dic 8 2006

Para siempre

El día ha sido frío. Diez o doce grises diferentes se mezclaban perfilando un cielo tan antipático como definitivo al mirar desde la ventana.
Gimena, la jovencita que tanto se ha hecho esperar, ha estado en brazos de su padre mucho tiempo. Intranquila como cualquier recien llegado. A media mañana nos hemos quedado solos. Y hemos bailado. “Ask a woman who knows” de Natalie Cole, “All the things you are” de Oscar Peterson y “Amor de Conuco” de Juan Luís Guerra acompañado por Tomatito y Michael Camilo. No creo que nunca nadie en el futuro baile con ella de esa forma. No lo creo, no. Es una bienvenida que tenía reservada a la niña, un recibimiento preparado con cuidado. Sus hermanos escucharon un par de poemas. Ella ha bailado con su padre como no volverá a hacerlo hasta que se encuentre con el hombre de su vida o algo así. Aunque será otro baile, otro amor. Cosas bien distintas.
El cielo se ha dibujado gris. El resto luce otro color. El de un baile muy lento que durará toda una vida. Bienvenida Gimena.

jul 16 2006

Primer día de campamento

Gonzalo y Guillermo se han ido. Campamento de verano. Felices. Los padres y el joven Guzmán no tanto. El resto del año quejándonos de lo pesados que son y ahora extrañándolos. Ya me lo habían advertido. No hay mejor cosa que escuchar a los padres veteranos en lo que sea. Suelen tener razón. Aunque son quince días. Lo podremos aguantar.
Para ir tirando escucharé un excelente disco de Buddy DeFranco y Oscar Peterson (interpretando la música de George Gershwin), escribiré cuando Guzmán se acueste y me intentaré enterar de cómo se llamará el bebé que viene de camino. Silvia duda, pero menos que ayer. Las últimas noticias son que las chicas tienen el mismo derecho a formar parte del club de la letra g. Tanto como los chicos. Así que la jovencita se llamará Gimena. Un nombre muy bonito.
Siento que la casa está vacía. A pesar de las carreras tristes de Guzmán que va a la alcoba de la hermanos preguntando por los nenes. Y me vienen a la cabeza unos versos de Antonio Martínez Sarrión que seguramente dedicó a su esposa.

“Los demás tienen prisas y negocios
y tratan de llegar pronto a una cita
para que esta demencia continúe.
Yo no te tengo más que a ti.”

Yo los tomo prestados para pensar en ellos. En los dos que tengo disfrutando de sus amigos, en Guzmán que acaba de despedirse porque se va a la cama, en Gimena que, aún sin haber nacido, me hace pensar en cómo demonios seré capaz de hacer trenzas llegado el momento.
Hoy se han hecho algo más mayores. Y yo un poco más viejo.


jun 4 2006

Detalles

Escucho un disco de Stéphane Grappelli Quartet con Oscar Peterson al piano. Un lujo. Jazz que evoca la era New Orleans. Resonancias de Ragtime. El hombre moviéndose al ritmo de la música porque forma parte de su existencia. Una nota es una palabra que explica la vida porque eso, la vida, es música. Nada hay más auténtico.
Un gesto, una mirada, una nota improvisada. Detalles que pueden cambiar la vida de cualquiera.
La realidad evoluciona cuando acumulamos pequeñeces. Lo que se hace grande es la minucia convertida en saber, lo enano que se desarrolla si se convierte en un fogonazo para la conciencia.
Me gusta el abrigo que llevas puesto. Frase común, casi vacía. Quizás un gesto de cortesía o de envidia. Pero eso mismo dicho por alguien que mira los ojos de otra persona se convierte en una historia de amor. Esa mirada hace que el significado de lo dicho sea otro. Te mira, fijamente, acaricia el paño de la prenda, duda un instante antes de hablar, dice que le gusta el abrigo, pero tú sabes que te está diciendo que si le das una oportunidad te querrá para siempre.
Te quiero. Rotundo, sin fisuras. No cabe otro significado que el que hemos fabricado de forma convencional. Sin embargo, el que escucha eso teniendo enfrente a una persona con la mirada huidiza, que procura acabar lo antes posible la conversación, se siente engañada, tiene la certeza de no ser amada.
Las palabras tienen sentido si el gesto acompaña, si el escenario es el adecuado. De otro modo desaparecen sin dejar rastro por increíbles. Y arrastran al que las dice. Hasta el territorio en el que lo falso se tacha por inservible. Donde habita la muerte que llega estando vivos.
Por eso una nota convertida en palabra resuena en la mente, se mueve, se queda dentro de uno por siempre jamás. Es auténtica y nos convierte en seres creíbles. Creíbles para nosotros mismos.