abr 17 2012

Decencia, por favor

Durante los últimos tiempos, hemos visto cómo una ministra italiana lloraba al anunciar medidas durísimas que afectarían a los trabajadores de ese país. Quiero pensar que se acordó de algo tan simple como que eso que estaba llevándose por delante en un minuto era el trabajo y el sacrificio de miles de trabajadores, de políticos honestos y de ciudadanos anónimos que se habían dejado la piel por conseguir mejorar el mundo.
Soraya Saenz de Santamaría, nuestra superministra, lo que hace es hincharse como un pavo real para decir que todos vamos a morir si no hacemos lo que dicen; eso o cualquier cosa porque esa mujer se pone solemne hasta para decir que la lluvia en Sevilla es una maravilla. Tal vez cree que poniéndose así de ridícula la cosa nos llega más al fondo de nuestros pobres corazones. Yo no recuerdo una cosa igual. Repelente, es poco. Y no me la imagino llorando al sacudir un hachazo.
Hemos visto a un ministro griego decir que a sus compatriotas no se le podría pedir ni un esfuerzo más. Bien clarito. Les están destrozando la vida y un político lo ha dejado claro. Yo no sé si esto servirá de algo, pero es un gesto decente. Ni siquiera llego a imaginar si es un gesto forzado, pero no por ello dejaría de ser decente.
Nuestro presidente lo que nos dice es que esto no es nada con la que nos va a caer. Como lo dicen en Europa (qué excusa tan cochambrosa) todo vale. Otro al que no me imagino llorando aunque destroce la vida de millones de personas. Porque, además, se carga de razón y deja caer, una y otra vez, que somos unos flojos y que lo que tenemos que hacer es ponernos a funcionar.
Aquí, en España, el responsable de la educación nos dice que está muy bien que en cada aula se apiñen los niños. Así se hacen más sociables. Esto es indecente. Y la señora Cospedal nos dice que lo que llamamos recortes algunos necios son medidas que buscan la excelencia en educación y sanidad. Esto es indecente aunque lo diga recién llegada de la peluquería. Pero indecente del todo porque supone un insulto al conjunto de ciudadanos. Este gobierno es indecente.
Somos libres de votar a quien nos guste más, somos libres para opinar lo que nos dé la gana, pero nadie debería tratar como tontitos a los que (les guste o no) soportan su ineficacia en la gestión. Me refiero a los políticos en general aunque estos que están ahora inventando el mundo se llevan la palma.
Las calles deberían llenarse de personas para manifestar su postura, para protestar por estar siendo tratados como borregos. ¿Por qué sabemos que en Grecia están al límite? Porque se lanzan a la calle diciendo que ya no pueden más. ¿No deberían saber en el mundo entero que este gobierno está destrozando una forma de vida?
La decencia que reclamamos a los políticos se debe sostener con la de todos. Gritando que esto no puede ser, gritando que lo que han provocado unos pocos sinvergüenzas lo estamos pagando entre todos, luchando por nuestros derechos.
En cualquier caso, de momento, muchos deberían comenzar a pensar que lo que dicen es ofensivo. Por mucho que les voten; por mucho dinero que tengan; por mucho que crean ser dioses.


mar 11 2012

El día de mi muerte

– Bienvenidos al infierno. Mi nombre es Satanás. Durante toda la eternidad vais a coceros en esas calderas que podéis ver a vuestra derecha. Los padecimientos serán horribles y nada que podáis llegar a intuir se acerca a la realidad. Espero que vuestra estancia sea horrorosa. Horrorosa de verdad.
– Perdón, señor Satanás. Verá, es que a mí me habían dicho que todo esto era un cuento chino, que ni usted ni este lugar existían. Por eso me descuidé un poquito mientras vivía. Quisiera tener otra oportunidad. Me siento engañado. ¿No podría usted resucitarme un par de días para arrepentirme y eso?
– Vaya, un gracioso. A ver que alguien introduzca este alma en la caldera a presión. Mil doscientos años. Y si grita otros setecientos. ¿Alguien quiere decir algo más?
– Sí. Mire, yo no debería estar aquí. Se trata de un error. Seguro. Fui un modelo de bondad mientras vivía.
– Joder, siempre la misma canción. Venga, se acabó, todos a las calderas. No quiero escuchar una palabra más. Y lo digo también por ti. ¿Se puede saber qué coño haces? He dicho que entres.
– Señor Satanás, soy escritor y estaba fijándome en algunos detalles. Me gustaría en los ratos que no sea torturado poder escribir. ¿Podré?
– A este le devolvéis. Al limbo, al cielo, de vuelta a la vida, lo que sea. No quiero follones.


oct 17 2011

Los heroicos asesinos de hombres, mujeres y niños

Andan reunidos en San Sebastián algunos personajes importantes (unos lo son por buenos y otros por malvados) para dar lustre al abandono de la lucha armada por parte de la banda terrorista ETA. Es decir, unos tipejos que han colocado bombas en centros comerciales y casas cuartel de la Guardia Civil, en coches y playas; que han pegado tiros en la nuca a diestro y siniestro y que han jodido la vida de miles de personas; se quieren ir de rositas y con honores. ¿Han imaginado ustedes el escándalo que provocaría una reunión similar para conseguir que los violadores dejasen de violar o los pederastas no continuasen con el abuso de menores? Pues esto es igual de repugnante.
Abandonar las armas está muy bien. Y eso nadie lo puede criticar. Pero el mínimo coste ya repugna. Deben abandonar a cambio de nada, deben dejar de matar y amenazar ya y sin recibir nada a cambio, salvo las penas íntegras correspondientes para cada uno de los asesinos. Porque son asesinos. Gentuza que tienen la mente podrida. Sin embargo, en San Sebastián se está discutiendo no sé qué que les permitirá dejar las armas, pasearse por el escenario político sin problemas, gobernar un ayuntamiento o el parlamento vasco. O sea, borrón y cuenta nueva. Pero sólo para ellos. Los que ya están jodidos que se aguanten. Las miles de víctimas no cuentan. Pues no. Hay que cumplir las penas, hay que dejar de jugar a quiero un país independiente (a todos estos les quería yo ver a la puta cola de Europa sin subvenciones ni leches). Hay que dejar de ser bestias asesinas.
Aunque hay otra cosa que casi repugna tanto. Más por el maquillaje que se gasta para adornar el discurso que por otra cosa. Todos los políticos se quieren hacer con los mandos. Todos quieren parecer los salvadores, los que mejor han manejado una situación que les sobrepasó hace muchos años y sobre la que perdieron el control. Pero cada palabra es un voto, cada paso que se da y se apuntan es un voto. Son todos iguales. Los unos y los otros.
El pasado pasado es, los muertos muertos están, miremos al futuro. Frases fabricadas y vacías que se están manejando sin vergüenza alguna. Aquí, lo único cierto es que España está salpicada de víctimas y que el País Vasco está salpicado de los que siempre quieren serlo con una pistola en la mano. Pase lo que pase, se diga lo que se diga, siempre van de víctimas. Hay que joderse.
Crean que sé lo que digo cuando afirmo que hay cientos de personas con la vida destrozada gracias a estos tipejos, cientos de familias que nunca levantaran cabeza, cientos de personas que se sienten humilladas en este momento, que no duermen bien desde hace años. Esto me ha tocado vivirlo de cerca. Y no puede ser que los malos, ahora, parezcan los héroes y las víctimas del terrorismo parezcan una banda de almas en pena que vagan como tontos de baba por una cosa sin importancia. Ya está bien.
Si estos tíos comienzan a salir de las cárceles habrá que dejarlas vacías. No hay dentro de ellas nadie que tengan crímenes peores que ellos. Si estos tíos logran tener una vida normal sin haber pasado por la cárcel es que la catadura moral de los españoles es de muy baja estofa.
Entre políticos corruptos y mamarrachos, asesinos que parecen héroes, criminales que arruinan una civilización y son adorados; se le quitan a uno las ganas de todo. Qué desazón.


