may 25 2011

Lo que toca

Hay que ser muy imbécil para afear la conducta a alguien que se muestra entusiasta con la literatura de alguien. Cada uno puede leer lo que le dé la gana. Otro problema es qué sacará en claro de ello. Pero el colmo de la idiotez se produce cuando el que se pone enfrente de un lector lo hace para que le lean a él. Un autor que necesita levantar la voz para que le echen un vistazo a sus textos, diciendo que lo de otro es un tostón, está acabado.
Los buenos textos gustan y son leídos, antes o después. Los malos no. Esos lo leen cuatro y se olvidan a los cinco minutos. Puedes llorar o patalear, pero eso no lo cambia nadie.
Hace años, cuando comenzaba a moverme en este mundo de la escritura, no comprendía algunas cosas. Los celos, las envidias, las zancadillas, a los autores que teniendo lo suyo intentaban que los nuevos no fuéramos capaces de asomar la cabeza, los comentarios insultantes en foros y blogs. Con el tiempo todo ha ido tomando forma. Era tan sencillo como mirar con atención lo que sucedía (el que está metido en el centro del huracán es incapaz de hacerlo con claridad). El miedo. Esa era la causa de casi todo. El miedo a no ser visto. El que se siente solo y escribe lo hace para abrir una puerta al que quiera para que pueda entrar y hacer compañía. Es curioso que con las redes sociales eso se ha convertido en algo físico. Es decir, el bobo que llama la atención (lo intenta) a través de lo que escribe, quiere beneficiarse a las chicas guapas que sonríen detrás de una pantalla. Con rapidez descubren que el tipo es medio gilipolllas, pero se producen situaciones propias de una mala opereta que el solitario convierte en una gran maniobra (eso cree) y la convierte en forma de vida.
Los textos pueden ser malos, buenos o regulares. Y cualquier lector puede considerarlos como le salga de las narices. Un buen texto puede convertirlo en un paquete si es deseo. Una castaña puede parecerle lo más de lo más si le hace feliz. Pero un escritor no debería nunca hablar mal de otros para parecer lo que no es. Tal vez si está en juego ligar con la chica más guapa del barrio podría hacer la vista gorda con semejante estupidez. Pero tampoco. Me imagino al tipo haciendo el ridículo más espantoso y pienso que es una pérdida de tiempo.
Lo que toca es escribir. Y no hacer el majadero de esta forma. Y lo de ligar que lo resuelva el interesado con una carta de amor. No deja de ser una prueba de fuego para su escritura.


ene 28 2011

Mientras agonizo

Un genio de la literatura. William Faulkner.

Una maestra de la literatura. Mientras agonizo.

A través del monólogo interior de cada uno de sus personajes, Faulkner nos cuenta la historia de una familia que quiere enterrar a su madre. Lo quiere hacer en la ciudad. Cada uno de estos personajes tiene una motivación concreta para hacer el trayecto desde el campo a la ciudad. Y ninguna de esas motivaciones tienen que ver con el entierro. Fantástica novela aunque de lectura dura. Sólo después de “aprender” cómo se lee a Faulkner se puede sacar el jugo que guarda la narración.

Dos momentos son fundamentales en la novela. Atención cuando lleguen al momento en que se incendia un granero. Entenderán mucho mejor lo que está pasando porque aparecerá con claridad el personaje en el que recae la tensión narrativa. Y atención con la historia personal de la hermana de la familia. Lo que le sucede en la botica de la ciudad es una de las escenas más tragicómicas de la literatura de todos los tiempos.

Calificación: Obra maestra.

Tipo de Lector:  Experimentados y con ganas de ir más allá.

Tipo de lectura: Complicada.

Engancha si se sabe leer a este autor.

No sobra ni una sola palabra.

Argumento: Colosal.

Personajes: Perfectamente dibujados y con perfiles interesantísimos.

¿Dónde puede leerse?: En casa y tranquilo.


Richard GallianoWaltz for Debbie