ene 15 2011

Fahrenheit 451

Una novela en la que los bomberos dedican su tiempo a quemar libros y en la que los libros dejan de serlo para convertirse en memorias, es obligatoria entre las lecturas de cualquiera.

Fahrenheit 451 dibuja un mundo futuro en el que las amistades son virtuales, en el que la inteligencia está condenada a desaparecer, en el que las amenazas de guerras distrae a la sociedad (como ahora los partidos de fútbol); un mundo que esboza el nuestro y lo explica. Los libros son perseguidos como culpables de los problemas de la humanidad. Si somos iguales, si no hay diferencias ideológicas, el mundo será mejor. Los dueños de los libros son renegados por malgastar su tiempo en pensar, en sentir sensaciones desconocidas por buena parte de la humanidad. El mundo se muere de idiotez, pero el mundo siempre encuentra salidas.

Desde el primer momento la trama nos invita a seguir leyendo, a pensar sobre lo que nos cuentan y a entender lo necesario que es un género como el de la ciencia ficción para ordenar nuestro mundo.

La literatura de Ray Bradbury hay que conocerla y esta obra es un claro exponente de lo que un hombre es capaz de imaginar.

Calificación: Excelente.

Tipo de lector: Cualquiera que sea capaz de entender la necesidad de aprender un libro de memoria.

Tipo de lectura: Ligera.

Engancha desde el principio.

No sobra ni una sola página.

Argumento: Original, atractivo.

Personajes: Muy bien perfilados.

¿Dónde puede leerse?: En cualquier sitio salvo cerca de un parque de bomberos.


milt jacksonsunflower


ene 14 2011

La Puerta de los Infiernos


Laurent Gaudé logra con su novela La Puerta de los Infiernos (Ed. Salamandra, 2009) retratar con precisión el sufrimiento de unos padres que pierden a su hijo, la destrucción de una relación, la venganza, la amistad y el infierno. Sí, el mismísimo infierno. No el que tenemos en la cabeza los occidentales sino el clásico, el que veían cerca Eurípides o Platón. Es una de las descripciones más conmovedoras, más terroríficas, que jamás se han escrito. Pero el gran mérito de Gaudé es que agarra una historia rebosando amargura y violencia para tratarla desde la ternura de lo cotidiano. Se acerca Gaudé a la tragedia griega en las formas y en el fondo. Incluso lo hace cuando se asoma a la teología. Perfila los personajes como lo harían los clásicos (no como un todo sino como si fueran trocitos pegados unos a otros y de los que pudiera desprenderse el individuo sin causar más que un daño “local”). Y lo hace con una solvencia extraña en los tiempos que corren. Creo que pasarán años hasta que pierda la nitidez en mi consciencia la descripción que me encontré del infierno en esas páginas. Pero, del mismo modo, será difícil olvidar la relación del matrimonio protagonista, las escenas violentas y crueles que definen el mundo que nos presenta este autor francés.

Calificación: Muy buena

Tipo de Lector: Dispuesto a tocar el mismísimo infierno con la punta de los dedos al pasar cada página.

Tipo de lectura: Ligera.

Engancha desde el principio.

No sobra ni una sola página.

Argumento: Original, atractivo, muy emotivo. Cruel, a veces.

Personajes: Muy bien perfilados.

¿Dónde puede leerse?: Mejor en casa. Tomando un café.


milt jacksonlost april


dic 18 2005

Compañeros de viaje


En los cementerios bulle la vida disfrazada con manto oscuro y nos despista, hace sentirnos incómodos. Por eso, cuando pisamos uno sabiendo que tocamos el suelo futuro, nos gusta poco. Apenas apretamos las plantas de los pies contra el suelo para no dejar pegado nada de lo nuestro. Ni una huella que desaparecerá con el agua de lluvia. Por si acaso. Y es que los muertos nos acompañan sin que nos fijemos en ellos, sin prestar atención a lo que dicen salvo que todo lo que llamamos vivo se vuelva en contra o pensemos en hacer algo que ellos nos reprocharían o acabemos de dejar uno más metido en una caja de madera. Y nos hacemos los desentendidos aun sabiendo que los tenemos enfrente, demorando el gesto con el que empezar la conversación, intuyendo una vida larga que evitará rendirles cuentas hasta mucho después. Nos creemos eternos, inmortales. Pero lo único eterno es la muerte. La muerte siempre fue, la vida no. Y esos muertos ahora son la misma muerte. Y Dios su plenitud. Creó vida para que la muerte pudiera seguir el único carril posible. Para no morir él. Todo es morir. Y nosotros. Y Dios. Ser es vivir. No ser no es lo mismo que morir. La vida se pliega a la muerte. Siempre.
No queremos hablar con nuestros muertos, con los eternos compañeros de vagón, porque sabemos que pondrían la cordura de la muerte en cada palabra, en cada idea que celebrara un vivir inútil. Aunque sabemos que nos miran, que no nos engañarán nunca, que la vida está construida con pasados y futuros, con la muerte, nunca con la propia vida, nunca con un presente inexistente. Los sabemos, los pensamos. Y los ignoramos desde una certeza combativa que quiere ser ignorante y no es capaz. Nos aterroriza pensar que estamos muertos desde el primer momento. Somos el miedo vivo a la muerte que nos toca arrastrar.
Vivir significa desaparecer, dejar una huella en el cementerio de las que no se borran.
A veces, siento la tentación de plantearme la muerte como mi gran problema. Pero mi único problema es encontrarme, saber qué, cómo o para qué. Es la única forma que se me ocurre para vivir esta muerte. Y la de los demás. La de los compañeros de vagón. Esos a los que comienzo a mirar para que me devuelvan el reflejo de lo que soy.

milt jacksonsunflower