dic 5 2011

417.000 euros

Con la que está cayendo y estos mequetrefes se siguen gastando miles de euros como si aquí no pasara nada. No me extraña que los jóvenes se dediquen a ocupar inmuebles vacíos, a protestar en la calle y, de paso, a fumarse unos porros. Esto es un desastre monumental y lo raro es que la cosa no vaya a más. No será nada del otro mundo que un día de estos se organice la mundial.
Pero también es una vergüenza que los nuevos escritores (es por llamarlos de alguna manera) que andan sueltos paseándose por las fiestas que organiza la gente del mundo literario (no del de la literatura) fardando de ser snobs, les bailen el agua a esta gentuza porque les parece muy gracioso. Eso les convierte en lo mismo. Ni con toda la arrogancia y el falso ingenio que gastan (eso de jugar con las palabritas es una gilipollez que no tiene ni pizca de gracia) pueden esconder la idiotez y las ganas de ver el mundo desde las fiestas ridículas. Se trata de entender el mundo de una forma que sólo un escritor es capaz de conseguir. Ir de fiesta a presumir de lo que no se es lo hace cualquiera. Los intelectuales tienen su puesto en esta sociedad (al menos así debería ser) y no es ese del que presumen cuatro desgraciaditos que serían capaces de cualquier cosa con tal de publicar.
Y es una vergüenza (qué caro es el puto cuadro) la cantidad de personas que se sienten ajenos a lo que está pasando porque a ellos no les roza una situación dramática para muchos. Estos no fuman porros. Estos se fuman un puro y se meten coca. Es más caro y queda que te cagas. Deberían saber que, cualquier día de estos, pueden estar comiendo mierda del mismo plato del que comen ahora esos a los que desprecian.
Lamentable del todo y obsceno a más no poder (hay que joderse con el cuadrito de los cojones) es todo lo que pasa en este mundo. Pensaba seguir largando. Sobre políticos, banqueros, obispos y ese tipo de gente. Pero he trabajado doce horas, ahora intento avanzar en mi novela y, francamente, el mundo comienza a ser un coñazo. Eso sí, en el senado tenemos los españoles un cuadro por el que se han pagado 417.000 euros. Igual 417 familias hubieran podido evitar que les pusieras de patitas en la calle por no pagar la hipoteca o podrían comer sin problemas este mes. Incluso podrían tener un capricho. Porque todos deberíamos optar a gastar unos euros en nuestro tiempo libre. Dejarse el lomo a todas horas en un asco. Algunos deberían catarlo para que pensaran un poquito sobre lo que pasa y no en tanta fiesta y tanta mierda. Y el cuadro, además de carísimo, es espantoso.



