dic 24 2012

Con G de Grinch: Definición de navidad

La navidad es ese tiempo en el que las personas deciden ser algo mejores. Más humanos, mejores padres, más íntegros. Y para ello reparten juguetes usados (rotos casi siempre) entre los niños pobres, dan unos céntimos a los pobres que se hielan de frío en las aceras, miran a sus parejas con cara de anormal para que el otro piense en lo mucho que le quiere e, incluso, pueden llegar a faltar en el trabajo una tarde para llevar a los hijos al cine. Un tiempo maravilloso en el que los espacios se hacen eternos. Los pobres se sienten peor porque se quedan en la puta calle pasando frío; los niños que reciben esa cochambre de juguetes juran que algún día tendrán uno como el del pijo de mierda que acaba de pasar (aunque tenga que robarlo); la pareja se deprime pensando que la navidad sólo sirve para recibir un regalo o un beso amorfo porque lo que quiere (al otro) está a un millón de años luz; y los hijos (los pijos de mierda que dan juguetes a los pobres niños pobres) se escandalizan al comprobar que su padre se duerme en el cine y que luego no sabe jugar a nada). Qué bonita es la navidad.



dic 5 2010

Cada segundo que pasa

Cuatro años es mucho tiempo. Puede pasar cualquier cosa durante ese tiempo. El mundo se tiñe de un color u otro, de todos; gente nueva y gente muerta; eras tal y terminas siendo cual; tal vez, cuando acaba el tiempo, ni siquiera estás en este mundo. Cuatro años son miles de vueltas de las agujas de un reloj.
Pero cuatro años es, también, un montoncillo de poca cosa. El recuerdo perezoso reduce tanto tiempo a un par de detalles que, seguramente, no fueron los más importantes. A eso y a lo que sucedió ayer. Lo que fue se va desdibujando descargado de perfección. Sólo si quieres estirar los extremos, esos cuatro años se convertirán en un tiempo pasado. Si no es así, quedan reducidos a un instante en el que no cabe casi nada.
Cuatro años pueden ser la vida entera. O un par de fotografías. O una esquela guardada entre las páginas de su libro preferido. O el olvido más absoluto. Cuatro años.
Hoy, cuatro años son una señorita que ha crecido, que me hace sentir mucho mayor. Porque los hijos se convierten en relojes vitales, en maquinarias perfectas que no dejan de recordar el paso del tiempo que resta. Hoy, cuatro años se reducen a una melena negra y lisa; a un flequillo y un par de ojos negros, enormes; a la coquetería descontrolada con su padre, a un te quiero mucho inesperado, necesario. Cuatro años que se diluyen entre sonrisas auténticas.
Nada cuenta salvo cada segundo que Gimena suma.
Felicidades, señorita. Ojalá la fortuna te acompañe por siempre jamás.


abr 4 2010

De la importancia del escribir

Extracto de la entrevista al escritor indio Ranjiv Ojayit, publicada en el diario “The Observer” de su país.
Periodista: ¿Qué ha supuesto para usted la escritura?
Ranjiv Ojayit: Poca cosa. No he ganado mucho dinero, no me ha proporcionado gran fama ni he logrado nada del otro mundo con ella.
Periodista: Pero ¿escribir es eso, ganar dinero o fama?
Ranjiv Ojayit: No, en absoluto. Lo que quiero decir es que esas cosas que usted puede leer en mis novelas ya las tenía en la cabeza antes de escribir. Eso es mi pensamiento, mi mundo. Ya lo tenía. La literatura me lo había dado mucho antes leyendo a otros y pensando sobre ello. Pero, como a todos los escritores les pasa, me perdió la vanidad. Por eso publiqué, por eso publicamos. Queremos ser dioses. Y, al publicar, descubrimos que es una idiotez.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano