jun 30 2011

Que no nos quiten más

Debemos tener mucho cuidado con el lenguaje. Siempre nos quitan todo, sin que nos enteremos, por ese lado. Medios de comunicación, políticos o sacerdotes. Siempre es lo mismo.
Pienso en cosas que se han dicho en los últimos días sobre el movimiento social 15 M. Suele ocurrir que los que tienen el poder en sus manos y temen perderlo siempre se hacen la misma pregunta: ¿Qué o quién estará detrás de todo esto? Parece una frase normal y corriente. Incluso puede parecer una pregunta lógica cuando lo que se observa toma, de la noche a la mañana, una dimensión enorme y sobrepasa cualquier expectativa. Sin embargo, es una forma de decir que nuestros jóvenes son incapaces de hacer nada por sí mismos, que son personas incapaces de pensar, organizarse o luchar por sus derechos. Repetido una y otra vez, este tipo de cosas va minando la forma de ver de muchos. Si a esto le añadimos que las imágenes que acompañan esta afirmación corresponde a unos jovencitos mal vestidos y con más pinta de indigente que de cualquier otra cosa, el efecto es demoledor.
El movimiento 15M triunfará cuando los medios de comunicación dediquen sus espacios a ser objetivos, cuando los políticos decidan no envolver este movimiento con su lenguaje vacío y pomposo, cuando los sacerdotes no ataquen por el lado de los vacíos espirituales. Digo que triunfará refiriéndome al calado en los estratos sociales que sólo ven jóvenes mal vestidos, parados que no tienen cosas mejor que hacer y cosas así. Cuando pensemos en lo que nos dicen y no nos dejemos engañar. Me refiero al triunfo total.
No se trata de salvar almas, ni de integrar esto en el sistema para que puedan hablar en un parlamento. No hay nada detrás de esta gente que quiere dibujar un futuro, que quiere demostrar al mundo entero que estamos dirigidos por una clase política corrupta e ignorante que sólo piensa en sí misma. Aquí no se trata de lo que hay detrás (no hay nada) sino de todo lo que hay por delante.
A la pregunta ¿Qué o quién estará detrás de todo esto?, la respuesta ha de ser nosotros somos capaces de movilizar a toda la sociedad.
No dejemos que nos contaminen convirtiendo en dudas las pocas certezas que tenemos. El mundo es un desastre, la riqueza está mal distribuida y la injusticia es terrible, las guerras son dependiendo de los intereses económicos de unos y otros, los políticos que nos gobiernan hace muchos años son unos mediocres que desean ser ricos y poco más. La verdad es lo que es.
Armemos un discurso propio cada uno de nosotros. Podrá coincidir o no con lo que defienden unos u otros, pero será el nuestro. Sólo así podremos mover el mundo al ritmo que merece el ser humano. No consintamos lo que no queremos que sea o pase. Difundamos ideas propias o ajenas a través de la cruz que les toca arrastrar a los que, hasta hace muy poco, dominaban la comunicación. Tenemos internet, tenemos la capacidad de llegar a la gente, de ilusionar y de conseguir ese mundo que nos queda tan lejos, pero que existe.
Nos quitan todo desde el lenguaje. Ahora, podemos recuperarlo. Y sólo depende de nosotros. Con paciencia. Esto acaba de empezar.


jun 20 2011

El hombre oculto

Hubo un tiempo en que mi padre era la persona que me diría la palabra exacta. Hubo un tiempo en el que todo iría bien porque mi padre estaba merodeando constantemente allá donde estuviera. Hubo un tiempo en el que mi padre era un superhéroe, un hombre perfecto, infalible, duro de pelar y dispuesto a cualquier cosa por improbable que fuese.
Pero también lo hubo en el que todo se venía abajo por momentos. Se distanciaba, no entendía nada de lo que yo hacía, vestía con ropa anticuada, aparentaba cierta debilidad ante cosas inexplicables. Yo me hacía mayor; él era, de pronto, viejo.
Era un hombre condenado a no errar ni un milímetro en cada movimiento. Era un hombre que, ahora sé, esclavizaba a otro sin que nadie lo supiera para parecer lo que estaba obligado a ser. Un hombre dentro de otro hombre. Seguramente terminaría confundiendo uno y otro. Nunca se lo pregunté. Tuve que casarme y tener hijos para entender todo aquello. El proceso fue largo. Aún hoy me explico algunas cosas que antes era incapaz de analizar con un mínimo de sensatez.
Tal y como le pasó a él (mis hijos se diferencian en edad casi exactamente lo que yo con mis hermanos), vivo entre adolescentes y niños chicos. Para unos seré casi un héroe, para otros un auténtico gilipollas que no es capaz de entender de la misa la media aunque vaya de moderno. Y empiezo a preguntarme sobre el hombre que esclavizo, sobre esa figura reprimida que aguarda el día en que todo se diluya para poder salir sin complejos. ¿Acaso no tengo derecho a mostrar debilidades? ¿Es que nadie va a comprender que la carga de los hijos es pesada y un padre tiene derecho a flojear? Siempre que pienso sobre este asunto recuerdo un relato de Juan Rulfo titulado No oyes ladras a los perros. La primera vez que lo leí yo no era padre. Vi con claridad la imagen de ese padre cargando con su hijo sobre los hombros, pero no entendí bien lo que se me estaba contando. Hoy sí. Y también entiendo esa vanidad estúpida que todos los padres gastamos cuando queremos dejar huella en nuestros hijos. Preferimos morir como héroes. Aunque para ello tengamos que esclavizar a un hombre al que sólo conocemos nosotros mismos. Pero también entiendo esa vanidad estúpida que gastan los hijos cuando creen superar al que fue el líder del clan.
¿Qué hombre tengo escondido? ¿Cuál fue la renuncia? ¿Y usted?



ene 31 2011

Antología del cuento norteamericano

Richard Ford fue el encargado de seleccionar los cuentos que incluye este volumen editado por Galaxia Gutenberg. Antología del cuento norteamericano recoge lo mejor de ese género desde finales del siglo XIX hasta finales del XX. Raymond Chandler, Henry James, John Updike, Tobias Wolff o Lorrie Moore son algunos de los autores que aparecen en un índice que impone por su importancia.

Es un libro al que conviene arrimarse. Se trata de una magnífica selección que permite al lector comprobar la evolución de este género a lo largo del tiempo, cómo las voces van modificando su presencia en la literatura norteamericana (y en la mundial al mismo tiempo, claro), cómo los personajes se perfilan desde registros que en su momento fueron novedosos o son los utilizados en la actualidad. Es muy curioso cómo se aprecia la incorporación de las nuevas técnicas de un relato a otro, del enfoque de los temas, e, incluso, la repetición de alguna trama ya conocida dentro de otra perspectiva que la convierte en novedosa.

Un libro necesario para conocer un género que, a pesar de la importancia que siempre tuvo, nunca ocupó el lugar que corresponde en las mesas de novedades o en las listas de ventas.

No se pierdan los cuentos de Ernest Hemingway, Grace Paley, Tim O’Brien y Kate Chopin. Son, sencillamente, magníficos. Y decir eso, teniendo como rivales al resto que forma el conjunto de la selección, es mucho decir.

Calificación: Imprescindible.
Tipo de lector: De 15 años en adelante sin excepción.
Tipo de lectura: Fascinante.
Engancha desde el principio (cada relato).
No sobra ni una página incluyendo el prólogo. Se echan de menos más relatos.
¿Dónde puede leerse?: En cualquier lugar. En un campo de fútbol podría intentarse, pero será difícil.


rod stewartwhat a wonderful world


ene 12 2011

Nuevos tiempos

– ¿Un cigarrillo?

– No, no. Estoy con la condicional. Prefiero no arriesgar.


ene 10 2011

Viaje en el tiempo

Después de cuarenta y cinco años, siete meses y veinte días de viaje (eso dice el informe que se imprime en papel térmico), G. despierta. Ve, a través de la puerta de su cápsula, cómo otros hombres y mujeres se saludan entre ellos, cómo se miran en los espejos del fondo de la cabina. Algunos se estiran, otros mueven el cuello haciendo círculos, no faltan los que encienden un cigarro antes de hacer cualquier otra cosa. Empuja la puerta y se levanta con torpeza. Decide que la opción de los espejos es la mejor de todas. Se ha quedado calvo del todo, las arrugas se marcan con fuerza, una barba desigual cuelga con poca gracia. Menuda mierda de máquina, piensa. Alguien le prometió que el viaje sería como una casilla en blanco de su vida, estaría en perfecto estado de hibernación y sería como si el tiempo no hubiera pasado. Qué cabrones, dice en voz alta. Sus compañeros le miran extrañados aunque nadie contesta. Escucha por el altavoz que todo el personal debe dirigirse al comedor. Se sienta en una mesa en la que no hay nadie. En la bandeja una plasta amarillenta, un vaso de agua y diez o doce pastillas. Todos hablan entre ellos. G., acércate hombre, que nadie te va a morder. No contesta. Decide probar el potingue amarillo. No está mal. Se come las pastillas sin preguntarse para qué sirven. Tampoco están mal. Espera. Y es en ese momento (exactamente en ese instante) cuando se pregunta qué coño hace allí. Nunca subió a ninguna nave, nunca le dijeron nada de una cabina en la que hibernaría, nunca nada de lo que estaba pasando. Y en ese momento (exactamente en ese momento) se hace consciente de algo horrible. No sabe de qué, pero es algo horrible. Eso seguro. Mira a la derecha (el espejo es grande y amplia ligeramente la imagen). Su reflejo le parece extraño. Se reconoce aunque uno de sus gestos no le es familiar. Tal vez sea nuevo puesto que nunca antes se había encontrado en una situación como esa. Pero sólo tal vez. Una primera gota de sudor cae por la sien derecha. Le sigue otra. Y otra. Aunque da igual lo que pase. Sencillamente, no hay pasado, no hay nada salvo sensaciones de alguien extraño. Ajeno.


