ago 29 2011

Crisis? What crisis?

Que la vida este llena de extraños caminos es algo que se aprende desde muy pronto.
Que en la vida sólo existen atajos para conseguir objetivos que son o rozan lo material es algo que se aprende despacio.
Y que en la vida los atajos para crecer como personas o para llegar a las cosas del espíritu no existen casi nadie lo sabe. A casi nadie le importa.
No seré yo quien niegue que sufrimos una crisis económica, social y cultural extraordinaria. Eso es algo evidente. Eso es algo que comprobamos a diario en los medios de comunicación (no hablan de otra cosa, no dejan de acobardarnos con lo mismo cada minuto que pasa), es algo que percibimos en cuanto despertamos cada mañana. Pero ¿es esa la crisis que más nos debe preocupar?
La tradición judeocristiana lo tiene dicho por escrito y muy bien escrito. Dejamos a un lado la zona teológica del texto y nos quedamos con el cuento, con la historieta.
Eva se condena y enseña a resto que el camino es otro. Ella, al comer la famosísima fruta prohibida, lo que quiere conseguir es ser como Dios. Intenta un atajo, no quiere ir creciendo poco a poco como ser humano. Intenta el truco del almendruco y todo sale fatal.
Ese, creo yo, es un problema que no estamos sabiendo ver ni calibrar hoy en día. Queremos estar por encima del bien y del mal, de lo humano y de lo divino. Creemos estarlo. A base de posesión, aprendiendo cuatro tonterías que nos equivocan al hacernos pensar que somos sabios, a costa de prescindir de la zona más espiritual que poseemos (no hablo de religión; eso es otra historia). Queremos estar por encima de todo y para ello nos inventamos lo que es bueno y es malo sin ningún reparo. Nietzsche estaría encantado con esta sociedad (eso lo defendía él, más o menos, cuando se refería a la naturaleza de la moral). La moral es cosa del individuo. Nos fabricamos un mundo a la medida, pero la talla es la de unos pocos. El resto se queda sin mundo, sin esperanza y sin porvenir. O sea, un asco. Y no queremos comprender que los atajos no sirven. Podremos ser más astutos, más ricos, más longevos, pero no seremos lo que deberíamos estar peleando sin cesar: personas. No buenas personas (eso es sólo una parte), sino personas a secas, en toda plenitud. Grandes, inmensas. Sin esta meta primera, el resto se convierte en equivocación. Seguro. Ni somos dioses ni lo seremos nunca jamás.
Mientras sigamos el camino que hemos elegido, el atajo del dinero, de la moral y ética a la medida, de la crueldad que escondemos bajo la alfombra, de la injusticia que deja de serlo si les toca a otros, mientras transitemos esa senda, estaremos condenados. ¿A qué? A desaparecer como civilización. Ninguna, durante la historia de la humanidad, ha logrado sobrevivir a una falta de humanidad como la que vivimos; ninguna ha soportado este grado de corrupción política, económica, social y moral. Todas las estructuras están dañadas por la indecencia. Pero seguimos ciegos porque comemos caliente, porque podemos mirar a otros que andan mucho peor y nos conformamos. Seguimos ciegos, moriremos ciegos. Con dinero en la cartera, presumiendo de ser como los dioses, sin una puta idea clara en la cabeza, aunque sabiendo leer y escribir. Ciegos, equivocados y reducidos a la mínima expresión como seres humanos.


feb 27 2010

Cumpleaños (2)

Algunos de mis lectores me han comentado en alguna ocasión que mientras leen escuchan la música que elijo para cada texto, otros que primero leen y luego escuchan. Los hay que sólo visitan esta página para escuchar algo. En cualquier caso, la música ha sido tan importante en este blog como la propia literatura o las reflexiones personales de su autor. Esto es algo que me agrada especialmente. Era la idea principal cuando grabe los textos que estuvieron tanto tiempo en el blog de la Escuela de Letras y el primero aquí en La vida del Revés.
Cada canción fue escuchada en el momento de escribir. De forma obsesiva (como cada cosa que hago, ya conocen mi bipolaridad y mi frágil estado emocional). Muchas de las ideas que aquí he dejado escritas no hubieran madurado lo suficiente sin esa música.
Tiendo a exagerar casi todo lo que hago. Hoy comienzo a celebrar el cumpleaños de mi blog y el mío propio. Antes de tiempo. Y no pienso dejar sin su parte a los que me han ayudado tanto desde que La Vida del Revés comenzó a ser lo que es.
Tenía pensado publicar una serie de canciones que me gustan de forma especial. Sólo. Pero me parecería injusto que no las acompañasen los nombres de las personas a las que dedico cada día mi escritura. Sé que olvidaré algún nombre. Pero también sé que me sabrán perdonar los ignorados.