sep 16 2011

El cambio que viene

¿Puede ser el mundo un sitio mejor que el que es ahora? Desde luego que sí. ¿Existen soluciones alejadas de la demagogia o la utopía? Desde luego que no. Así de sencillo; así de cruel y doloroso. Un mundo ordenado alrededor del dinero, gobernado por el dinero y que tiene com objetivo el dinero, no tiene solución posible. Cuando el mundo vuelva a ser gobernado por las personas, se ordene alrededor de la raza humana y tenga como único objetivo a sí mismo, tal vez, la cosa cambie. Quizás sea tarde si eso llega a pasar alguna vez en la historia.
De momento habrá que cambiar el sistema de megafonía. Ahora escuchamos, sin parar, compre, gaste, tema al futuro, el mundo se acaba, deje que nosotros se lo resolvamos, compre, gaste, compre, gaste; no, usted no, esto es para ricos; compre, muérase de miedo. Los medios de comunicación nos torturan con mensajes muy claros y muy vacíos. Nos meten el miedo en el cuerpo los políticos desde sus periódicos, sus emisoras de radio o en internet. Sólo podemos escuchar a los que nos han metido en esta crisis. Y no tienen nada que decir. Lo único que desean es que gastemos nuestro dinero (lo poco que nos dejan) y que necesitemos su protección ante un mundo horrible. Sólo escuchamos sus mentiras. Habrá que cambiar el sistema de megafonía. Porque hay miles de personas que saben decir y han sabido pensar. Son los que ya avisaron de lo que venía por el camino, son los que siguen avisando de que el camino es otro bien distinto. No escuchemos a cualquiera.
Y, de momento, habrá que modificar algunos hábitos. Queremos que todo funcione muy bien. Creemos que todo funciona muy bien. Pero, en realidad, nada funciona como es debido. Todo chirría. Hay que empezar a mirar con atención. Nos han enseñado a no mirar, a no pensar, a no quejarnos. Eso hay que cambiarlo. Igual que llevamos el vehículo al taller de mecánica si algo no funciona, habrá que llevar al mundo hasta el taller que tenemos sobre los hombros. Pensando el mundo llegaremos a la solución. Malgastando el mundo no hay futuro. Ese hábito tan peligroso que nos han inoculado y que consiste en pensar que nada tiene solución hay que hacerlo trizas. Piensen, por ejemplo, la que se liaría si todos (pero todos a una, sin fisuras) dejáramos de comprar agua mineral durante un año. Si dejáramos de hacerlo hasta que enviasen, por cojones, el diez por ciento de la producción a los países que lo necesitan. No olviden que eso de beber agua embotellada es una ridiculez que dejaría atónito a cualquier persona que pensara sobre ello, no olviden que es un gesto snob. Si lo hiciéramos, les garantizo que las cosas cambiarían. Piensen en millones de móviles apagados durante un par de semanas. Bajarían las tarifas. Ya lo creo. Y así cualquier cosa que tenga que ver con este poderío sin límite del consumo. ¿Perderíamos algo por el camino? Nada de nada. Cambiar los hábitos no cuesta nada. Es gratis. Pero para ello hay que modificar ese sistema de megafonía engañoso que nos deja anulados como sociedades.
¿Hay en el mundo alguien capaz de echarle huevos y conseguirlo? No busque. No, no, no. Es usted. Y yo. Sólo hace falta que utilicemos estos medios de comunicación incontrolables (internet es una herramienta destinada a cambiar el mundo otra vez). Y esto dará un vuelco, por cojones. Usted está leyendo un blog modesto. Setenta u ochenta mil páginas al año leídas no es gran cosa. Pero sumando páginas podemos hacerlo. Comiencen a convencerse, no escuchen los mensajes terroríficos que nos envían, crean en ustedes mismos. El gran cambio está por llegar. ¿Se va a quedar usted fuera de la madre de todas las movidas?


jul 6 2011

Terror

– ¿Es usted Dios?
– Sí. ¿Qué se le ofrece joven?
– Pues mire, resulta que acabo de morir y me han mandado aquí. Y, la verdad, paso. Prefiero estar con mis colegas.
– Me deja perplejo, jovencito. Aquí se está de maravilla.
– No está mal, pero la música es un coñazo. Y tanta paz me deprime. Que paso, de verdad, que se lo agradezco y eso, pero no.
– Te acostumbrarás en diez o doce millones de años. Siempre pasa, tranquilo. Anda, ve a revolotear con tus nuevos amiguitos.
– No lo entiende usted, señor Dios. Es que paso.
– El que no lo entiendes eres tú. Si vuelves a poner pegas te mando de vuelta convertido en escritor. ¿Lo pillas ahora?
– Vale, vale. Me voy a revolotear unos siglos.


