jul 8 2010

Nombres (26)

Elena.

Retoca los contornos del rostro con un pincel recién estrenado.

Lo llamaré Autorretrato, sólo eso, nada de adornos estúpidos, murmura mientras mueve el pincel de arriba abajo, despacio. Perfección prestada, así podría llamarse también. Sigue murmurando.

Deja la paleta sobre la mesa repleta de tubos y papeles. Deja el pincel. Se separa dos pasos y mira. Pasan los minutos. Completamente quieta. Mirando. La luz del sol que cubría la pared se ha convertido en una línea delgada tocando el techo.

Se sienta. Saca un cuaderno del bolsillo de la bata. Anota. Él hubiera sido honesto. Esa nariz no es, la piel es tersa cuando debería estar arrugada, nunca he sido capaz de sonreir de verdad. Soy mentirosa. Vieja, miope y mentirosa. Hace años que él lo sabe, lo ve, y un hombre no puede amar a una mujer así.

Sale del estudio. Baja las escaleras. Cae. Un golpe brutal. La sangre se extiende alrededor. El rostro parece dibujarse sobre un tapete granate.

El hombre entra despacio. Acaba de terminar la ceremonia. Se ha ido antes de que ajustasen la lápida. Se queda en el centro del estudio. Mira el lienzo que hay sobre el caballete. Como si alguien escuchara afirma que parece una fotografía. Se acerca estirando el brazo aunque no llega a tocar. La boca entreabierta. Los párpados a medio caer.

© De la imagen: Ana Laura Blanco


may 20 2010

Lista de urgencias

Mientras le llenan de alambres la boca a Guillermo Ramírez he decidido que voy a anotar las cosas que me quedan por hacer de aquí al día que me muera. Lo haré empezando por lo más urgente o importante. Comienzo.

1. Convertirme en metrosexual.
2. Sacar el euro que hay entre el asiento del coche y la palanca de cambios.
3. Volverme completamente loco.
4. Seguir las flechas azules.
5. Volar hacia una nube de cenizas en un jet privado.
6. Confesar al tendero que fui yo el que desenchufó la máquina de helados.
7. Aceptar una oferta que no pueda rechazar.
8. Convocar un premio literario exclusivo para señoras que me llamen Grabié.
9. Ordenar el trastero.
10. Demostrar al mundo entero que el hombre nunca llegó a la luna.
Pues nada, manos a la obra.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


dic 8 2006

Para siempre

El día ha sido frío. Diez o doce grises diferentes se mezclaban perfilando un cielo tan antipático como definitivo al mirar desde la ventana.
Gimena, la jovencita que tanto se ha hecho esperar, ha estado en brazos de su padre mucho tiempo. Intranquila como cualquier recien llegado. A media mañana nos hemos quedado solos. Y hemos bailado. “Ask a woman who knows” de Natalie Cole, “All the things you are” de Oscar Peterson y “Amor de Conuco” de Juan Luís Guerra acompañado por Tomatito y Michael Camilo. No creo que nunca nadie en el futuro baile con ella de esa forma. No lo creo, no. Es una bienvenida que tenía reservada a la niña, un recibimiento preparado con cuidado. Sus hermanos escucharon un par de poemas. Ella ha bailado con su padre como no volverá a hacerlo hasta que se encuentre con el hombre de su vida o algo así. Aunque será otro baile, otro amor. Cosas bien distintas.
El cielo se ha dibujado gris. El resto luce otro color. El de un baile muy lento que durará toda una vida. Bienvenida Gimena.