may 22 2011

Pasteles, ideas y centrifugado

Hoy muchos se han repartido un pastel enorme que a otros muchos les importa poco o nada. Han votado la mitad de las personas que podían hacerlo y estamos hablando de millones de votos. Aunque a los del pastel no les importa ese dato y sí la parte a la que tocan.
Ya está repartida la cosa. Menos mal.
El movimiento de votos desde los partidos mayoritarios a otros con poca representación se ha producido con cierta fuerza. Era el primer objetivo que se perseguía desde siete días atrás. Siete días es muy poco. Pero nos queda todo el tiempo del mundo para poder ir corrigiendo cosas en los sistemas a base de pensar, a base de sentir que el mundo es nuestro le pese a quien le pese. Nos queda la historia entera. Sólo los que resistieron alcanzaron lo que deseaban. Y nadie dijo nunca que esto fuera cosa fácil. Que se vayan comiendo su pastel mientras nosotros pensamos la receta del nuestro.
Sería un gran error tomar como referencia los datos electorales para valorar lo que está sucediendo. Los miles de personas que siguen ilusionados con un mundo mejor no han pintado nada en los parlamentos ni en los ayuntamientos ni en ningún sitio. El colmo de la hipocresía pasa por decir que esto es un fracaso de un movimiento social que no ha querido saber nada de partidos políticos. Y ya se está anunciando desde los medios de comunicación. Ahora resulta que sólo van a tener en cuenta a las personas sin trabajo y sin futuro para recordarles que han perdido no sé qué. Señores, repartan ustedes su juguete, procuren no estropearlo en exceso y aguarden a que lo de las plazas de toda España vaya madurando.
La ilusión, las ideas, el entusiasmo al pensar un mundo mejor o los valores nobles que se manejan dentro del movimiento del 15-M, están mucho más allá de las poltronas. Millones de votos no son nada comparados con un par de docenas de mentes claras que sepan qué es lo que hay que hacer con ellos. Esos millones de votos de ventaja son una verdadera tortura, una invitación al miedo para el que los consigue. Al mismo tiempo que los celebran comienzan a pensar en cómo no perderlos. Es lo bueno de las ideas. Cuando las tienes jamás las pierdes.
Vuelven a sonar miles de voces en toda España. Ajenas a tanta alegría y tanta desdicha entre los políticos. En nuestras plazas no se suman votos. Lo que se suman son ideas que se amontonan buscando una estructura ideológica lejana a la establecida. Viva, chispeante, amable. En nuestras plazas lo que se cuece es el futuro de todos y no el futuro de los mercados financieros gobernados por unos pocos. En nuestras plazas sigue habiendo personas. Sin embargo, en los medios nos han convertido en numeritos que se traducen en poder para unos u otros. Suenan miles de voces y seguirán haciéndolo los próximos días, los próximos meses.
Esto no iba con nosotros. Lo nuestro es un mundo mejor en el que quepamos todos. Sigamos llenando la plazas de toda España. Esto acaba de empezar. Ahora queda lo verdaderamente difícil. Aguantar hasta conseguir lo que deseamos.
Hoy, mis dos hijos pequeños han paseado con sus padres por la Puerta del Sol de Madrid. Disfrutando de lo que veían, de la amabilidad de los voluntarios que les ofrecían agua cada dos por tres para que soportaran el calor, con el número de teléfono de su madre apuntado en la manita por si se perdían (nunca estuve más tranquilo en mi vida sabiendo que si eso ocurría alguien llamaría treinta segundos después), leyendo los carteles, mirando los dibujos de otros niños que ya habían pasado por allí. Han vivido, por primera vez en sus vidas, entre personas que se importan unas a otras. Pero de verdad. Nada de interpretaciones. Mi deseo es que puedan hacerlo por mucho tiempo, que puedan decir un día que ellos estuvieron allí, que el mundo cambió a partir de entonces.
Cada cual a lo suyo. Unos con sus pasteles, otros con sus ideas. Unos interpretando el mundo a base de talonarios, otros inventando una vida nueva.
Pulsemos la tecla de centrifugado que tenemos en la cabeza. Necesitamos millones de ideas y sólo así podemos enfrentar el futuro.
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© De la imagen aquí


ene 21 2011

El Gran Gatsby

Existen novelas para todos los gustos, más grandes o más chicas, fatales, pasables, mal escritas o excelentes. Y cada una de ellas es lo que es por algo. No por gusto de los lectores. Eso es otra cosa con la que un escritor debe saber vivir. Las novelas son como son, independientemente del gusto de gente que, quizás, no sabe ni lo que dice. Por ejemplo, El Gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald es una de esas obras que leídas con poca atención podría pasar por una novela más. De hecho, la película que se rodó, con la novela como base, es un desastre total. El director no entendió nada.

¿Dónde está la grandeza de esa novela? En el narrador. Desde el principio intenta ocultar sus armas, un campo semántico entero para procurar que no conozcamos su condición sexual, utiliza figuras retóricas para decir sin decir. El gran protagonista es el lector porque está expuesto a no enterarse si no hace el esfuerzo de añadir lo que de forma explícita no aparece. Una verdadera obra maestra. Si a los elementos técnicos le añadimos una norteamérica alocada, un mundo altamente atractivo para los curiosos, una historia de amor imposible, muertes y fiestas divertidas y disparatadas, tenemos una novela obligatoria en la cola de libros por leer.

Calificación: Excelente.

Tipo de Lector:  Conviene que no sea la primera novela para leer.

Tipo de lectura: Amable aunque exigente.

Engancha muy pronto.

No sobra ni una sola página.

Argumento: Divertido y muy bien resuelto.

Personajes: Lo mejor de la novela.

¿Dónde puede leerse?: Cualquier sitio es bueno.


Oscar PetersonCall Me


ene 18 2011

Lo que siempre llamé felicidad

Hoy el mundo gira hacia el lado contrario.
El tiempo no suma. Todo va dibujándose con los trazos que fueron nuevos y envejecieron sin avisar. Los muertos vuelven a sonreír y todo está por llegar. Otra vez. Las ilusiones intactas, los viejos amigos recién conocidos.
Hoy el mundo gira en la dirección exacta.
Todo es como fue. Lo que ha sido tendrá que esperar para hacerse presente. Y todo gracias a que he decidido ser un poco yo. Sólo un poco, durante un tiempo corto, necesario, mío. Repasando lo que deseé ser antes de nacer y olvidé después del primer llanto consciente.
Tal vez esto es lo que siempre llamé felicidad. Tal vez es lo que la felicidad siempre demandó y no he sabido darle. Por fin hemos llegado a un acuerdo. Efímero, pero cierto.


