El todo del yo
Todos hemos recorrido caminos extraños, vivido mundos remotos y amado lo desconocido para que puedan ver lo que somos. Ni podemos renunciar a nuestros pasados, ni podemos explicarlos, ni debemos distorsionarlos convirtiéndolos en lo que nos hizo sufrir cuando, en realidad, nos hizo felices.
Un día descubrimos a otro, nos parece que recuperamos un tiempo que ya pasó al estar a su lado. Comienza una nueva vida. Tratamos de ocultar lo que fuimos pensando que es un problema. No confesamos amores antiguos para evitar que las aristas del nuevo sean una dificultad. Renunciamos a parte de nuestro yo sin pararnos a pensar que lo que le ha gustado al otro es una extraña mezcla que no puede disolverse por más que queramos.
Y llega el día de las preguntas. Nada encaja. El otro no termina de comprender porque le faltan lugares a los que agarrarse para que todo sea como fue soñado. Hemos ocultado lo que, irremediablemente, está a nuestra derecha. Lo ve. Hemos eliminado eso que da sentido a lo otro. Nada encaja y todo se desmorona con un pequeño movimiento.
Los caminos que recorrimos nos hicieron, los mundos remotos quedaron llenos de edificios que sirven de cimiento para el de hoy, los antiguos amores nos hicieron aprender a querer de un modo exquisito. Sin ello nada puede funcionar. Somos lo que recogimos, lo que dejamos atrás, lo que ya no podremos amar, un deseo que se perdió entre las sábanas y procura el miedo ahora. Somos eso que tanto nos hace sufrir al pensar en cómo llego a ser, pero que a otros les encandila y quieren conocer.
Pacto de no agresión
Hace algo más de diez años, firmé un pacto de no agresión con la vida. Ella ha cumplido con su parte. Sigo vivo y no puedo quejarme de cómo me ha ido. Sin embargo, yo he cumplido más peor que mejor con lo que me toca. Habíamos quedado en que seguiría vivo, con la condición de mirar las cosas con perspectiva suficiente como para asumirlas sin grandes aspavientos, pensando que lo que pasa no es lo más mejor ni lo peor de lo peor. Todo tiene aristas en las que reposar la mirada, todo tiene aristas en las que el panorama es uno y no otro.
Recuerdo a mi padre, desolado, preguntando si había algo peor que perder un hijo. Su nuera le dijo que sí, que perder dos. Así de sencillo, así de horrible. Desde una arista la cosa se pone más amable. Pero mi padre siguió instalado allí, sin moverse un milímetro. Agrediendo la poca vida que le quedaba sin saberlo. Gran error.
Miro. Valoro. Desde aquí. Ahora toca desde allí. Pacto de no agresión.
Malas noticias, buenas noticias. La misma cosa reflejada en el marco de mercurio. Nada es definitivo. Prometo recordarlo siempre.
Odio (2)
- No, no tienes razón. Soy mucho más normal de lo que dices. Nada del otro mundo. Que Dios te bendiga. Y tú pon de tu parte y no hagas locuras.
El muchacho se levanta. Sale de la habitación y, al llegar a la puerta principal, no puede aguantar. Aprieta los dientes y golpea con el puño cerrado la pared. Piensa en tirar fuerte de las mangas de la camisa hasta arrancarlas, en hacer un destrozo con las figuras que adornan el mueble del recibidor. Levanta los brazos a la altura del pecho, con las palmas de las manos hacia delante. Expira con fuerza. Una, dos veces. Toma aire. Abre y cierra con suavidad. Baja las escaleras con lentitud. Es la primera vez que comprende lo que significa la modestia, la trampa que representa. Terrible y certera. Sobre todo cuando se finge para humillar.
En la habitación, el padre abre su libro. En el margen la página que va a leer anota. Los jóvenes ven grandeza donde sólo hay cansancio incapaces de acariciarla sobre sus hombros.
I Premio Literario “Renacer en un verso”
En la pestaña que dice “Premio Literario” (zona superior de esta página) o pulsando AQUI podéis encontrar las bases del premio que se convoca desde este blog y en colaboración de la empresa Comercial Canaria del Disco. Espero que sea de vuestro agrado y, por supuesto, vuestra participación.