dic 19 2010

Con G de Grinch: Felicitaciones por doquier

¿Ha pensado usted en los mensajes que envía en navidad; bien a través de su cuenta de correo electrónico, bien a través de su teléfono móvil; cada vez menos, mediante felicitaciones por correo postal? ¿Este año enviará una frase ingeniosa o un chiste que recibió usted antes y que recibirán millones de personas (y usted mismo) en varias ocasiones? ¿Ha pensado en la poca gracia que tienen esas frases? ¿Tal vez escribirá algo del estilo Paz y amor en el mundo? (No sabría decir qué es peor) ¿Sabía usted que esos mensajes que se extienden como manchas de aceite (de colza) son enviados por las propias operadoras porque es un negocio multimillonario?
Las felicitaciones navideñas se han convertido en un intercambio de mensajes enlatados que están vacíos de contenido, adolecen de emoción y son casi ridículos. Antes, cuando nos sentábamos frente a treinta o cuarenta felicitaciones, con un bolígrafo y la lista de direcciones de amigos y familiares, todo era más emotivo. A cada destinatario se le decía lo que tocaba, había que realizar un esfuerzo porque merecía la pena, porque te lo pedía el cuerpo. Ahora la cosa consiste en enviar cualquier idiotez que pasa por ser ingeniosa cuando, en realidad, es una estupidez de aúpa. Si estás en la lista de contactos (aunque no representes una mierda) serás felicitado.
Esto tiene mucho que ver con la evolución de la fiesta navideña. No sé si para bien o para mal, antes el sentido religioso de estas fechas estaba muy marcado. Ahora no se diferencian de, por ejemplo, el día de la constitución. Ya no celebramos el nacimiento de un dios. Lo que celebramos es tener pasta para poder despilfarrar a base de bien. Y eso se nota en nuestra forma de felicitar. Enviamos un texto para decir oye, que me he acordado de ti, que te tengo localizado y eso merece gastar unos céntimos de euro. Me importa un huevo lo que te pase, pero formas parte de mis contactos. Eres privilegiado, amigo.
Tal y como están las cosas, de verdad, pienso que nos la trae al pairo la vida de los demás, el hambre de los africanos o las depresiones de medio occidente. Que la paz y el amor reinen en el mundo es algo en lo que ya dejamos de creer hace mucho tiempo. Si no fuera así mostraríamos una actitud mucho más militante con algunas ideología. Ah, perdón, que no quedan ideologías a las que agarrarse. Se me había olvidado.
Yo, cada año, recibo menos felicitaciones. Supongo que es el resultado de no contestar casi nunca o hacerlo con un escueto bah. Se han cansado de mi actitud. Creo. Por supuesto, me alegra mucho de que así sea. No tengo edad para andar jugando a los mensajitos ni a las llamaditas sorpresa. Y las operadoras de telefonía van a tener que buscar en otro sitio. Conmigo lo tienen crudo.
Como llega la navidad y tengo mi corazoncito, le voy a sugerir alguna idea con la que felicitar a esos chicos de los que pasa el resto del año y de los que se acuerda ahora (venga, reconozca que envía mensajes por doquier para recibir contestaciones a mantas y presumir de ello). Podría enviar algo así:
Hola; en realidad me importa una mierda tu vida, pero tengo acciones de telefónica y me gustaría que colaborases en mi enriquecimiento personal. Envía este mensaje a quinientos amigos. Si no lo haces te pasarán cosas horribles. Si se lo mandas a doscientos igual tienes suerte y sólo pierdes la vista. Feliz Navidad.
O así:
Esto de felicitarnos sin haber hablado en los últimos seis meses me parece hipócrita y asqueroso. Cambio y corto.
Tal vez le agrade más esto otro:
Nunca supe el verdadero significado de que hacia Belén va una burra, rin, rin, yo me remendaba yo me remendé yo me eché un remiendo yo me lo quité, cargada de chocolate; ni el de esto de felicitarnos la navidad con la que está cayendo. ¿Acaso nos hemos llamado para saber si estábamos vivos? Quizás me dirijo a un fantasma. Bueno, por si acaso, feliz navidad.
Pero puede enviar algo más auténtico si es que tiene ganas. Sigo donde estaba. Si necesitas algo sabes que puedes acudir a mí. Mis mejores ojalás siguen siendo tuyos. Un abrazo. Eso sí, con dos o tres mensajes lo solucionarán y recibirán dos o tres a cambio.
Pues a disfrutar. Llega la navidad y todos nos queremos mucho y eso.