Silvia, Gonzalo, Guillermo, Guzmán, Gimena

Diane Schuur & B. B. King – You Don´t Know Me

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Michela, Teresa, Isabel, María e Irma

The Peter Malick Group Feat, Norah Jones – New York City

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Carmen Neke, Edda, Ginebra, Núria

tom waits – all the world is green

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Pepito Grillo, Rosalía García, Alix Rosales, Ana María Aguayo, Ana María Lozano,

Marian León, Merche Polo, Alejandra Moglia, Enza Bellorín

Bird york – In the deep

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Núria Alba



Matt Bianco – Say The Words

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Araceli, Pilar Ysasi-Ysasmendi, Svor

Al Cohn and Zoot Sims – Emily

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Marta (Poma)

Bill Evans – Spartacus Love Theme

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Carmen García Vega, Inés Chaochun, Fanny Gallardo, Paula María Vila, San y Marta Bouza Paadín, Susana Muñoz, Marga Orri, Carlota Montemayor

Richard Galliano – Waltz for Debbie

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Loreto

Charlie Haden – Everytime we say goodby

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nov 23 2008

Lo esencial

Siempre nos quedan cosas por decir, por escuchar, pensar y vivir. Siempre nos queda encontrar ese territorio en el que todo se pone a favor para que podamos encontrar nuestra esencia, esa que perdimos cuando dejamos atrás nuestra niñez que es la misma que dejaron nuestros amigos al dejar de vernos, la misma que nos abandona cuando la ausencia nos aplasta como un madero seco. Ausencias llenas de recuerdos, de vida, de muerte.
Ayer fue un día especialmente emotivo. Nos visitó Araceli con la que compartimos mesa y una charla tranquila, entrañable. Quedaron cosas por decir, por escuchar. Pero también ese poso que llena el espacio que tuvo reservado desde siempre y que no sabíamos qué pintaba allí. Acabando el día, Silvia se encontró con sus compañeros de colegio. Los que estuvieron juntos desde el principio. Treinta y tantos. No lograron cenar. No había tiempo para otra cosa que no fuera contar, contarse qué ha sido de sus vidas. No recordaba a mi mujer tan alegre. Retrocesos que hacen recuperar la sonrisa del niño nunca están de más.
Antes de salir vino su amiga Chipi. Querían ir juntas. Miré como se abrazaban después de no verse los últimos quince años. Y el tiempo desapareció. Todo era igual. No habían pasado ni cinco minutos desde que se dijeron adiós aquel día. Supongo que sería parecido con el resto de compañeros.
Araceli regresa hoy a Tenerife después de anclar algo de ella en esta casa con la certeza de saber dónde puede acudir. Silvia logró regresar ayer hasta un espacio que muchos creían imposible. Los niños y yo hemos comprendido, pasmados, que vivir feliz también tiene que ver con lo esencial de los recuerdos que no es, ni más ni menos, que la posibilidad de volver a vivir lo mismo con la misma intensidad. Lo material se pulveriza por inútil.
Un poema de Jorge Riechmann habla de todo esto. Con elegancia y belleza. Aquí lo dejo por si sirve de algo, por si es buena excusa y todo se puede repetir.