sep 1 2010

Una buena razón para escribir

Mi padre me pareció un superhéroe. Siendo niño, le veía llegar a casa desde la terraza. Corría y esperaba a que abriera la puerta sabiendo que me revolvería el pelo con las manos. El mundo se convertía en un lugar seguro. Era mi padre, del que podría presumir en cualquier lugar y del que podía esperar cualquier cosa.
Hoy, que conozco lo mejor y lo peor de lo que fue y arrastró durante su vida, hoy que puedo ser capaz de recordarle con trazos amables, imperfectos, finos o toscos; me sigue pareciendo un superhéroe. No sé si lo hago intentando defender todo lo que heredé de él, no sé si lo hago cegado por la devoción. No lo sé.
Quiero pensar que, tan sólo, es porque me indicó el camino que habría que transitar para querer. Para quererme a mí mismo, para no dejarme atrapar por un conformismo arrasador. Aquí se viene a ser algo importante. Para ser mediocre ya está el cielo. Que allí son todos iguales, me decía cuando algo no iba bien. Y para querer a otros. Si algo caracterizó a ese hombre fue su insólita capacidad para amar y hacer que te sintieras importante. De poco sirve querer si el otro no lo percibe; quien no se siente especial está muerto.
Aún no sé porqué razón he decidido agarrar la estilográfica para escribir todo esto. Quizás sea porque hace mucho tiempo que nadie me desordena el flequillo con las manos. Quizás sea porque le echo de menos. Sin más. El caso es que era necesario escribir. Y un padre siempre es una buena razón.


feb 27 2010

Cumpleaños

El próximo domingo este blog cumplirá un año desde que es La Vida del Revés. Y yo cuarenta y seis. Él vive gracias a mí y yo, en buena parte, gracias a él. Termina el primer año con el contador de hits cerca de los cuarenta y siete mil registros (cosa que no está nada mal para una página de este tipo). Acabo este año con cinco o seis canas en el poco pelo que va quedando (nunca tuve canas, pelo creo que sí), menos fuerza para levantar niños y llevarlos de aquí para allá, la vista algo más cansada y la cabeza amueblada más a mi gusto.
Me gustaría poder decir que este ha sido el mejor año de mi vida. Pero no lo ha sido. Así que me conformo con haber dicho lo que recogen los seiscientos veintiséis textos publicados desde el año dos mil cinco.
Y como estoy de enhorabuena (me siento muy satisfecho del trabajo que he logrado hacer), aquí dejo algunos de mis preferidos. Por supuesto, con buena música para acompañar. Yo me los voy a leer. Si alguien quiere acompañarme…

© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


Dexter Gordon – For All We Know

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Aerosmith – I Don´t Want To Miss a Thing

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Charlie Haden & Michael Brecker – Travels

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Jacques Loussier – Minuet in G major

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Oscar Peterson and Nelson Riddle – Round Midnight

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Gwyneth Herbert – The Very Thought of You

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feb 15 2010

Revelación

Piensa en los cientos de revelaciones en las que creen millones de personas. Se mira en el espejo. Es cuando lo dice. Yo soy una revelación como otra cualquiera, tan divina como la que más, en la que puedo creer. Se acuesta con la sensación de arropar una imagen sagrada. Recordarme siendo niño, pensarme siendo anciano es una revelación. Le encuentra la policía una semana después gracias al aviso de los vecinos. Según la autopsia, la causa del fallecimiento es el suicidio. Encontraron una nota junto a la almohada que decía “voy a montar mi propio reino de los cielos”.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


