ago 24 2011

Perdón

Perdonar y poner condiciones al mismo tiempo es pedir una rendición al otro. Condenarle a sentirse derrotado por siempre jamás.
Si el daño es grande, si roza o agrede lo más sagrado e íntimo del individuo, el perdón se transforma en un camino inseguro lleno de meandros que no dejan ver con claridad el final a nadie. Un eterno conflicto. Y, si hay condiciones que obligan a un cambio con el que se paga ese perdón, es la intimidad del otro la que se ve afectada. El sendero se llena de encrucijadas, de trampas ocultas para cada parte. El perdón se convierte en dolor, en un bucle que arrastra cualquier posibilidad de paz.
Perdonar debe teñirse de olvido. Perdonar exige que la importancia resida en el futuro, en la negación de una batalla ganada o de la guerra perdida. De otro modo, lo mejor es retirarse. Un perdón mentiroso lo que provoca es más daño, otro cadáver. El que no sabe perdonar está tan muerto como el que dañó y no es perdonado.


ago 17 2011

Superofertón espiritual

Estamos de fiesta. Y toda fiesta ha de ser motivo de alegría para los asistentes. La Jornada Mundial de la Juventud, esa que dura un siglo y que tanto juego está dando, parece que lo es. Por ello, Monseñor Rouco Varela ha decretado la amnistía absoluta para las mujeres que abortaron. Eso sí, sólo entre el 15 y el 21 de agosto (ya pueden darse prisa o tendrán que esperar a que se organice otro fiestón y si la palman entre una y otra la cosa se puede poner horrible para usted). Lo único que hay que hacer es confesarse, arrepentirse, cumplir con una penitencia adecuada y listo. Corran, corran sin parar hasta el parque del Retiro. Allí hay instalados un huevo de confesionarios y podrán pasar de ser excomulgadas por asesinas a ser piadosas. El precio dependerá del cura que le toque. Una donación, un viaje a Fátima, una oración o ir a misa el resto de su vida. Qué maravillosa noticia.
Efectivamente, la mujer católica como cualquier otra, puede verse en una situación extrema en la que se vea obligada a abortar. Cualquier mujer que aborta se ve obligada a ello. El motivo puede ser cualquiera y eso forma parte de la intimidad de las personas. Si alguien cree que una mujer aborta del mismo modo que compraría una barra de pan es que no sabe ni lo que dice. Ya lo he dicho algunas veces: todos estamos en contra del aborto. Todos sin excepción. ¿Podría alguien estar a favor? Podrá querer regularlo, que ocurra el menor número de veces que sea posible o cosas razonables de ese tipo. A ver si se enteran estos meapilas que andan debatiendo este asunto cuando no lo hay.
Me pregunto si los sacerdotes que anulen esa excomunión pensarán que el problema ha desaparecido. Me pregunto si entienden que el drama que han sufrido esas mujeres tiene que ver muy poco con un asesinato o un pecado cualquiera, que tiene que ver muy poco con las cosas de Dios. Algunos sacerdotes han declarado que la penitencia que más les pone (a ellos) es ordenar (sugerir dicen ellos cuando por otro lado amenazan con el infierno) a las mujeres que tengan hijos. ¿Están de coña? O sea, que si abortas, te confiesas y tienes un crío dejas de ser una asesina excomulgada. De verdad que suena a chiste. Unos días hablan del castigo eterno y otros de la bondad divina si se reúnen muchos chavales con sombrerito. ¿No será que así esperan más clientes en sus confesionarios? Señores sacerdotes, católicos y eso; les comunico que la mujer que aborta es una mujer que vive un drama traumático y terrible. Ni asesina, ni nada de nada.
Me produce un bochorno absoluto todo esto. Y me produce una inquietud inmensa que todos los que andan celebrando en Madrid este fiestón no tengan conciencia del disparate que se está viviendo, ni mala (conciencia) por estar perdiendo el tiempo mientras el mundo se viene abajo. Es lamentable. ¿Ven como lo del dinero gastado es lo de menos? Lo importante es la cantidad de vidas que esta gente arruina con sus gilipolleces. Eso si que ha costado caro a la humanidad desde hace más de dos mil años.


ago 18 2010

Lógica de escape (IV)

– ¿Recuerdas el día que nos conocimos? Estabas preciosa. Nunca olvidaré tu sonrisa. Sí, estaba preciosa. Tú también lo estabas. Nunca olvidaré lo elegante que fuiste conmigo.
– ¿Quieres dejar de mirar fotos? Estas todo el día perdiendo el tiempo. Hay que pasear a Júpiter.
– Vale, vale. Por cierto, ¿recuerdas el día que nos conocimos? Estabas preciosa.
– Sí, estaba preciosa, eso seguro. Lo que no recuerdo es ese día al que te refieres. Ha pasado mucho tiempo.
– Júpiter, vamos a la calle.