INVOCACIÓN
Si vinieras
acaso me quedase unos instantes perplejo.
Pero pronto llegaría a la conclusión
de que, bien mirado, se trata de una sorpresa agradable
y te haría pasar dentro de casa
si vinieras.
Te ofrecería asiento
y una copa de vino, o un café, o un licor.
Seguramente nos quedaríamos unos instantes
sin saber qué decir, falsamente absortos en el vaso,
y luego empezaría poco a poco
el difícil trabajo del encuentro.
Todo lo no dicho
se interpondría cual cristal espesísimo,
todo lo vivido en expulsión centrípeta,
tan lejos ambos del terreno común.
Sabríamos
que era necesario reinventarlo todo
y sentiríamos miedo o quizá algo de hastío,
pero quizá otra copa
nos hiciese entrever una brasa, o más bien:
su posibilidad.
Quizá explorásemos
los irrecuperables puntos de conexión
para orientarnos.
Yo tendría que decirte en qué me he convertido,
quién me vivió por dentro
en todos estos años;
cuánta falsa inocencia se perdió en los márgenes,
que imágenes terribles
me invalidaron a menudo los ojos;
qué expiaciones me alumbraron a veces
con su lumbre mortal;
cómo me explico a mí mismo
en qué me he convertido,
qué espacios preservo para quien es mi mujer
ante mis ojos y los suyos
aunque ello no conste en ningún documento,
cómo me ha transformado su agonía
y otras insistentes alucinaciones.
Tendría que trazar algunos caminos
para empezar a explicarte
todo esto.
Se haría tarde sin complicidades, pero seguramente
no en vano.
¿Sabes? He empezado este poema descreyendo
en la posibilidad de que vinieras
y sin saber que su fin
era precisamente construir esa posibilidad
como ahora sé.


jun 15 2007

(ETRAP ª3) OIFRAG ED AIROTSIH AREDADREV AL

Le gusto al mundo y yo amo al mundo. Es ahora cuando valoro lo que he perdido por el camino. Tanto resquemor, tanto querer ir contracorriente cuando lo fácil hubiera sido ser como ellos querían. Como ellos, simplemente. Han pasado tres meses y ya me he acostumbrado a ir de aquí para allá, a trabajar en lo que todos envidian. Televisión, revistas, noches de fiesta. Ganar dinero, haciendo algo para ello, ha resultado ser mucho más fácil de lo que imaginaba, enormemente gratificante.

Camino por la calle y todos quieren conocerme, tocarme, retratarse con el hombre del año. El poder de la fama se arrastra aclarando la sombra del ayer. Soy capaz de dar la mano a la gente, de besar a una mujer porque sé que les gusta mi forma de mover las manos cuando hablo, de caminar por el centro de una calle transitada. Esto es otra cosa.

Nunca pensé que estaría esperando en este camerino mi turno. La televisión me fascina. Mandan un taxi hasta tu casa, te reciben un par de mujeres que quieren parecer espléndidas para impresionar al invitado de lujo, maquillaje, peluquería, descanso en el camerino tomando una cerveza y media docena de canapés. Todo es perfecto. El espectáculo es mi vida. El mundo quiere disfrutar de ella. Ya es la hora. Un paso más hacia el infinito.

Los focos se distribuyen por todo el techo. El regidor corre de un lado a otro dando órdenes. Últimos retoques al presentador, a los invitados. Música de sintonía. Primero me pesarán. Luego lo único que tengo que hacer es ir contestando a las preguntas que me hagan mientras como lo que me ofrezcan. Al acabar me volverán a pesar para mostrar a millones de personas el milagro. Me lo explica todo el director del programa. Por tercera vez en lo que va de tarde. Aplausos. Comienza el show.

– Muy bien, José. Demuestra usted ser una gran persona diciendo todo esto a los espectadores. Todos supimos desde el principio que los envidiosos mentían cuando hablaban sobre su pasado. Sólo nos queda pesarle de nuevo. Ha comido usted empanada, una porción de pizza, cien gramos de pasteles y ha bebido un batido de fresa. Suba aquí, por favor, y aguarde unos instantes.

El presentador se muestra inquieto al mirar los dígitos colorados. Me pide que baje y vuelva a subir. Dice que debe tratarse de un error. Nada, he engordado quilo y medio. Un dolor intenso en el pecho hace que me doble inclinando el tronco. No puede ser, no puede ser. Alguien tira de mí y me lleva hasta la parte trasera del estudio. Así es la vida de los tramposos, señoras y señores, dice el presentador señalando el lugar donde me encuentro. Esclavos de sus propias mentiras.


jun 14 2007

LA VERDADERA HISTORIA DE GARFIO (ECUADOR)

El hombre de palo. Una historia fabricada con retazos.

Francisco Hernanz. 16.05.2007

La vida de José C. H. es otra bien distinta a lo que era hace apenas mes y medio. De ser un hombre solitario, acomplejado y con apenas un futuro que nadie quisiera ha pasado a ser el hombre del momento. Unos le consideran afortunado, otros le ven como un último milagro en el que se puede ver al mismísimo Dios, la ciencia le observa como el reto del futuro. Es la gran noticia, el sueño de cualquier persona hecho realidad. De ser un don nadie amargado por su obesidad a ser rifado por todos.