Oscar Peterson – Stephen grappelli – Autumn leaves

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dic 9 2009

Dioses del inframundo

Ayer pasé miedo. Hacía muchos años que no me encontraba tan angustiado y tan asustado mientras leía. Son muchos miles de páginas a la espalda como para conmocionarme al leer. Y menos con una novela escrita en la actualidad. Y, sin embargo, ayer ocurrió. Aún ahora sigo viendo imágenes tristes, desoladoras, traumáticas y horribles. Dicho así, cualquiera huiría de una lectura tan agobiante. De una lectura sobre la muerte. Parecería lo más lógico porque nadie quiere que le recuerden de forma tan abrumadora lo que le espera pasado un ratito. Pero para resolver estas cosas existen los buenos escritores, para acercarnos a lo más bajo de la existencia después de tendernos la mano sin querer obligarnos (a los lectores), añadiendo una pizca de luz, unos personajes entrañables, ternura y oficio. Y un tema (¡qué pena que muchos autores olviden algo tan importante a costa de una buena trama!). Un tema, sí. En este caso la relación entre los padres y los hijos, en definitiva, la familia.
La novela se titula “La Puerta de los Infiernos”. La firma un tal Laurent Gaudé. Y se trata de una obra, sencillamente, impresionante.
Es posible que yo, padre de cuatro hijos, hermano de tres, hijo, marido y amigo de mis amigos, es posible, decía, que sea especialmente sensible cuando estoy frente a una narración de estas características. Es posible que sólo se tratara de un estado de ánimo determinado que me hiciera más vulnerable ante el relato. Pero es seguro que soy novelista y sé lo que tengo entre manos. Hace muchos años que perdí la inocencia al leer. Ayer pasé miedo y me encontré leyendo una novela de doscientas cincuenta páginas de un tirón. No pude dejar de hacerlo desde que abrí el libro.
Se acerca Gaudé a la tragedia griega en las formas y en el fondo. Incluso lo hace cuando se asoma a la teología. Perfila los personajes como lo harían los clásicos (no como un todo sino como si fueran trocitos pegados unos a otros y de los que pudiera desprenderse el individuo sin causar más que un daño “local”). Y lo hace con una solvencia extraña en los tiempos que corren. Creo que pasarán años hasta que pierda la nitidez en mi consciencia la descripción que me encontré ayer del infierno en esas páginas. Pero, del mismo modo, será difícil olvidar la relación del matrimonio protagonista, las escenas violentas y crueles que definen el mundo que nos presenta este autor francés.
Después de leer un par de páginas o tres, decidí quitarme el disfraz de escritor y disfrutar la novela como si no supiera ni una palabra de literatura. Y no me arrepiento.
Hacía muchos años que no disfrutaba tanto con una lectura. Por ello no quiero desvelar nada de la trama, nada de lo fundamental. Sólo quiero que otros agarren ese libro, se sienten con un café humeante sobre la mesa; el paquete de tabaco, si es que fuman, a mano; un lápiz para subrayar y cierta dosis de valor para enfrentarse a los miedos que compartimos millones de seres humanos.
Eso sí, no lo hagan si piensan morir pronto. Mejor que sea sorpresa lo que les espera. Quedan advertidos.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


dic 3 2009

La negación de la felicidad

– No vuelvo a beber una sola copa si quedo con una mujer. Pierdo el control.
– No será para tanto. ¿Qué te ha pasado esta vez?
– Cenamos, fuimos a bailar y cuando apoyó la cabeza en mi hombro le dije “te quiero”. Maldito alcohol.
– Pero eso está muy bien. ¿Qué te contestó?
– Que se sentía la mujer más afortunada de la tierra. Y lloraba al decirlo. Se separó un poco, me tomó de la mano y tiró de mí hasta nuestra mesa. Comenzó a contarme sus planes para el futuro.
– ¿Qué esperabas? Es tu esposa.
– Pues cualquier cosa menos eso.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


oct 27 2009

Noodles

– Hay que probar de todo, hija. Al fin y al cabo son fideos. Que los llamen noodles no les hace ser otra cosa. Fideos muy largos.
– A mí me provocan ardor de estómago. Prefiero los fideos normales y corrientes. Un buen cocido es un buen cocido. Y reconozco todo lo que me echo a la boca.
– Bueno, lo pruebas y luego hablamos. ¿Has pensado que puedes estar perdiéndote lo mejor?
– No vamos a discutir por esto. Dame el plato, anda. Por cierto ¿ha llamado?
– Que yo sepa no. ¿Aún crees que lo hará? Me temo que ya ha pasado mucho tiempo, hija. Debes salir con las amigas, divertirte. El mundo es más grande que él.
– Eso es verdad, mamá. Pero las cosas son como son. Y lo que me voy encontrando desde que me dejó es una catástrofe. Cuando no están casados, están separados y con dos o tres niños que cuidar, o me gusta y resulta que es gay. Noodles, mamá, noodles. Y no es lo mismo comerse un plato de esta cosa que cargar con un mochuelo que te va a joder la vida.
– Fideos largos, hija. Si los partes, los puedes echar en la cazuela y apenas notas la diferencia.
– Claro que se nota. Además ¿has pensado que comiendo esto puedo estar perdiéndome el mejor cocido de mi vida? Los experimentos con estas cosas no me convencen. Terminas siempre teniendo ardor de estómago.