- No pareces muy contenta. Acabas de hacer uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de la historia. ¿No te parece suficiente?
- He descubierto los restos de alguien, sí, pero no soy capaz de saber quién fue, a qué se dedicó durante los años que vivió, si fue capaz de entender algo del mundo.
- Eso no importa. Sabemos que el hombre apareció mucho antes de lo que pensábamos gracias a ti. Eso es lo gigantesco de todo esto. Ahora podemos entender el mundo.
- Pero no sabemos qué pintamos en todo esto y así es imposible. Siempre estaremos bordeando la verdad. Eso es lo gigantesco del asunto. Una enorme y pesada carga.
Se levanta con agilidad. Sacude los pantalones llenos de polvo y se despide moviendo la mano levemente. Camina hasta que no escucha las voces, hasta que la luz a su espalda apenas ilumina. Flexiona las piernas despacio quedando en cuclillas. Agarra un puñado de tierra y piensa. Cree ver el contorno de una sombra. Una pequeña mujer en cuclillas mira la oscuridad. Lo único que puede hacer para descubrir la gigantesca carga que nadie quiere arrastrar.
Una forma gratuita de pensar en imposibles; sufrir imaginando lo que no ha sido nunca, lo que jamás será; construir mundos imposibles y deshabitados. Eso es la esperanza. Un lastre.
Mira tan lejos como puede desde lo alto de una tarima. Siente lejos a todos los demás. Ni siquiera es capaz de percibir sus contornos. La distancia es enorme, piensa, soy una diosa.
Cuando escucha las pisadas sobre su cabeza tiene la certeza de llegar tarde. Sobre una cúpula enana los demás pisotean lo poco que es. Y, llena de rabia, llora prometiendo no perdonar a los que han sido capaces de estar allí, a los que nunca sabrán de su grandeza.
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