sep 27 2010

La única respuesta

Cierro los ojos y me dejo llevar. Todos se han acostado ya. Me hacía falta un rato a solas. Tranquilo. Tiempo para reflexionar sobre todo lo que tengo abandonado entre tanto trabajo, tanto crío, tanta preocupación. Fumo. Las notas desordenadas sobre la mesa. Un último café. Ni sé el número que hace.

Cuando era un niño miraba a mi padre si salía a la terraza para estar a solas o si se sentaba en el sillón sin hacer otra cosa que mirar la pared de enfrente. No estaba mucho tiempo así. Esta casa estuvo tan llena de niños antes como ahora, el tiempo era escaso para hacer lo que fuese. Le miraba y, muchas veces, hubiera dado cualquier cosa por saber qué pensaba, por qué miraba de ese modo. Se llevaba la mano a la barbilla y podía escuchar el ruido que producía el roce de la piel contra la piel. Un día, no sabría decir cuándo fue, dejó de mirar la pared. Hizo un gesto para que fuera hasta donde estaba. Antes de llegar se levantó y me hizo salir a la terraza. Puso una silla a su lado. Ambos apoyamos los codos en el muro. Desde mi casa se puede ver buena parte de Madrid. Estuvimos un rato largo así. El fumaba, yo imaginaba que también lo hacía. Si apoyaba la barbilla en la mano le imitaba intentando disimular el movimiento.

– Qué pintamos aquí. Sobre eso pienso. Una pregunta que terminarás haciéndote cuando pasen unos años.

– ¿Has encontrado respuesta?

– Sí, claro. Sólo hay una y sirve para cualquiera que se haga esa pregunta. El problema es saber trazar el camino.

Estuvimos un rato más hablando de (supongo) cosas sin importancia. No las recuerdo. Y, desde ese día, le acompañaba en sus ratos a solas (ahora conmigo) en la terraza. Apenas hablábamos, pero me gustaba mucho compartir ese tiempo con él.

Poco antes de morir, cuando ya sabía (yo) que quedaba muy poco tiempo, cuando se me estaba muriendo sin que pudiera hacer el más mínimo esfuerzo por parar aquello, hizo un gesto con la mano para que me acercase a su cama. Dijo un par de cosas que sólo un padre puede decir y me preguntó si ya sabía qué coño pintaba en este mundo. No, le dije, no lo sé, papá. Aún no me lo has preguntado, contestó. Bueno, me he dedicado a imitarte. Creo que será suficiente. Y, ahora, descansa. Él sabía que ya me lo había preguntado cientos de veces y que ya tenía la contestación, la única posible y que sirve para todo el que se pregunta. Primero confundí la respuesta con los vehículos que tendría que usar para conseguir llegar a esa meta. Cuidar de mis hijos, de los que se fueran haciendo ancianos; trabajar duro, escribir, amar. Pongan todo lo que se les ocurra. Es todo la misma cosa. Viendo a mi padre muriéndose sin remedio me reafirme para siempre. Aquí estamos para ser lo que toca: personas. No mejores ni buenas personas. No. Personas a secas. Tenemos una única misión. Ser nosotros, existir, llegar a rozar lo está más allá de lo físico. Por eso mi padre murió sin quejarse una sola vez. Sabía que era eso (no morirse sino llenar de trascendencia su existencia), que estaba a punto de lograrlo.

