso sí, con una o dos carreras universitarias. Pues no. La clase media ha crecido tanto, tanto, que ya somos todos. Excepto los ricos, los de verdad, los de toda la vida. Tenemos en nuestras filas un gran número de pobres, de tontos, de titulados, de solteros, de casados, de transexuales; de todo, todo, todo; excepto de ricos (los nuevos ricos no cuentan porque dejarán de serlo más antes que después). Y sí va con nosotros este desastre. Entre otras cosas porque hemos dejado de creer que somos lo que somos, porque nos hemos creído que éramos capaces de tener dos casas y un coche cojonudo; porque hemos sido capaces de votar a un partido que defiende los intereses de los que quisiéramos ser sin serlo.

Somos currantes. Somos proyectos de personas acomodadas que llegan a final de mes con dificultades. Somos acumuladores de conocimientos técnicos que no llevan a ninguna parte si no se sostienen con un criterio, con una ideología, con una filosofía de vida lejana a pasar por aquí para tener un reloj de lujo. Somos la clase obrera disfrazada de fantoche.

Sólo quería recordarles algo tan sencillo como esto. Debe ser el calor.


dic 14 2011

La ameba encantadora

Cuando los años suman, los esfuerzos se hacen tortura, las sonrisas verdaderas no tienen ni remite ni señas, los cuerpos se rinden ante la física más facilona y las historias (antes interesantes, divertidas o sorprendentes) son cosa sabida y estéril. Los años señalan el camino del refugio. El mundo es un conjunto inexplicable en el que todo cabe excepto en lo que te has convertido. Todo es ajeno.
Somos muchos los conversos. La filosofía se hace propia, secreta. El aspecto se modifica con rapidez para ser sencillo. Las formas son casi deliciosas. Amebas. Amebas encantadoras que agarran la ley del mínimo esfuerzo como religión. Todo se reduce a un leve levantamiento de ceja ante lo que se hace inexplicable, a una sonrisa sincera (el otro no sabe que triste) y un sí a todo que luego ya haré yo lo que me dé la gana.
Las amebas encantadoras nos caracterizamos por mantener una discreta distancia. Ya hemos recibido lo nuestro y son los demás los que deben empezar a catar estacazos, traiciones. El cuerpo a cuerpo lo dejamos para ocasiones especiales, casi siempre con nosotros mismos. Pensamos a solas, amamos a solas, casi siempre de nosotros mismos, a nosotros mismos. Creemos a solas, siempre en nosotros mismos.
Somos ejército. Inofensivo. El ímpetu se quedó en alguna cuneta con la sien agujereada. Como casi todo. Nunca faltan voluntarios para pegar un tiro por la espalda a lo que pudiste ser.
Somos encantadores. Somos amebas. Somos lo que no pudimos.



nov 12 2011

Las cosas del revés (III)

– El mundo se está destruyendo. Deberíamos hacer algo. Esto es muy triste. Estamos demostrando ser unos mierdas.
– Estamos muertos.
– ¿Vamos a dejar que esta crisis nos destroce? ¿Nadie es capaz de hacer algo por poco que sea?
– Ya estamos destrozados. No somos capaces de pensar. ¿Puedes nombrarme a un solo filósofo del siglo XXI?
– Esto no se resuelve con ideas. Tal vez sea el momento de lanzarnos a la calle.
– ¿Y qué piensas gritar? ¿Que no tienes dinero? ¿Que los políticos son unos estafadores? ¿Que los bancos son el gran mal de nuestro mundo? ¿Cosas sobre la pobreza? ¿La solución es ocupar edificios vacíos? ¿Es eso todo lo que se te ocurre? Habéis convertido, entre todos, las manifestaciones en telediarios. Parece que andáis jugando al Monopoly. Y yo, de eso, sí que paso.