abr 10 2012

Amor ortopédico

El amor es fácil mientras es una ilusión. Cuando aparece, en el instante que arrasa el tiempo, cuando descubres que te quedas atrás sin remedio; se convierte en materia pesada que lastra el paso. Antes todo era una figuración, eso deseado durante tanto tiempo; esa historia que nunca ocurrió, pero que crees haber vivido, que podrías vivir toda la eternidad.
Por eso se acaba con tanta facilidad. Por eso fatiga al que insiste creyendo que lo que le enseñaron de niño (el amor lo puede todo, el mundo se mueve por amor) es la única verdad absoluta. Y es que el amor sólo existe mientras se mancha de celos, de dudas, de pensar en otros. Eso sí que hace girar el mundo. Al fin y al cabo, el mundo es cada uno de nosotros, nuestras percepciones de la realidad. Al fin y al cabo, el verdadero amor es el que sentimos por nosotros mismos. Lo otro, los otros, son sólo bastones. Siempre a punto de quebrarse.


ene 29 2010

Ciao J.D.

– Don Dios, don Dios, hay un alma en la puerta discutiendo con don San Pedro. Dice que no quiere entrar de ninguna de las maneras.
– Hijo, ¿no será que está confundido? ¿Alguien le ha dicho que esto es el cielo?
– Claro que se le ha dicho. Del derecho y del revés. Pero grita que no soporta tanta alma alrededor. Yo no entiendo nada. ¿Qué podemos hacer, don Dios?
– Poca cosa, hijo. Seguro que se trata de Salinger. Prométele un espacio reservado por siempre jamás. Y la posibilidad de mirar desde un lugar alejado sin ser visto. No olvides entregarle papel y lápiz. Eso no lo olvides. Ah, que no se le ocurra a ningún alma de escritor acercarse a él. No quiero conflictos.
– Le mantendré informado, don Dios.
Dios se queda pensando. Ya tendré tiempo de pedir que me dedique un ejemplar del libro ese, el de Holden. Y sonríe.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


mar 10 2006

Pase lo que pase

Hay valores que tienen un aspecto añejo, despreciados por casi todos desde el olvido. Uno de ellos es el honor. Nadie se refiere a él. Parece hasta un poco ridículo mencionar semejante cosa. No me puedo imaginar a un adolescente diciendo que tal o cual cosa es cuestión de honor. Tampoco a un adulto. Parece que tenerlo no está de moda. Es mejor tener un par de huevos para hacer las cosas o tener las cosas muy claras. Puede parecer lo mismo (echando algo de imaginación, claro) aunque la diferencia es grande. Vivir apoyado en un valor como ese, no puede ser nada parecido a una chulería o un puñado de gestos bravucones.
Las personas que dan su “palabra de honor” sabiendo que acaban de sellar una alianza para siempre pueden llegar a ser temibles. Los que no se dejan tocar lo huevos porque si alguien se atreve se lían a guantazos no lo son nunca.
Aprendí siendo niño que ser íntegro se consigue a base de guardar el honor como un tesoro que se tiene y no se puede entregar. Algo exclusivo de cada uno de nosotros que si se queda por el camino te convierte en un fantasma. O en un macarra que intenta imponer sus ideas y te quiere partir la cara. Las cosas del honor, igual que las del pensamiento, no pueden ser macarras. Ni de ellos. La diferencia fundamental entre un tipo de persona y otra es que uno quiere repartir y el otro sabe que en la vida se recibe y se reparte, que hay que saber lo que toca en cada momento. No es lo mismo proteger con la vida a los que dependen de ti que sacudir una paliza a un borracho por piropear a tu novia. Honor. Macarrada.
Todos los valores que nos hacen crecer como personas deberían estar a salvo, ser los pilares de la educación. Y el honor es el más grande de todos ellos. Es lo único con lo que nacemos. Ni más ni menos.
El eje del motor ha de ser sólido. Eso siempre. Pero entre unos y otros, han logrado que creamos que la vida es un momento de transición, que no pasa nada de nada. Cualquier cosa está bien. Qué mentira tan grande. Uno debe saber que, en cada momento, hay algo que hacer (eso y no otra cosa). Pase lo que pase, aunque sea lo último de lo que seas capaz. Si está bien hay que hacerlo sin miedo. Nada puede impedir que hagamos lo que creemos justo. Es lo único que poseemos. Lo único. Hemos nacido para ser personas y para serlo más al morir que al nacer. Pero los valores se han convertido en algo absurdo e inútil. Pero violencia física o verbal proporciona grandes éxitos a sujetos ridículos e impresentables…
En fin, estamos en manos de personas que han convertido el honor en el dinero que poseen, en las relaciones personales que logran a base de asistir a fiestas lujosas, y en un no dejarse tocar los huevos.
A mí me sigue interesando ser más pobre que otra cosa, sentarme a charlar de literatura con un par de buenos amigos y saber que cuando muera eso a lo que yo llamo honor se irá conmigo a la tumba porque he intentado hacer las cosas que estaban bien y he despreciado las que estaban mal. Es que es lo único que tengo y no me apetece convertirlo en una parida más.