Me hacía falta un rato a solas. Tranquilo. Tiempo para reflexionar sobre todo lo que tengo abandonado entre tanto trabajo, tanto niño, tanta preocupación. Sobre mí mismo y el camino que comencé a trazar hace tantos años mirando Madrid sobre una silla, con los brazos apoyados en un muro, imaginando que fumaba.


jul 30 2010

Más allá

Me han enviado algunos correos pidiéndome que aclare qué es eso de la trascendencia a la que hago referencia tantas veces. No el significado sino el efecto que produce en el hombre y, por extensión, en la literatura. Lo que no saben (creo) los que me lo piden es que a mí me han sido necesarios unos cuantos años para poder tener la idea clara. Y que, por tanto, será difícil que pueda decir algo de provecho en tan poco espacio. Voy a intentarlo con un ejemplo tomado de la realidad.
Supongamos que nos cruzamos con la mujer de nuestros sueños. Formamos una pareja desde ese momento y terminamos envejeciendo a su lado. Pues bien, el ejemplo que voy a manejar podría servir para cualquier instante de esa vida en común. Desde el primero hasta el último sin que la edad, los años juntos o las canas puedan modificar lo que diré a continuación.
Alcanzamos la realidad a través de los sentidos (vamos a suponer que de forma exacta para no entrar en asuntos filosóficos que ahora no interesan). Palpamos, olemos o vemos para que la razón ordene la información y tengamos acceso a la realidad. Después de Kant, todo esto no resistió demasiado bien, pero insisto que para lo que quiero decir sirve bien. Los sentidos forman parte de la realidad que alcanza.
Sin embargo, cuando nuestra pareja (esa que estará junta el resto de su vida) se abraza, cuando se besa, cuando el momento que viven se llena de erotismo, esa realidad se diluye, se difumina dando paso a la capacidad espiritual de la persona. Tocamos y al mismo tiempo sentimos algo que no vemos ni tocamos ni olemos jamás. En definitiva, la primera vez que eso ocurre, percibimos que el otro es mucho más de lo que se ve. Por decirlo de alguna forma accesible, es como si besáramos con nuestros labios a un espíritu, a lo que faltaba por descubrir del tú. No es que al tocar no notemos el roce de piel con piel. No. Sucede que ese sentido que agarra la realidad para que podamos manejarnos en ella, modifica su cometido y nos acerca esa trascendencia que tan bien escondida llevamos dentro y que sólo enseñamos a unos pocos a lo largo de nuestra vida. Cada abrazo, cada beso, se convierte en un descubrimiento, en la constatación de que el otro siempre esconderá algo nuevo con lo que sorprendernos. Su esencia, la suma de carne y espíritu. Estando en el planeta tierra podemos viajar allá donde queramos o nos lleven esas sensaciones, estando en el planeta tierra terminamos creyendo que él o ella están más allá de todo lo que podemos ver, oír, tocar, saborear u oler.
Pues bien, lo mismo podemos decir de las imágenes que encontramos en un buen poema o en un buen relato. Leemos y podemos imaginar, nos ponen delante un árbol y vemos el odio (es un decir, claro). Las palabras convertidas en imágenes no palpables aunque si sentidas de forma rotunda. Leemos aunque vamos más allá del libro que tenemos en las manos, de lo que se dice en él. La imaginación y la intuición se unen para llegar allá donde la voz narrativa procura llevarnos desde su credibilidad. Por esta razón es tan importante que aparezca lo relevante del silencio o la solvencia de lo dicho, que los personajes sean de carne, hueso y espíritu.
Más allá. En el arte eso es lo que manda. Y en el amor, y en el odio. Y en todo lo que llamamos realidad, se pueda tocar o no. La realidad es simbólica. Toda sin excepción. Símbolos desde donde nos comenzamos a explicar qué es lo que hacemos aquí, el camino que tenemos que recorrer, qué significa la muerte. A nosotros mismos, vaya.


jun 26 2010

Llenar unos versos

Recuerdo unos versos de Bertolt Brecht que dicen “carnal me gusta el alma / y con alma la carne(*)”. Y los recuerdo mirando alrededor, intentando saber si otros piensan igual que el poeta o si, por el contrario, han elegido una opción y no la otra.
Si amo desde el primer momento es porque ella es amor y sexo, inteligencia e instinto animal, serenidad y locura en las cosas del querer, creencia y superstición, alma y carne, alma carnal y carne con alma. Por eso los ojalás ya no sirven después de una mirada. Están de más y comienzan a caer lentamente desapareciendo por innecesarios.
Un par de versos pueden encerrar lo que uno quiera. Una vida. La suma de dos. O se pueden quedar vacíos. Todo depende del que los lee, de si elige una opción u otra.O ninguna.
Brecht escribió estos. Y yo los lleno hoy así.