ene 9 2011

23:28 ó el descubrimiento de uno mismo

Acabo de descubrir que la felicidad consiste en sentarme, pensar en mí mismo y cerrar los ojos para poder imaginar lo que siempre quise llegar a ser. Dicho de otro modo, imaginar lo que soy. Y una copa sobre la mesa.
Salud, queridos.


ene 8 2011

El todo del yo

Todos hemos recorrido caminos extraños, vivido mundos remotos y amado lo desconocido para que puedan ver lo que somos. Ni podemos renunciar a nuestros pasados, ni podemos explicarlos, ni debemos distorsionarlos convirtiéndolos en lo que nos hizo sufrir cuando, en realidad, nos hizo felices.
Un día descubrimos a otro, nos parece que recuperamos un tiempo que ya pasó al estar a su lado. Comienza una nueva vida. Tratamos de ocultar lo que fuimos pensando que es un problema. No confesamos amores antiguos para evitar que las aristas del nuevo sean una dificultad. Renunciamos a parte de nuestro yo sin pararnos a pensar que lo que le ha gustado al otro es una extraña mezcla que no puede disolverse por más que queramos.
Y llega el día de las preguntas. Nada encaja. El otro no termina de comprender porque le faltan lugares a los que agarrarse para que todo sea como fue soñado. Hemos ocultado lo que, irremediablemente, está a nuestra derecha. Lo ve. Hemos eliminado eso que da sentido a lo otro. Nada encaja y todo se desmorona con un pequeño movimiento.
Los caminos que recorrimos nos hicieron, los mundos remotos quedaron llenos de edificios que sirven de cimiento para el de hoy, los antiguos amores nos hicieron aprender a querer de un modo exquisito. Sin ello nada puede funcionar. Somos lo que recogimos, lo que dejamos atrás, lo que ya no podremos amar, un deseo que se perdió entre las sábanas y procura el miedo ahora. Somos eso que tanto nos hace sufrir al pensar en cómo llego a ser, pero que a otros les encandila y quieren conocer.


oct 18 2010

Pacto de no agresión

Hace algo más de diez años, firmé un pacto de no agresión con la vida. Ella ha cumplido con su parte. Sigo vivo y no puedo quejarme de cómo me ha ido. Sin embargo, yo he cumplido más peor que mejor con lo que me toca. Habíamos quedado en que seguiría vivo, con la condición de mirar las cosas con perspectiva suficiente como para asumirlas sin grandes aspavientos, pensando que lo que pasa no es lo más mejor ni lo peor de lo peor. Todo tiene aristas en las que reposar la mirada, todo tiene aristas en las que el panorama es uno y no otro.
Recuerdo a mi padre, desolado, preguntando si había algo peor que perder un hijo. Su nuera le dijo que sí, que perder dos. Así de sencillo, así de horrible. Desde una arista la cosa se pone más amable. Pero mi padre siguió instalado allí, sin moverse un milímetro. Agrediendo la poca vida que le quedaba sin saberlo. Gran error.
Miro. Valoro. Desde aquí. Ahora toca desde allí. Pacto de no agresión.
Malas noticias, buenas noticias. La misma cosa reflejada en el marco de mercurio. Nada es definitivo. Prometo recordarlo siempre.


oct 14 2010

Odio (2)

– No, no tienes razón. Soy mucho más normal de lo que dices. Nada del otro mundo. Que Dios te bendiga. Y tú pon de tu parte y no hagas locuras.
El muchacho se levanta. Sale de la habitación y, al llegar a la puerta principal, no puede aguantar. Aprieta los dientes y golpea con el puño cerrado la pared. Piensa en tirar fuerte de las mangas de la camisa hasta arrancarlas, en hacer un destrozo con las figuras que adornan el mueble del recibidor. Levanta los brazos a la altura del pecho, con las palmas de las manos hacia delante. Expira con fuerza. Una, dos veces. Toma aire. Abre y cierra con suavidad. Baja las escaleras con lentitud. Es la primera vez que comprende lo que significa la modestia, la trampa que representa. Terrible y certera. Sobre todo cuando se finge para humillar.
En la habitación, el padre abre su libro. En el margen la página que va a leer anota. Los jóvenes ven grandeza donde sólo hay cansancio incapaces de acariciarla sobre sus hombros.


oct 13 2010

I Premio Literario “Renacer en un verso”

En la pestaña que dice “Premio Literario” (zona superior de esta página) o pulsando AQUI podéis encontrar las bases del premio que se convoca desde este blog y en colaboración de la empresa Comercial Canaria del Disco. Espero que sea de vuestro agrado y, por supuesto, vuestra participación.