Los fabricantes de productos lácteos, las grandes multinacionales de comida rápida, las marcas más prestigiosas y las salas de fiestas madrileñas pujan por tener a José con unas natillas en la mano, por poder fotografiarle comiendo una gran hamburguesa que a él no le genera un solo gramo de más, luciendo relojes de cuarzo o bebiendo una cerveza junto a sus clientes en las zonas reservadas a famosos y personas importantes.

José C. H. sigue sin hacer una sola declaración aunque los que han podido hablar con él afirman que se siente bien, que hace lo que siempre deseó. No trabajar y vivir del cuento.

Se sabe poco de José. Doña Elvira, su tía, vive en la casa familiar de Cadalso de los Vidrios. “Me cuesta trabajo acostumbrarme a ver a mi sobrino en la televisión entre tanto famoso. Y es una vergüenza que no se acuerde de su familia. Ni mentarnos siquiera. Debería acordarse de las tardes que llegaba del colegio llorando porque le habían pegado y de cómo le consolaba, o de los guisos que le preparé tantos días para que se pusiera fuerte mientras su padre se emborrachaba en el bar y su madre se dedicaba a pintar sin parar la puerta de la cocina. Quince años pintando sin parar, sin fijarse en la criatura. Quise hacer de él un hombre de bien y, mire usted, primero loco como una chota y ahora un finolis desagradecido”. Doña Elvira dijo esto y se levantó para acompañarnos hasta la puerta con los ojos húmedos. Una mujer que sufre desde el cariño. Sin duda.

Tres bloques más abajo de la casa familiar de José C. H. vive Eulalia. Fue la primera y última novia del nuevo fenómeno social. “Me quiso mucho. Le di lo que nadie le había ofrecido nunca, pero tuvimos que dejarlo a los dos años, tres meses y catorce días. Mi padre le ofreció trabajar en la finca que tenemos a un par de kilómetros de aquí y el muy mamón le dijo que si no le parecía que ya tenía bastante cargando conmigo. Un amargado. Eso es lo que es, un amargado y un vago sinvergüenza”. Otra mujer que sufre. Los grandes dan mucho y quitan mucho. Así es José. Pero sufrir desde el amor es otra forma de querer.

Mariví es la dependienta de la panadería sita en la calle en la que residía José antes de alcanzar su peso ideal. “El caso es que siempre hice buenas migas con él. Para algo sirve ser panadera. (Mariví ríe su propia gracia como si le fuera la vida en ello). Me encantaría que viniera a verme. Ya he dejado a mi novio esperando que pueda hablar con José para explicarle lo que pasó, cómo me presionaron todos. A veces no valoramos las cosas hasta que nos faltan. Confío en que todo vuelva a ser como antes.”

José, un hombre querido y admirado por todos. Un hombre que puede mantener el peso ideal sin esfuerzo alguno, un reto para la ciencia. Un hombre de palo con toda una vida llena de triunfos por delante. El ejemplo a seguir por muchos que no creen en que el afán de superación lo puede todo. Una vida ejemplar.


jun 13 2007

LA VERDADERA HISTORIA DE GARFIO (3ª PARTE)

Un hombre adelgaza más de sesenta quilos en seis semanas sin fórmulas mágicas

Francisco Hernanz. Madrid 12.05.2007

Nadie se explica qué es lo que ha podido pasar. José C. H., de treinta y cinco años, ha perdido sesenta quilos y setecientos gramos en seis semanas. Pesaba ciento treinta y dos quilos cuando comenzó a adelgazar sin razón aparente. Los médicos alarmados han realizado pruebas de todo tipo a José intentando encontrar una razón lógica para explicar un proceso desconocido hasta la fecha. “Pensamos en un tumor, luego en algún tipo de alteración metabólica. Hemos realizado todo tipo de pruebas y la única conclusión a la que hemos llegado es que la naturaleza humana siempre estará por delante de ciencia médica. Antes de salir de este hospital, el paciente comió legumbre, ensalada, un filete, patatas asadas y un trozo de tarta enorme. Como hacía cada día” declaró el médico que le atendió desde el primer momento.

“Quizás sea un milagro. Lo que no se explica con lo terrenal es posible que se explique con lo divino” declaró el capellán del centro médico.

José C. H. no quiso realizar declaraciones al ser dado de alta.