ago 16 2010

Lógica de escape (I)

– Creo que te quiero con locura.
– El amor no es una cuestión de fe.
– Hay una probabilidad entre un millón de que no te quiera realmente.
– Reducirlo todo a la razón te convierte en una máquina de amar.
– Te quiero.
– Qué tendencioso. No das opción.


ago 9 2010

Quizás sea al contrario

Se mira en el espejo. Un castillo de naipes. Perfecto. Alarga la mano. Encoge el dedo índice y apoya la uña en la yema del pulgar. Sabe que si hace fuerza y suelta el dedo hasta que se estire todo habrá acabado. Su castillo. Y piensa. ¿Por qué no?
Soportan el peso de la baraja el as de picas, el siete de corazones, tres de tréboles, dama de picas, rey de diamantes. Observa con atención. Si una cae arrastrará al resto. Piensa. Familia, dinero, yo, tú, el eterno amor no correspondido, el eterno reproche, lo importante, lo accesorio. Yo.
Presiona con el pulgar. Ahora es cuando el índice sale con fuerza hacia delante.
Las cartas caen. Ya es capaz de ver su reflejo. Nada es como antes. La pregunta era la contraria. ¿Por qué sí?


ago 8 2010

Pecados capitales (VI)

– Llevan tres días encerrados sin salir de la habitación. La que lían cada noche.

– Eso es lujuria. Vaya par de sinvergüenzas. No quiero que nadie se entere de lo que está pasando aquí. ¿Me entiendes?

– No creo que sean sinvergüenzas, madre. Están recién casados y recuperan el tiempo perdido. Su vida entera comienza ahora. Y a nadie le interesan estas cosas. Por eso no te preocupes.

– Unos guarros, eso es lo que son. Pecadores. Un hombre y una mujer sólo deben encontrarse para procrear. Y sólo para eso. Lo que estos dos hacen es una guarrada.

– Si es así, si todo es una enorme guarrada, es que lo están haciendo bien, madre.

– No seas descarada. Esos pensamientos son el germen de la lujuria, del pecado. Parecéis animales. Yo sólo me entregué a tu padre en silencio y en la oscuridad. Por amor.

– ¿Y dices que fuiste feliz? Mentir también es pecado, madre. Uy, ya empiezan otra vez. Vaya con el niño. Parecía una mosquita muerta y mira.

– Me estáis matando entre todos.

La muchacha se levanta y camina hasta el cuarto de baño. De los tres, elige el de la planta alta. Desde allí puede escuchar. Habrá que recuperar el tiempo perdido como pueda, murmura.


ago 6 2010

Pecados capitales (V)

– ¿Qué es la ira, papá?
– El estado en el que se encuentra aquel que quiere pegar a otro o a sí mismo. O quererse vengar de alguien por algo que le hizo.
– Y ¿cómo se puede saber que estás lleno de ira?
– Mira hoy te vas a hacer un poco mayor. No hay que ser violento, tan sólo hay que ser.
– Vaya mierda.
– No lo sabes bien.


ago 4 2010

Pecados capitales (III)

Algunos días comía sin parar. Otros despreciaba lo que le ponían enfrente y ordenaba tirarlo a la porquera. Convirtió el masticar en el proceso previo al vómito. Hacía mirar a los sirvientes. Pisoteaba las sobras gritando que la gentuza no debería tener dientes sino un hambre perpetua para que trabajasen con más dedicación. Sólo la sangre azul ha de tener privilegios, decía mientras golpeaba con brutalidad a quien estuviera cerca.
A todos los cerdos les llega su San Martín, gritaban el día que fue traicionado por su hijo. El populacho arrastró primero al traidor por las calles empedradas. Ni siquiera acabar con su padre le concedía la posibilidad de vivir. Fue colgado cabeza abajo y golpeado con estacas de madera de pino hasta morir. Cuando acabaron con el muchacho, el juez ordenó que todos los presentes guardaran silencio. Puerca majestad, todos sabemos lo que disfruta con las viandas y el vino. No quisiéramos sus lacayos que tuviera un final infeliz. Va a comer todo lo que usted quiera, mi rey, en agradecimiento al trato que nos ha dispensado.
Le rebanaron parte de la espalda, los muslos, tripa y gemelos. Le apuntaron un dedo sí y otro no. Lo justo para que no muriera desangrado. No le permitieron desmayarse. Y, poco a poco, le hicieron tragarse a sí mismo. Tres días de sufrimiento. Los restos fueron repartidos entre los más hambrientos que celebraron el festín entre risas.
Es ahora, pasados los años, cuando se ha olvidado en el reino entero lo que pasó. Tan sólo el redactor de edictos ha recuperado uno antiguo (del tiempo en que ese territorio era un reino) para copiarlo. “Queda prohibido comer sin mesura. Todo aquel ciudadano que lo haga será castigado con la muerte. Estarán exentos los gobernantes y sus familias, sacerdotes y militares de graduación”, dice el documento. El populacho acecha en la sombra porque quiere comer todo lo que sea posible para sentirse poderoso.