(*) Estos versos son parte del poema “Lección de amor” de Bertolt Brecht.



jun 15 2010

El hombre moderno nació de un bit

Las redes sociales (la que conozco es Facebook y, de momento, me niego a meter la cabeza en ninguna otra que no sea esa) me fascinan tanto como me repugnan. He encontrado cosas de lo más interesante, gente inteligente, textos más que notables que no habría podido leer en ningún otro lugar, incluso, me he reído como hacía mucho tiempo que no lo hacía. Pero, del mismo modo, he podido comprobar que hay gente dispuesta a dañar a cualquiera que se ponga en su camino, que la red está repleta de tontos de baba que creen ser lumbreras colosales, de literatura barata que tratan de colar como si fuera la quinta esencia de la cultura, disputas, envidias, soledad, miserables que se mueven a sus anchas y muchas miserias.

Fabebook es el gran escaparate de la vanidad, de la idiotez, de la inteligencia, de las filias y las fobias, de la belleza, de la horterada más dramática, del carácter solidario de muchos y de la mala leche de los demás.

Sé que hay millones de razones por las que alguien puede dedicar parte de su tiempo a navegar interesándose por esto o aquello. Sin embargo, la soledad es la reina en las redes sociales. Alguien tiene lo que podría parecer normal. Un trabajito, un marido, una esposa, hijos, perro, gato, una rata y amigos. Todo muy normal. Pero nada le termina de llenar. Descubre Facebook y cree que todos los huecos se llenan en cinco minutos. Uno le dice eso que quiere escuchar, el otro alaba lo que escribe aunque sea una mierda, el de más allá le envía un dibujo lamentable en el que le comunica que se rinde a sus pies. A su vez, él o ella contesta con lo mismo. El mundo se convierte en una nube de algodón dulce y aquí todos felices.

Estamos solos, buscamos compañía y nos terminamos creyendo que un gilipollas que se hace llamar Andy García (en realidad es Diodoro Márquez) quiere casarse con nosotros. Nos interesa el mundo en el que podemos reinar. Nada puede gustar más a los usuarios de Facebook que la popularidad. Una popularidad idiota porque si dices la vida es bella y cuarenta solitarios se lanzan a comentar tu gran reflexión diciendo que es lo más bonito que han leído en su vida, acabas de ganar (seré generoso) nada. Pero te hace sentir bien. Luego, a cambio, les dices tú lo mismo si, por ejemplo, afirman que la vida es un asco y todos contentos. Nadie gana nada, pero nos sentimos mejor. Así de simple.

Además, Facebook puede convertirse en un asqueroso patio de vecinas. Broncas, dimes, diretes, cotilleos, calumnias. Una gran confusión ordena el día a día de este mundo virtual tan apasionante y tan repugnante. La mayor parte de las veces la cosa degenera en una paranoia colectiva en la que aparecen relaciones inventadas, héroes, villanos, santos, demonios y gentuza. No hay nada mejor como el Facebook si uno quiere terminar mal de la cabeza. Lo que no tengo tan claro es si son este tipo de relaciones virtuales las que vuelven loco a cualquiera o si, por el contrario, es un gran sanatorio al que llegan todos los tarados del mundo buscando una última solución.

¿Estamos tan mal de la cabeza o es una percepción, la mía, equivocada y exagerada? Quería reflexionar sobre este asunto más de lo que se aprecia en estas líneas, pero lo dejo aquí. En realidad me parece una catástrofe absoluta y no voy a perder más el tiempo. Lamento que usted lo haya perdido leyendo. Además, estoy agotado. El mundo real, el de verdad, no es tan amable como este otro que nos hemos inventado para inventarnos a nosotros mismos.