may 17 2012

Globalización

– Papá ¿qué es la globalización?
– Pues que el mundo es un enorme mercado en el que los banqueros se compran unos a otros todo tipo de deudas y regalan a los ciudadanos cacerolas si visitan sus oficinas. Cuando meten la pata hasta el fondo porque se engañan entre ellos sin pudor, ordenan a los políticos que nos suban los impuestos si es que quieren mantener sus cargos y los ingresos necesarios para seguir viviendo de la mentira. Es decir, todos los hombres y mujeres del mundo pagan los desmanes de estos señores. Excepto ellos, claro. Nos dicen, a continuación, que el mundo es muy pequeño gracias a la información y a los adelantos técnicos y que todos somos la misma cosa. Sólo lo notamos en que pagamos más y cobramos menos. Pero nos pone muy contentos pensar que los árabes, los peruanos y los congoleños se unen para siempre. De todos modos, no termino de creer lo que dicen. ¿Tienes algo que ver con los coreanos? Yo tampoco. Para mí que nos están tomando el pelo aunque la globalización nos convierte en casi clones de todo lo que se mueve.
– Ya. ¿Qué pongo en el trabajo de sociales?
– Que es una maravilla, que en esta casa somos los más globales del universo, que adoramos la globalización. Tienes que aprobar, hijo.
– Pero eso es mentira. Tú me has dicho que no se puede mentir.
– Lo ves. Ya lo has entendido perfectamente. Eso es la globalización. Lo que vas a hacer con tu trabajo. Tendrás una nota estupenda.


sep 12 2011

La exactitud del olvido

Los sonidos terminan reposando con desorden. Un televisor, un niño que llora, la gota que cae del grifo. Sumo el de la pluma rápida sobre el papel. Intento recordar lo que quería expresar. Con exactitud. No sirve algo parecido. Nunca es útil.

El vagón está repleto. Tela contra tela. El olor a trabajo, a bienestar fingido de viaje hacia la ciudad dormitorio. Las miradas fijas en los recibos sin pagar, en la infidelidad de ayer, en una habitación de hospital que ocupa alguien cercano, en la copa que necesitan porque ya no pueden soportarlo ni un minuto más. El bebé duerme tranquilo mientras su madre trata de acomodar la espalda. Y, como un trozo de metralla que atraviesa la sien, llega esa frase perfecta que no puedo apuntar. La repito. Una y otra vez. Alguien me pregunta si me apearé en la siguiente estación. El hombre que se sentaba sobre la maleta hace un momento me pide paso al mismo tiempo. Intento repetir lo que ya es olvido. Cuando se cierran las puertas comienzo el trabajo de reconstrucción. Falta algo. Tal vez un artículo, una letra. Quizás el orden exacto era otro.

Y ahora sumo el sonido de mi pluma al silencio de una idea que escapó. Porque si no es exacta se hace otra. Tan perfecta como el llanto del niño que sigue pidiendo atención.